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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006.
Es curioso ver los ataques de histeria que provoca la inmigración masiva en la península. Desde los que simplemente les molesta tener pobres por la calle, hasta aquellos que quieren ver en este desembarco de negros la re·reconquista, son legión los que andan escocidos por ver a tanto senegalés deambulando sin rumbo por los pueblos del país. Claro, es lo que tiene el vivir bien, lo que sería la cultura del microondas. Porque mire usted, que aquí en Catalunya lo tenemos muy claro: independencia sí, pero nunca, Jamás, a costa del microondas. Ese aparatito mágico, que junto a la cafetera, el lavaplatos, la tele de plasma y el monovolúmen en la puerta caracteriza mejor que cualquier otra cosa a nuestra sociedad actual: pasada la época del hambre, el microondas es la opulencia, el regodeo en nuestra superioridad que, si no nos permite poseer esclavos en la hacienda, sí nos libra de molestos quehaceres diarios como calentar la leche o lavar la ropa a mano. Porque ésto es lo que está en peligro con la llegada de nuestros amiguetes de piel negra: no el alimento, no la seguridad social ni una vivienda de cuya escasez otros tienen la culpa. No queremos que vengan los negros porque, si comenzamos a repartir, nos vamos a quedar sin microondas, y el fregaplatos será ya símbol de lujo asiático, privativo de futbolistas y altos ejecutivos. (... continúa) Aunque ya han pasado unos días de los hechos, no me quito las ganas de escribir algo sobre el tema. Porque la cosa fue y es importante, no sólo por razones electorales, sino muy especialmente por motivos personales. No recuerdo la última vez que me sentí orgulloso de ser de Martorell (o Martoré, como prefieran). Ni la construcción de la autovía, ni la destrucción de viviendas por las obras del AVE. Ni siquiera las victorias del fútbol sala conseguían darme frío ni calor. Pero el miércoles pasado la cosa cambió. Siguiendo con los desquites, hoy toca hablar del ínclito Xavier Sala i Martí. Lo malo de tratar las cosas a toro pasado es que tienes la sensación de que repites lo ya dicho, pero como es mi blog, pues tiro p'alante. Porque cosas así no pasan todos los días. No recuerdo ninguna otra entrevista publicada que acabase con un "quiero una copia de la cinta", que es un comentario más bien feo, y que debería de hacer reflexionar no sólo al entrevistador, sino al diario que lo ha publicado. Un servidor se enorgullece de haber tenido buenos profesores de redacción, y aunque conmigo la cosa no cuajó, sí recuerdo con claridad la norma de quitar los andamiajes: una vez concluyas un texto, repásalo y elimina todo aquello que te ha servido de apoyo pero que resulta feo de dejar, igual que los andamios se retiran de la obra completada, para que quede limpia y coquetona. Claro, pedir una copia de la entrevista, más que un andamio es una grúa de gran tonelaje, y por muy economista que seas, eso es una cagada por todo lo alto. ´ Dirán los más listos de la clase que el comentario se dejó para evidenciar lo fascineroso del personaje, sus pocos escrúpulos y el poco respeto hacia el entrevistador y -por alguna asociación que se me escapa- hacia los lectores. Pero claro, por la misma regla de tres, deberíamos tratar de miserables hasta el último de los políticos porque, desde que el método de campaña electoral norteamericana se importó, el control que los gabinetes de comunicación de los partidos ejercen sobre la prensa supera en muchos enteros el presunto mal gu Una de las razones que tiene cierta gente para afiliarse a un partido pequeño es la esperanza de formar parte de la “vieja guardia” en el día de la victoria, con todas las ventajas y descuentos que este cargo ofrece. Ser uno de los primeros, como aquellos que seguían a José Antonio durante la República, convierte al interesado en un venerable anciano de la noche a la mañana. Él, repudiado por todos, lo vio el primero, le apoyó cuando nadie lo hacía y ahora logra situarse en el lugar que se merce: grande entre los grandes, oh señor, guíanos entre las penumbras. Es una de las múltiples ventajas de los partidos pequeños, que por su propia condición, no se ven en la obligación de llevar a la práctica su programa –si es que tienen. Basta con lanzar unas cuantas pullas, cuanto más generales mejor, vinculadas a algún principio sacrosanto e innegociable que les caracteriza respecto a los demás. Algo parecido a esos primeros cristianos católicos que optaron por el celibato para diferenciarse de las otras agrupaciones cristianas, desde los primeros arrianos a los últimos cátaros. Suele ocurrir además que esta característica no va intrínsecamente vinculada a los principios del grupo, sino que es escogida por su sencillez en las formas y fácil visibilidad, por encima de otros dogmas que irían más ligados a los principios defendidos, pero que sería más difícil Poco tiempo y menos ideas, momento ideal para poner este enlace que vi el otro día. Me reí mucho, disfruten: http://marianosuperstar.blogspot.com/2006/10/teora-del-infierno.html |