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Sesión Digital

La mente nublada

Finalmente han bajado las temperaturas hasta el nivel que correspondía a la época del año. Hoy el edredón me cubría con un calor maternal, uterino, del que me ha costado sangre y sudor separarme. Es uno de esos días que -estoy convencido de ello- si enviaran a los trabajadores a casa se ahorrarían miles de bajas por depresión y otras mandangas. Porque nada hay más depresivo que tener que trabajar en un día así, pero en pleno siglo XXI aún no se han dado cuenta y siguen pagando como borregos las bajas por depresión, los psiquiatras a 60 euros la hora y las pastillitas de prozac, váliums y demases drogas que, al contrario que las otras, se venden en farmacias y son financiadas por el seguro (aunque tienen la misma finalidad que las ilegales, abstraer al sujeto de su realidad). Y en esas estoy, como todo hijo de vecino, superando las penas a base de nicotina y colegas, que es la medicina de los pobres ignorantes que no han pisado nunca la consulta de un psicólogo.

Todo esto me ha venido la cabeza al leer un libro esta mañana. Bajo el título "El psicópata", esta obra de Vicente Garrido expone las principales características de estos sujetos. En una de sus páginas muestra un test para descubrir psicopatías en los individuos, una ronda de "60 expresiones metafóricas, 30 de contenido emocional negativo y 30 de contenido positivo". Los sujetos a examen debían valorar del 1 al 3 la orientación de cada frase, de muy negativa a muy positiva. La conclusión es que los presuntos psicópatas emitían valoraciones diferentes de los no psicópatas.

La broma aparece cuando el autor da un ejemplo de este test. Así, ante la frase "el hombre es un gusano que vive en el cadáver de la tierra" el psicópata da una valoración positiva, mientras que para "el amor es un antídoto para las enfermedades del mundo" la valoración que da es negativa. La conclusión del autor es que el hombre tiene sin duda una mentalidad psicopática, puesto que no es normal asociar "cadáver" con positivo y "amor" con negativo.

¿No lo es?¿son extrañas estas reacciones? Dudo que así sea. Pensemos en la primera: se nos describe al hombre como un gusano; bien, ¿y? Durante dos milenos hemos tenido en este continente una institución llamada iglesia que repetía día y noche que los hombres éramos miserables gusanos al lado de Dios y los santos. ¿Acaso Agustín de Hipona era un psicópata? ¿era imbécil tal vez? Lo mismo puede decirse de Santo Tomás o Guillermo de Ockham, o de los insignes Richelieu y Talleyrand, hombres de estado que de seguro tenían muy, muy claro lo gusanos, lo rastreros que podían llegar a ser los hombres enfrentados a las situaciones adecuadas.
Igualmente, se define a la tierra como un cadáver. Bien ¿y no es así? acaso algún geólogo ha encontrado por error un corazón inmenso latiendo en las profundidades de la tierra? ¿alguien ha oído al despertarse un atronador "buenos días" emitido a toda potencia desde la fosa de las Marianas? yo por lo menos no. Más aún, si no ando equivocado, cuando morimos de una forma u otra vamos a parar a la tierra, ¿no es así? por tanto, es innegable que este planeta es a su vez una enorme fosa común, un inmenso escorial destinado a acoger los restos de todo bicho viviente que algún día haya pisado el planeta. No sólo eso, sino que la especie humana ha sabido amoldarse a este detritus, que actualmente nos propulsa por tierra, mar y aire a través de los motores de gasolina, hecha a base de cadáveres de dinosaurios.

La segunda frase es igual de curiosa que la primera. Que yo sepa, el único amor que cura enfermedades es aquel que Sofía Mazagatos sentía por el presidente del Sevilla F.C., y que le curó de su adicción a las joyas con dosis a mansalva de tarjeta de crédito. Por lo demás, siempre recuerdo a Stalin cuando recibió el ruego del vaticano para que detuviera la invasión de polonia. "¿Cuántas divisiones tiene el Papa?" respondió el comedido georgiano ante tan simpática proposición. Tanto como los empresarios que no se doblegan al despedirte aunque sepan que te van a dejar en la calle, o las universidades que insisten en cobrarte hasta el aire que respiras y ponerte horarios imposibles para convertir en una panacea lo del "libre acceso a la enseñanza". ¿Dónde está aquí el amor? ¿Cuántas enfermedades se han curado con amor? Éste puede ser un apoyo en los dramas personales, sin duda, pero los que manejan el cotarro nada saben de eso de los corazoncitos, y mientras esta situación sigue así, considerar positiva una papanatada como "el amor es un antídoto para las enfermedades del mundo" sólo demuestra que el autor del estudio tiene un buen sueldo y pisa muy poco la calle.

Pero así es la vida. Te pasan un formulario, te catalogan como psicópata y así se quedan más tranquilos, que si él es raro es que yo soy normal, y tira p'alante que esta noche echan 7 vidas, Mariano. Así van las cosas, la burrada de potencial de trabajo que poseen hoy día las sociedades occidentales se gasta en estudios como éste, muy interesante para los expertos, pero poco útil -por decirlo de algún modo- para el resto de la sociedad.

No digo que me parezcan mal estos estudios, que de un queso podrido nació el Emmental, pero con el día que hace hoy uno tiende al ultrasimplismo, y encontrarse con afirmaciones de este tipo duele. Desde que la he leído no paro de preguntarme si no es que será verdad y servidor es un psicópata.

En tal caso, ¿podría escribir un libro y forrarme? algo es algo.

Como en las películas

Es increible lo que se parecen las películas a la realidad. La toma de Falluja nos regala unos planos, unas imágenes por las que cualquier director daría un brazo. Más aún al tratarse de una guerra real, podemos incluso llegar a sentirnos parte de ese conflicto. Eso es lo que me sucede cuando no veo según qué imágenes por television. Aún es hora de ver el cadáver fresquito de un marine pasearse por nuestras pantallas. La última vez que vi uno colgaba boca abajo, calcinado, de un puente de no recuerdo qué ciudad. Desde entonces para buscar chicha sólo me he topado con las imágenes de los atentados perpetrados por comandos iraquíes, de esos que graban y luego cuelgan de internet, y te los puedes bajar al lado de "lo mejor de Faemino y Cansado" y "el vídeo de Chiquito". Está bien la cosa, bueno, está mejor que nada.

Pero el hecho es que aparte de eso nada, ni una mísera gota de sangre yanqui ha salpicado nuestros televisores. Es entonces cuando imagino a George W. Bush en una habitación oscura, junto a sus amiguetes Cheney, Pearl y compañía, todos con la pantalla fija en un televisor, observando con satisfacción al mundo que han cegado mientras sonrisas diabólicas, puntiagudas como catedrales, emergen de lo más fondo de su garganta.

Sí, me viene esa imagen a la cabeza, y me pregunto cuán imbécil puede llegar a ser Bush. Durante años nos han martirizado con chicha a manta; en todas sus películas el superhéroe aparecía en la última escena, esa en que mata al malo, magullado hasta las uñas de los pies, chorreando sangre sucia por todos sus poros, y contando las barbaridades que esos pérfidos comunistas habían hecho a sus amiguetes de "Highschool" y esas cosas. ¿Se espera el W. que no sepamos qué les ha pasado a sus marineritos? ¿No sabe lo fácil que es en la mente de cualquier persona pintar un cadáver de blanco, disfrazarlo de mádelman y amputarle algún miembro?

A lo mejor el W se cree que no, que aquí nadie piensa si yo lo digo y mis siervos no deben ver ciertas cosas. Estupendo, mantengamos el silencio ¿cuánto tardaran en llegar los fabuladores que inventarán mil historias a cada cual peor sobre el destino de los desaparecidos? A finales de los años 80 se seguían rodando películas sobre los desaparecidos en Vietnam (los que votaron Bush disfrutan con Chuck Norris), y en la guerra del golfo no pillaron a Saddam porque el Bush padre no tuvo el valor suficiente para mirar a la cara a las madres de los que iban a morir.

Pero el hijo, que no ve tres en un burro, se ha tirado a la piscina vacía convencido de que por ser presidente basta decir "hay agua" para llenar el agujero y poder chapotear con alegría, como a él le gusta. Y ahora que ve el leñazo que se ha pegado, pues venga, miedo en el cuerpo a discreción, censura y aquí no pasa nada. Se equivoca el paisa, porque para bien o para mal los mortales de occidente tenemos grabadas en la memoria las imágenes de guerra que ellos mismos nos vendieron, así como tenemos grabadas, esta vez en cintas, los rostros de los muertos iraquíes, profesores, policias, o chavales sin futuro que a falta de algo mejor se han calado el fusil al hombro, igualito que el 80 % de los marines.

Dentro de unos años -que en esta vida la paciencia lo es casi todo- sabremos la cifra exacta, y pasará -supongo- como en Vietnam, que por cada muerto yanqui habrán 40 o 50 iraquíes. Paisa nada, ya lo sabíamos. Para los morbosos habrá fotos y vídeos, que además llevarán 20 años censurados y dará mucho morbo verlos, como las pelis porno de Perpinyà. Pero por lo demás, Bush puede seguir en su tétrica mansión maquinando el fin del mundo, que engañar lo que es engañar, sólo engaña a quien quiere.

Qué duro es esto de morirse

Lo malo de los tiempos que corren es que todo sucede en directo, y ello impide planear las cosas con calma y reflexión. Por eso las muertes se convierten hoy día en bizarros espectáculos circenses. Hará una semana vi por la tele cómo un cortejo fúnebre era violentamente apartado de sus quehaceres funerarios por un grupo de policías y guardaespaldas que acompañaban a un "personaje público" de visita al cementerio de la Almudena. Así, el incidente se convertía en espectáculo para todos los públicos, y la humillación del hecho se multiplicaba por todos y cada uno de los televisores que veían las imágenes.

Más atrás en el tiempo, aún recuerdo el entierro de Lady Di con toda la patochada que le acompañó. Gracias a los medios de comunicación la muerte de una princesa en un accidente de coche (como otra de años atrás) se convirtió en una historia de bajos fondos, con carreras nocturnas, amantes, robo de joyas por parte de los servicios de urgencia, e incluso ostias entre paparazzis por fotografiar la pierna de la Di, que tengo todo el cuerpo pero me falta ese detalle.

Qué diferencia con lo que sucedió con la madre Teresa de Calcuta. Cuando esta mujer decidió morir, ninguna cámara estuvo a su lado, nadie la vió desmoronarse físicamente, ni a los miembros de su comunidad repartirse los restos sin vergüenza alguna; esas cosas que suelen pasar cuando alguien muere, y que tras un halo de civismo esconden nuestra más primaria esencia. La santa Teresa esta murió como debe morir todo el mundo, haciendo un mutis, como quien va al lavabo y ahora vuelve, pero sin volver. Luego los funerales de estado fueron una gozada, y de los chismorreos sobre su muerte, ya se encargarán en los años venideros, que el tiempo habrá difuminado límites y los charlatanes soltarán lastre. El atraso tecnológico de la India supuso, en este caso, un avance en derechos y dignidad.

No pasará lo mismo con la muerte de Arafat. Ahora su mujer dice que el gobierno palestino quiere matarlo y no se qué más cosas, que ella quiere mucho a su marido (que la ha hecho inmensamente rica) y que aquí todos son muy, muy malos. Al nada de oír esto el gobierno Sharon, que a ruindades no hay quien le gane, se ha apuntado a apoyar a esta señora, a meter cizaña para que la ANP quede desprestigiada, Al Fatah salga reforzada y el Likud pueda ganar otras elecciones por un precio miserable -¿a cuánto cotiza el kilo de israelí muerto?.
Mientras tanto, siguen las noticias sobre su estado de salud, que si es un vegetal, que si es un mineral. Si tarda en palmarla tendremos a expertos hablando por la tele y mostrando fotos de otras personas igual de jodidas que el rais, pero no lo suficientemente importantes como para preservar su intimidad. De paso tirarán de otros hilos, como el familiar, y buscarán los líos, el hijo fumador de marihuana e incluso el tatarabuelo de tics fascistas que da tanta cancha para poner a parir a un desgraciado con el objetivo de minar sus ideas y principios. Los judíos ortodoxos (es decir, los nazis del judaísmo) estarán ahora mismo chapoteando como niños entre toda la mierda que ya se imaginan salpicando por doquier la imagen (de Arafat tambien se hacen camisetas) que más odian, la que por 40 años ha colgado de sus hombros como Sanbenito para recordar al mundo que los hijos del genocidio, aparentemente al menos, perdieron la piedad en Auschwitz.

Esas imágenes, esos brindis por la muerte de alguien, esas crueldades y vilezas humanas que se practican en todas las comunidades humanas, salen ahora a relucir por todo lo alto. ¿Habría habido transición en nuestro país, si TVE hubiese pasado imágenes de gente brindando por la muerte de Franco? Aunque muchos se entesten en lo contrario, los humanos somos, ante todo, animales, y como tales nos comportamos en todo, si bien eso que llamamos "civilización" actúa como barniz opaco que oculta ésta nuestra condición de primates mamíferos. En los momentos críticos, que nos superan, es cuando más sale a la luz nuestro instinto primario, el gruñido del chimpancé depilado. Pero en vez de hacer como con todo lo demás -comer con cubiertos, firmar contratos o fagocitar discretamente- con la muerte parece que no hay piedad, y se muestra con toda la crudeza de sus hechos, y a veces incluso de sus imágenes.

Aunque no se por qué me sorprendo tanto; hace unos años cierto presidente de un poderoso país vió como un lío de faldas de una mañana tonta se convertía en el primer tema de su agenda, sobre el cual tenía que declarar y redactar informes oficiales con sello y firma; y eso que el paisa dirigía un país, no una cadena de TV. Vivimos en la era del gilipollismo.

Cuando éramos críos

Arafat es uno de esos personajes que "ya estaba" cuando yo nací. Como los Queen, la Coca cola o José Luís Núñez, existen en mis recuerdos desde la más tierna infancia. Es un tipo de aspecto simpático, siempre con el pañuelillo, y sonriendo, y vestido de militar, que eso de pequeños nos impresiona mucho. Es por eso, por formar parte de mi diminuta visión de lo que es el mundo, que su posible muerte me lleva a reflexionar sobre muchas cosas.
El mundo, nuestro mundo, el de los humanos que se saben mortales, se caracteriza principalmente por estar diseñado, realizado y mantenido por otros mortales, todos ellos iguales entre sí. Es algo que a veces se te escapa, y te lleva a creer que ciertas cosas existen de forma natural, que son inevitables, y por eso no dejas de sorprendente cuando ves una de estas cosas desvanecerse, convertirse en polvo, ante tus propios ojos.
Es el caso de Arafat, ese hombrcito que parece que ya naciera abuelo. Siempre ha estado allí, sobreviviendo a un montón de atentados, resistiendo en la cabeza del movimiento (pisando a otros si hacía falta), rodeado de tanques en su miserable cuartel de los últimos años, sin por ello perder la entereza.
Pero ahora el colega está intubado y apunto de espicharla. Los recuerdos que de él guardamos pronto serán pasto de la desmemoria, y pronto dejará de ser el luchador revolucionario para pasar a convertirse en mero motivo decorativo de mecheros y camisetas destinados a progres adolescentes.
Cuando eso sucenda, una parte de lo que es el mundo para aquellos que nacimos a mitad de los 70 desaparecerá para siempre, y nos habremos hecho un poco más viejitos. Supongo que diremos que ya nada será igual, y vendrá después el temor por lo que pueda suceder ahora que el hombre ya no está. Memeces, es cuestión de tiempo que aprendamos a vivir sin él; la vida seguirá aún en el mismo día en que perezca el rais, y descubriremos, tal vez con cierta decepción, que aquellos nombres propios con que habíamos construido nuestro mundo no son más que ilusiones baratas, arrastradas por el tiempo cuando menos lo esperamos, siempre demasiado pronto.

Los EE.UU.'s

Ahora que lo peor ha sucedido comprobamos cómo, pese a ello, esta mañana ha vuelto a sonar el despertador y todo parece seguir igual. Es más, si me abstuviera de leer la prensa, seguro que pasarían varios meses antes de notar algún cambio provocado por la continuidad del angelical W. en el despacho oval.

Me huelo que este cambio (o mejor dicho, esta continuidad) va a cambiar ciertos patrones de conducta, especialmente a nivel europeo. Las fuerzas ocultas del medio oeste, con su biblia y su sombrerito de cowboy, han consolidado su control sobre la más importante de todas las palancas que hoy día mueven el mundo. Visto desde un viejo continente que aún mantiene vivos muchos dogmas del estado del bienestar, cuesta de creer. Pero los EE.UU son otro/s mundo/s; allí no hay escuela pública obligatoria con libros aprobados por el gobierno. En muchos estados la teoría de la evolución parte de Noé, y al comenzar las clases se reza el padre nuestro. El gobierno pasa bastante del tema y sólo se preocupa por las escuelas públicas, que son sólo para los muy pobres y me huele que deben dar mucho asquito. Las diferencias en la educación (y no sólo la escolar, sino la que dan las múltiples formas de vida que hay en ese país) conllevan diferencias sociales profundas, y ello lleva a la aparición de una miríada de EE.UU's que desde Europa vemos como un todo, tal como desde EE.UU. se ve a Europa como un todo (igual pasa en Israel, que considera tan culpables del holocausto a los alemanes como a los andorranos, e incluso a los chipriotas, todos ellos europeos.

Las presidenciales yankis de este año nos han sorprendido a todos aquellos que caíamos en el simplismo de unificar la masa norteamericana. Destapada la manta, el panorama que se nos aparece es demoledor. Podemos hablar con los habitantes de las grandes ciudades, pactar con los comerciantes e incluso enfrentarnos a las multinacionales. Pero nada podemos ni sabemos hacer con ese cinturón bíblico que pisa con tanta fuerza en la Casa Blanca. Personitas que en su inmensa mayoría no han salido de su estado, que apenas pagan impuestos y nada reciben del gobierno. Esta pandilla de "self made men" ha convertido en una forma de vida el tan castizo "yo me lo guiso yo me lo como", se han montado su paja mental sobre el quién somos y a dónde vamos, y luego a pastar vacas, sacar petróleo y al carajo con todo lo demás, que si nadie me ayuda no tengo por qué ayudar a nadie.

Sociedades de este tipo son únicas en el siglo XXI. Para encontrar algo similar deberíamos pasarnos por la China rural o por alguna comunidad de Yanomamis en medio de la selva amazónica. El poder imperial de los marines y el arsenal nuclear les ampara en su convencimiento de ser los mejores del mundo en todo, y dudo mucho que a día de hoy haya forma viable de convencerles amablemente de lo contrario. Bush, su hijo pródigo, debe sentirse como ese Calígula que, convencido de su poder divino, llegó a la conclusión de que sus designios se cumplían no por tener dinero y gente a sus órdenes, sino porque era un Dios y estaba haciendo lo correcto.
Calígula se salió con la suya, y tan potente era el imperio romano (que últimamente no paro de citar como ejemplo) que se pudo tragar su pollo y tirar para adelante por tres siglos más. ¿Sucederá lo mismo con burguerlandia? a saber; por ahora el tito Bush se ha pulido los ahorros del estado, y ha encargado a sus amiguetes del ejército armas por valor de no quiero saber cuánto dinero. Recuerdo que eso también lo hizo Hitler (otro ejemplo recurrente), y cuando los prestamistas llamaron a la puerta el soldadete, sin cortarse un pelo, fusiló al polaco y le robó la cartera: "todo vuestro" debió decirles a los Krupp, Thyssen y compañía.

La conclusión, para no alargarlo más, es que nada podemos esperar de los EE.UU. Ellos tienen sus ostias internas que pa qué, y aunque son más civilizados en eso que nosotros, y en vez de guerras civiles optan por piques entre pepsi y cocacola, la cosa lo dista tanto de lo que sucede en nuestro terruño, que aquí tambien se vota por rabia, soberbia, envidia, codicia e ignorancia. Por ahora y durante bastantes años nos va a tocar comernos los mocos de su estupidez, que es también la nuestra, mientras seguimos construyendo esa balsa llamada Unión Europea que es lo único que se nos ha ocurrido para huir de esa isla llamada occidente. Veremos cómo acaba, aunque a lo lejos se divisa un Saipán navegando a toda leche hacia nosotros, y sus tripulantes llevan grabados en la espalda los latigazos que les propinaron nuestros tatarabuelos. ¿Serán rencorosos? la vida da muchas vueltas.

¡Buen Provecho!

Esta mañana, nada más levantarme, he encendido el televisor. Ángels Barceló presentaba una risa ultracafeinada que me ha alegrado la mañana. Aunque en Estados Unidos "aún" fueran las 4 o 5 de la mañana, la muy jefa ya estaba allí cuando me fui a dormir, y hay que tener narices para aguantar ese tute. Felicidades, y tal, pero yo no te buscaba a tí. En la cadena de al lado por fin apareció la imagen que buscaba y que estaba destinada a alegrarme el día: giro brusco, quiebro a Nesta y cañardazo por toda la escuadra. Qué dinamismo, qué fuerza, qué belleza plástica; nada me extasiaba tanto desde la última vez que hojeé la Iliada. La Squadra Azzurra, el orgullo de Italia, el honor de esa Roma eterna e imperial que dominó Europa por un milenio, venida abajo por un chaval de las favelas, ariete del último club del continente que resiste impertinete el ataque de la privatización. Viriato no podría estar más orgulloso de haber tenido al jabato entre sus huestes, derribando a fintazos a centuriones y manipulos.
Cuando Ronaldo I el grande abandonó el césped del coliseó, creí estar ante el ocaso del fútbol, condenado a morar por tierras extrañas en busca de un espectáculo honrado que contemplar. Y aunque Rivaldo (o el niño hambriento que lleva dentro) supo crear pequeñas maravillas, nada se asemejaba al halo divino que desprendían las piernas del chiquillo calvo. Los mil nombres que vaganbudearon por el Camp Nou tratando de arrancar esa Excalibur clavada en la piedra, no hicieron más que de plañideras de esos goles, de esas briosas galopadas contra toda una defensa que arrancaban en el mediocampo y acababan en las peores pesadillas de los porteros. ¿Dónde buscar semejante magia, semejante maravilla?
La respuesta, como los niños, vino de París, y ayer, tras pasarse por el forro a las dos torres de la defensa milanista, no hizo sino clavar su pica en Flandes, advertir a propios y extraños que él está allí, que Europa es su morada y su furia es de temer.

Insuflado con el optimismo que da el haber contemplado en carne propia (televisor mediante) un acontecimiento de los que marcan un siglo, he podido volver con Ángels para oírla contar historias desde el otro lado del atlántico. La verdad es que poco hay que contar; parece que Bush tendrá cuatro años más de manga ancha. Eso, pasado a cifras, me provoca unos temblores de piernas que ni para qué. No dejo de ver paralelismos con lo sucedido a comienzos del siglo XX. No, no es que tema una guerra nuclear, ni falta que va a hacer para arrasar con el planeta. Cuatro años más de plena libertad para hacer lo que le plaza (Camús advirtió algo sobre no dejar que un tonto accediera al puente de mando), y encima SUS últimos cuatro años. Recuerdo que Aznar, una vez decidió no presentarse a más elecciones, pisó a fondo el acelerador. A Clinton también le dio, pero por otro lado menos peligroso para su país. Le recuerdo intentando reconciliar a palestinos e israelís, Barak i Arafat haciendo como que se daban la mano.
Ahora pienso en lo que se le puede ocurrir a Bush como colofón a su histórica presidencia. Invadir otro país, cabrear a los chinos o reabrir el programa de guerra de las galaxias. Tal vez le de por subvencionar la gasolina con impuestos sobre la leche, o por aumentar retroactivamente todas las condenas para por fin poder tener mano de obra íntegramente esclava; a saber lo que se le puede ocurrir a un tejano ex·alcohólico y ultracatólico que pasó del béisbol a la política como quien va de la cocina a la sala de estar. Recuerdo una novela de Stephen King, "La zona muerta", que comenzaba con un vendedor ambulante de biblias cabreadísimo y diciéndose a sí mismo que un día llegaría a ser presidente. ¿Cuál era el final?

No creo en los poderes sobrenaturales, así que es tontería fiarse de esta novela. Antes prefiero hacer un pequeño manual de bolsillo para el próximo cuatrieno saber qué hacer y a qué atenerme:

- Financiar al partido demócrata y hacer campaña por él. Los yankis en general y Nader en particular, se tendrán que joder, pero es aritmética, la integridad de 6000 millones de personas pasa por delante de las normas de tráfico y sanidad de los 400 millones de yankis.
- Hacer testamento y dejarlo todo atado y bien atado, por si toca la lotería en el próximo macroatentando
- Sudar del tema palestino -podemos darlos por muertos- y preocuparse por las propias barbas (interesa releer el poema que Brecht dedicó a un tema parecido)
- Soltar una carcajada cada vez que alguien utilize la palabra "pensiones"
- Dejar el café y otras sustancias estresantes,puesto que no se sabe con qué puede uno despertarse a partir de ahora. Con el tabaco, por contra, se puede practicar el abuso, puesto que el patrocinio del consumo de combustibles fósiles va a convertir en una simple broma para nuestros pulmones los pequeños y vulgares cigarrillos.
- No ir más a misa, no dar un duro a ninguna iglesia, y no olvidar que aunque ésta algún día muera, se reencarnará en otra cosa y habrá que volver a comenzar.
- No olvidar jamás la educación; cuando las fauces del lobo se abran sobre nosotros y la saliba nos duche con sus apestosos efluvios, no olvidemos alzar la cabeza y gritar jovialmente "buen provecho!".

Día de elecciones

El líder se desperezó con la primera luz que se coló por los ventanales. Era el gran día, del que dependía el futuro de su revolución, de la Revolución destinada a cambiar el mundo, a convertirlo en un oasis de paz y prosperidad previo pago de la sangre de los malvados. Eso era algo en marcha, las tropas se hallaban en movimiento desde hacía unos años y los proyectos de futuro seguían en su mente igual de frescos que el primer día.
Sólo un flanco mostraba debilidad en esa mañana. Tras haber asumido el gobierno y puesto en marcha su programa (para lo cual supo aprovecharse del terrible atentado que había convulsionado todo el país unos años antes) ya no podía presentarse ante su pueblo como la impoluta opción de que hablare durante la campaña. El desgaste político le pasaba factura, y los cuantiosos gastos bélicos amenazaban con provocar una crisis interna así como una pérdida de confianza en el gobierno y, especialmente, en su líder.
Sin embargo el líder mantenía la compostura, se sabía al frente de la opción acertada, y veía a su pueblo tras de él, contra viento y marea. Qué eran ante ello cuatro o cinco puntos de menos respecto a las últimas elecciones, más aún cuando el sistema electoral podía "orientarse" debidamente hacia el lado más conveniente. No, era demasiado lo que estaba en juego, y no se podía permitir que una pandilla de catetos destrozaran lo que tanto había costado izar.
El líder salió del palacio para ir a votar. Allí le esperaban los medios de comunicación, el pueblo llano e incluso el grupo folklórico que le regaló un ramo. En lohor de multitudes el líder emitió su voto y soltó su discurso memorizado al dedillo sobre la importancia de la democracia, de la libertad, la paz y por encima de todo de él mismo.
Ese mismo saludo, apacible, convencido, fue el publicado al día siguiente por todos los diarios. No hubieron sorpresas, la propaganda funcionó y cuatro años más libres de ataduras se abrían a sus anchas para realizar su gran proyecto, su gran guerra que impondría un nuevo orden en el que él, el líder, distribuiría su paz a diestro y siniestro con el eterno agradecimiento de sus súbditos.
Aquel noviembre del 38 en que Hitler ganó las elecciones.

José Mari va a la escuela

Decía el señor Aznar hace unas semanas que se "exiliaba" políticamente, que se iba a los EE.UU. a hacer ver que daba clase y a olvidarse por un tiempo del estigma de ser presidente del gobierno. Va allí porque para lucirse es preciso viajar al extranjero. En casa ya le hemos visto hacer de todo mientras que en el extranjero, en las Américas (recuerdos a Eisenhower) sólo alcanzan a ver los grandes trazos de este pucelano de pro.

Sin embargo, parece que lo de estarse callado no va con él. Tan pronto como hoy, este ex·funcionario ha publicado una carta en el ABC donde dice que la retirada de las tropas es una enorme irresponsabilidad, y que los responsables de que ello sucediera (es decir, los dieciséis millones de españoles que se negaron a bajarse los pantalones) y muy especialmente el mensajero (Zapatero), son unos irresponsables de mucho cuidado.

La verdad es que no me explico por qué ha sucumbido a la tentación de soltar su propio pollo (léase escupitajo) a los responsables de arrasar con el sueño neo·imperial de este simpático pucelano. Si hubiese aprovechado las páginas de ABC para decir algo nuevo se entendería. Incluso los comentaristas de política internacional de tercera fila (los mismos que debe contratar el Wall Street Journal para hacer sus editoriales) podrían igualar la calidad del texto de don José Mari. Ya sabíamos que este caballero es un inepto a la hora de relacionarse con el mundo exterior (es decir, fuera de la caverna) pero en su condición de personaje público, haría bien en ocultar sus carencias para no sonrojar más si cabe a los que durante ocho años le hemos pagado el sueldo.

Esto da mucho qué pensar sobre las barbaridades que pueda soltar allá en los Estados Unidos, en ese seminario que se han inventado a la medida de José Mari, para que de aquí en adelante pueda presentarse como algo más que un "ex", expresión que con el tiempo debe acabar cansando un poco, supongo. Espero que por lo menos el ex·presidente se lo pase bien, porque el seminario le ha costado al estado (al nuestro) la donación de 1,5 millones de euros a la institución en donde se impartirán las clases. Pueden decir que no, que se le contrata por el renombre que dará a la institución y todo eso, pero yo no me creo que a estas alturas alguien quiera escuchar a ese espantapájaros que ha hecho de la mala leche una ideología y del cerrilismo una forma de hacer política. Sus proyectos a día de hoy penden de un hilo en el mejor de los casos. El responsable del área económica, el gran logro de su gobierno, es aplaudido en otros foros mientras se dispone a subir de peldaño (peldaño lleno de sangre y mierda, igual que el anterior y el siguiente); el delfín de Jose Mari sigue mientras tanto nadando en chapapote, viviendo de las sobras del imperio mientras ve cómo a Zapatero hasta le gana el Barça. El AVE amenaza con convertirse en una nueva Sagrada Familia y el plan hidrológico, como la ley de calidad de la enseñanza, ya no son.

El imperio del bigote se ha hundido en el fango de donde provenía. Los alumnos del profesor José Mari harán bien en aprender cómo no debe gobernarse un país si no se quiere vivir el resto de su vida con guardaespaldas por miedo a ser linchado en medio de la calle. Personalmente me alegro de que haya optado por huir, es una bella tradición que ya practicaban los griegos cuando se encontraban con algún dirigente que había armado mucho follón, se le enviaba diez años al exilio; transcurrido ese tiempo ya pocos recordaban lo que había hecho, y podía vivir con tranquilidad (José Mari dice que cuando vuelva se irá de su Pucela natal a una guardería para niños ricos que hay en Madrid). Espero algún día poder asistir a alguna de sus clases para comprobar si sus alumnos son estudiantes de políticas que van a reírse un rato o si, por contra, son de la facultad de psicología, maravillados ante una mente tan radicalmente obtusa en un hombre que ha podido llegar hasta lo más alto (una nueva prueba de la inseguridad en que vivimos instalados).

Andan revueltos por EE.UU. ante la historia de tres hermanas que fueron de soldados a Irak a pagarse los estudios y resulta que no, que esos uniformes con el nombre propio bordado no son como los del McDonald's, y resulta que una de ellas ha perecido en una emboscada. A poco de conocerse la noticia, los padres han salido (por la tele,claro está) a decir que su familia ya había pagado el impuesto de sangre que la patria reclamaba, y pedían el retorno de sus dos retoños entrenados para matar,no les fuera a pasar lo que habían visto en una película, que de cinco hermanos cuatro expiraban en una playa y al quinto de qué no lo matan en un puente.
Y ahí ah sido el cáguense en el país de la hamburguesa. En este país el cine enamora, y cuando encuentran en la realidad un suceso que coincide con lo visto en la gran pantalla, es la hora del Revival; cuernos y fanfarrias, Hollywood tenía razón, y con él todos nosotros.
Ya sucedió durante la invasión,en que corrió la noticia de una joven norteamericana que había sido secuestrada,torturada y vejada por los iraquíes, salvada en el último instante por un comando de valientes que arriesgaron su vida para devolver a la muchacha al calor de Kentucky y el pastel de manzana. Ásí, tal cual escribo, narraban los hechos los medios de comunicación norteamericanos. Cual fue la sorpresa de todo el mundo cuando la jovencita apareció (también por la tele) para decir que no había sido violada ni torturada, algún golpe a lo sumo, y que sus carceleros, antes que en las refinadas torturas de Fu Manchú, tenían la cabeza en algo más mundano como preguntarse qué podían hacer para salvar el culo ante la inminente llegada del Ejército de Liberación (un nombre que nos remonta a las guerrillas de los años sesenta,las mismas que los yanquis combatieron a sangre y fuego). Los medios de comunicación resbalaron gustosamente sobre las palabras de la bella amazona, suyo es este poder.
Hace poco, en un pueblecito del sur de Francia, en una catedral gótica, hallé en una capilla una lápida blanca con los nombres de los vecinos caídos en combate durante la primera guerra mundial. Destacaba encontrar en la lista hasta cinco apellidos que se repetían cuatro veces, y otros varios que se repetían tres veces. En una pequeña lápida aparecían narradas decenas de historias salvadas del olvido por una lápida de mármol oculta en una silenciosa iglesia. En los campos de batalla de la actualidad, esta historia(la Historia) debe repetirse a diario.
También se debe repetir en los EE.UU. En su día supieron repartirse mucho bien, entre ellos hace mucho, y con alemanes y japoneses hace no tanto. Pero entonces no eran un imperio, sus dominios aún no abarcaban el horizonte, ni sus banderas ondeaban en todos los puertos de los cinco oceanos. La Unión se ha expandido y es necesario difundir su evangelio a los cuatro vientos. Para ello, no están de más héroes y mártires, el método más viejo y efectivo(y muchas veces económico) que se conoce para doblegar a las masas. Ellos parece que se lo creen con fervor, son una nacion joven, aún por formar en muchos puntos (no recuerdo dónde leí que Warhol representa para Norteamérica lo que Altamira para Europa), pero me cuesta más creer que estos martirologios cuelen en el resto del mundo. Supongo que no lo entenderán, y ello me hace pensar que la historia se repite, que una nueva oportunidad de hacer las cosas bien se está desaprovechando, y que tenemos yanquis para rato.

Es curioso ver cómo reacciona la gente ante ciertas imágenes que los radicales islámicos han puesto en la palestra. Desde el 11 de septiembre ha quedado claro que estos señores dominan el arte de los mass media. La caída de las torres gemelas fue calificada de "plástica" por algunos comentaristas televisivos. Podrían ser criticados de macabros, mas a continuación quedaría la tarea de diferenciar el acto real de las docenas de representaciones ficticias que han aparecido en las pantallas de cine durante décadas. Recuerdo una reciente, "Estado de sitio" en que se representaba el ataque simultáneo a varios puntos de Nueva York por parte de un comando de radicales islámicos que causaban con sus andanzas unas buenas docenas de muertos. Incluso, si mal no recuerdo, en la película ya se practicaba la omisión de escenas cruentas, sangre y tripas. ¿En qué se diferencian los atentados ficitios del atentado real? En ambos casos hablamos de cientos de víctimas y caos generalizado. A nivel de imágenes, la gran diferencia es la mayor imaginación que demuestran los terroristas frente al guionista hollywoodiense. En el capítulo de las consecuencias, vemos en el filme cómo un árabe que forma parte de los "buenos" durante toda la película, acaba desvelándose como el malo mediante una macarrónica retahíla de proclamas islamistas un tanto roídas. En la realidad, el cutrísimo video casero de Bin Laden encaja a la perfección. Con turbante, barba y túnica, podría aparecer en cualquier pesebre de nuestra geografía sin llamar en nada la atención de la gente. Asímismo, el texto de sus proclamas parece firmado por el mismísimo Fumanchú (que vuelva); acaba de caracterizar a Bin Laden como un personaje de opereta, y no cabe duda que las futuras generaciones disfrutarán de más de una peli como "Bin Laden y la bomba del fin del mundo" o "El terror vino de oriente", en que se recuperarán los guiones de la guerra fría para reinterpretarlos con los nuevos protagonistas. Tal vez John Malkovich, dentro de dos décadas, será el actor ideal para interpretar al pérfido saudí, enfrentado a los gloriosos marines, la CIA y el FBI.

Pero mientras sus nombres no brillen en Broadway (el musical será la guinda), los radicales islámicos mantienen su pulso por la audiencia en la pequeña pantalla. En este sentido encontramos los atentados de Madrid (tanto el ataque a los trenes como las posteriores secuelas, que llegan hoy al suicidio de seis terroristas a punto de ser apresados) así como los altercados que se suceden continuamente en Irak, y muy especialmente la escena del cadáver colgando boca abajo de un puente.
Vale la pena detenerse en esta imágen que ha dado la vuelta al mundo. El primer referente que me vino a la cabeza fue don Benito Mussolini colgando boca abajo del techo de una gasolinera junto al cadáver de su amante Clareta Petacci. El ex dictador fue muerto por un puñado de partisanos, y antes de colgar su cadáver alguien le amputó el miembro viril.
Más recientemente corren por mi mente las imágenes de Somalia, de marines "en misión humanitaria" torturados y asesinados por la población local, que ató los cadáveres de los soldados a la parte de atrás de los coches, para mostrarlos como trofeo ante toda la población. También recuerdo una noticia de ciertos cascos azules italianos que, en cierto país de África se dedicaron a torturar a la población local, al parecer asándolos como si de lechones se tratara.
¿Cuál de estas imágenes es más macabra? ¿Qué tienen en común sus protagonistas? Recuerdo una carta de un teniente alemán, jefe de un Sonderkommando durante la segunda guerra mundial. Estos comandos actuaban en la retaguardia del frente ruso, y su tarea era ir pueblo a pueblo "exterminando comunistas", esto es, una vez añadido la componente racista por ser eslavos, la eliminación física de la práctica totalidad de la población. Creo que fue en 1944 que Goebbles pidió un juramento de fidelidad a Hitler de parte de toda la oficialidad del ejército, juramento que debía realizarse por escrito. El mencionado teniente se negada a firmar tal misiva por cuanto consideraba implícito a su cargo el juramento de fidelidad a su superior, y vveía por tanto la petición como un insulto a tal juramento.
Uno se pregunta cómo alguien que por la mañana mataba a centenares de hombres, mujeres, ancianos y niños, podía por la tarde dedicarse a defender su idea de la ética y la fidelidad, y nada menos que con Goebbles! Cierto es que estos comandos tenían gratis el vodka, pero ello no es suficiente para explicar este doble comportamiento.
¿Qué lleva a una persona de la razón a la locura de una forma tan natural? Lo que en común tienen los hechos arriba mencionados, de Italia a Somalia, es la presencia de la guerra, del conflicto directo, de la muerte a discreción. Es la vieja idea de que la violencia engendra más violencia, sobrepasando razas, credos y religiones. Eso es lo que, a mi parecer, debemos ver en las imágenes de los atentados de estos días, la violencia consecuencia de la violencia y causa de más violencia.

Cuando la historia era aún materia de poetas y no de libros de texto, escribió Alejandro Dumas que Francia e Inglaterra fueron a la guerra por el amor que el cardenal Richelieu y el duque de Buckinham sentían hacia Ana de Austria, esposa de Luís XIII y, por ende, reina de Francia.
En los tiempos modernos, estas bellas historias han sido sustituidas por temas más mundanos. Así, cuando se quiere achacar una acción bélica a un motivo personal, debemos recurrir a las felaciones y a las relaciones entre el alto funcionariado y sus subordinadas. Que la poesía ha muerto en la historia de las relaciones internacionales lo ha confirmado el enésimo esperpento del PP, que está convirtiendo su despedida de la Moncloa en un desfile de payasadas y despropósitos.
Afortunadamente en esta ocasión no se ha declarado ninguna guerra, y la cosa se ha reducido a un pequeño retraso en una excursión del ejército, que lleva a sus soldados a ver mundo y conocer nuevas culturas. Sin embargo el hecho es el hecho, y da que pensar el que alguien capaz de semejantes chiquilladas haya llegado al poder. La decisión del señor Aznar va más allá del rodillo parlamentario. Éste era inmoral y punto, pero lo que ha hecho Aznar es un abuso de poder en toda regla. ¿Desde cuándo necesita el presidente del gobierno la aprobación de un funcionario inferior para ejecutar acciones que le corresponden por su cargo? Que yo sepa, Zapatero no ha sido nombrado "presidente en espera" ni nada parecido. Por ahora es un simple parlamentario. Esta condición le limita más aún para tomar parte en las decisiones de la Moncloa si tenemos en cuenta que la acción para la que Aznar pedía una confirmación por escrito era el mero relevo de tropas. ¿Es necesario pactar con la oposición las suplencias de verano de los funcionarios? Las tropas que se dirigen a Irak van a sustituir a las que allí están por el simple hecho de que el tiempo que podían estar en misión ha finalizado. El recambio de tropas no es en ningún caso una decisión política. Si lo que el presidente en funciones quería era que Zapatero tomase una decisión inmediata sobre el futuro de las tropas, debería haberlo dicho más claramente, y de paso explicar por qué tantas prisas por quitar las tropas de Irak si tan importantes las considera él para democratizar el país (¿será que los iraquíes le importan un carajo ahora que Bush no le volverá a llamar?), por qué tras haber gastado millones de euros en el despliegue de tropas sobre el país conquistado ahora hay que aprovechar un recambio rutinario para suspender toda la misión, por qué pide ahora ser aprobado para sus acciones cuando durante todo este tiempo se ha saltado a la torera la aprobación del parlamento para sus decisiones en política exterior.

Dice don José María que no, que él ahí es sólo un pringao y que lo que quiere es la aprobación del que manda ahora de verdad. Sin embargo, ¿por qué no pidieron la misma aprobación para seguir inaugurando tramos del PHN? Tampoco han pedido permiso para continuar las obras del AVE,y eso que cada 12 horas hay cambio de turno (dos oportunidades diarias de echarlo todo por la borda!). No sólo eso, sino que cuando otros, tomando ejemplo de lo hecho por Aznar, han decidido suspender medidas aprobadas por el gobierno popular (como es el caso de la ley de calidad, suspendida en por la Generalitat catalana) resulta que van y se enfadan porque dicen que no se puede hacer, que hay que esperar a que se debata el parlamento!
En la novela de Dumas Richelieu, despechado, acaba con un palmo de narices mientras la reina se va con el inglés. Parecido destino el de José Mari, que sin embargo dudo que sea recordado como un político astuto, sino más bien como un patán de pueblo, un zafio metido a político que al cardenal no le serviría ni como asno.

Tal como en su día se hizo con Auschwitz, la Escuela de mecánica de la armada argentina ha pasado a convertirse en un museo en honor a sus víctimas. Como el garrote vil que Cela conservaba recordando lo que se necesitaba hace unos años para que él pudiera cobrar el sueldo, como el pueblo arrasado que Franco ordenó no reconstruir como recordatorio de lo que fue la guerra. Son éstos detalles que se han venido haciendo toda la vida, baste con recordar los numerosos santos martirizados que se rezan en las iglesias. Eran otros tiempos, aunque la gente ya necesitaba que le vendieran la moto para creerse ciertas cosas, y aquellos hombres que se habían salvado por la fe, el cristianismo y el billete para el paraíso, representaban a ojos de los demás el sufrimiento que habían llegado a aguantar esas personas en nombre del Señor, pero también mostraban la crueldad de las torturas (parrilladas humanas, decapitaciones a mansalva, amputación de miembros por las bravas) y, por ende, de sus torturadores, ya fuesen romanos, bárbaros o moros.
Estos museos que, como la Escuela de mecánica, lo son de la memoria, tienen en nuestros días esa misma función evangélizadora; por una parte muestran a los "santos" contemporáneos, personas que muchas veces sin quererlo ni comerlo recibieron la visita de unos encapuchados y fueron a parar al maleteron de un Falcon negro. Por otra, señalan con dedo acusador al culpable de tales actos.
La novedad es que ahora quienes ocupan el lugar de honor en estos recintos no son seres fantásticos basados en experiencias más o menos reales (no dudo que en un tiempo se echara gente a las brasas). Grabados sobre mármol, ahora hallamos en el altar los nombres y apellidos de personas, seres humanos, que nos hablan de experiencias concretas, horriblemente concretas. El salto es considerable, puesto que ahora no sólo se ofrece el fin (la muerte o tortura), si no el medio, el cómo de todo el asunto. Este es un dato importante por cuanto, no lo olvidemos, la iglesia acabó tomando los martirios de los santos no como advertencia de lo que no debía hacerse, sino más bien como una guía ilustrada para la rápida conversión del infiel. Ello significa que nuestra actual iglesia omnipresente (el estado con sus millones de funcionarios) deberá tomarse más en serio a nuestro santoral las maniobras que se encaminen a repetir el pasado serán descubiertas con mayor antelación (las ordalías ya demostraron no ser del todo eficientes).
Que la iniciativa de este museo de la memoria provenga del estado (y en este caso acompañado de la petición de perdón del presidente por lo que tocaba al estado argentino) le da mayor relevancia por cuanto es una aceptación del nuevo statu quo que se origina al proclamar que lo expuesto en el museo no volverá a repetirse. Sí, de acuerdo, es una tontería puesto que todos sabemos qué sucedió, y sabemos también que el estado no lo volverá a hacer (al menos lo aceptamos en teoría), pero mi condición humana me empuja a ver estos actos como necesarios para tranquilizarnos a todos. Es una especie de acuerdo informal en que se dice "he pillado el mensaje, y que lo sepa todo el mundo" y se pone así en juego la palabra de uno, su honor, además de los hechos concretos.
Es por este motivo que en los ocho últimos años nunca me he sentido cómodo con el gobierno. Puedo entender su mensaje de que no vale la pena remover el pasado, pero no si viene de ellos, pues suena a acomodamiento, a escurrir un bulto que apesta, que está podrido y mancha con su hedor todo lo que toca. Suena, además, a no estar arrepentidos, y de ahí a pensar que se podría reaprovechar hay un paso menos. En nuestro país los museos que recuerdan los horrores del pasado brillan por su ausencia, y la repetida negativa de Aznar a abrir ese camino (unido a las subvenciones aprobadas para cierta fundación FF) me hace pensar que podría volverse a esa situación, que la renuncia es tan sólo una táctica, que Franco aún no ha muerto del todo, el mal nacido.
no pretendo caer en la hipocresía de la palabra vacía, ni considero la apertura de un museo como algo más que un gesto. Es más, ni siquiera esperaba que Aznar fuese sincero al condenar el franquismo, puesto que se trata de su padre, y a nadie pido que reniegue de sus raíces. Pero la realidad es que en ocho años no lo ha hecho, el partido que dice ser el que más muertos ha sufrido en defensa de la democracia (una afirmación, permítaseme reiterarlo, asquerosa y repugnante se mire como se mire), se ha negado a condenar el totalitarismo por excelencia, ni siquiera por cortesía con aquellos que lo sufrieron y que hoy son sus vecinos.
El valle de los caídos sigue alzándose como un homenaje a la barbarie, no como un recordatorio de la misma, y mientras siga en este estado, no se podrá hablar de pasado, sino de duro y cruel presente.

Durante la misa oficial por los fallecidos en el atentado del 11-M uno de los asistentes (familiar de una víctima) le ha espetado al presidente Aznar "usted es responsable de la muerte de mi hijo". La escena, en una iglesia abarrotada y sumida en un impresionante silencio es, cuando menos, de una plasticidad demoledora. David habría sacado una obra de arte sublime, elogiando la palabra del ciudadano, alzándose acusadora contra el poder, cuya prepotencia ha quedado al descubierto en la tragedia que ha reunido a esa multitud en el templo.
Sin embargo las cámaras de televisión no están para estas ostias y, con la excepción de TV3, han obviado esta escena den las más de dos horas en que el evento se ha emitido en estricto directo. El hecho en sí da mucho que pensar. Lo primero que me ha venido a la cabeza es (y no se me malinterprete) el pecho de Janet Jackson ondeando al viento en la final de la Superbowl, y lo que se dijo en este país sobre la censura en los Estados Unidos. Sin embargo, uno podría acogerse a argumentos éticos tratándose de un acto de unidad, en que las diferencias internas -incluidas las que se refieren a las responsabilidades en la matanza- deben quedar al margen.
El hecho evidente en cualquier caso es que la responsabilidad inmediata de emitir esa escena no recayó sobre un político, ni sobre un empresario, ni sobre un militar. La posibilidad de alzar a la fama a aquel desconocido señor recayó sobre los realizadores de televisión. Sin duda éstos habían sido previamente aleccionados sobre las líneas principales de la emision, tanto aquellos que mostraron la escena como los que no. Sin embargo, es evidente el cariz que podría tomar la misma escena de ser tratada adecuadamente, y lo mucho que podría cambiar su interpretación.
No es nada nuevo, y basta recordar (es lo que viene a mi maliciosa mente) muchas de las protestas de Basta Ya, Víctimas del Terrorismo o el mismo PP, aprovechando en alguna ocasión incluso los entierros de las víctimas. Las cámaras mostraban a varias personas soltando proclamas que, en general, acusaban al PNV de los atentados de ETA; la lectura de las imágenes era la de una multitud gritando cosas similares (Ibarretxe terrorista, Arzalluz asesino), pero la realidad en muchos casos era que las cámaras (las mismas que ignoraron al acusador de la Almudena) vendían la parte por el todo, deformando la realidad para mayor agradecimiento de los abueletes falangistas, que echaban mejor la siesta tras haber comprobado que "los vascongados saludan al Caudillo".
Lo expuesto no es nada nuevo, ni es mi intención emitir un juicio de valor sobre lo dicho hasta aquí (¿engañó a alguien Antena3?). El propio David ya se encargaba de enfocar la cámara hacia donde quería; "Nadie puede reinar inocentemente", decía Robespierre, tan admirado por el pintor de la Academia. La emisión del funeral viene a confirmar que tampoco se puede comunicar inocentemente, aunque se quiera, y que en momentos de tensión todo acto puede hacer daño a alguien, nos guste o no.

Ya es primavera en el Corte Inglés

Ahora que por fin se han acabado los anuncios de navidad vamos a tragarnos la siguiente oleada de publicidad sobre el cambio de estación: ropa nueva, las vacaciones más cerca, todos a la playa, cuadernos de estudio veraniego y todas esas cosas que se caracterizan porque en su consumo alguien se forra sin que le veamos ni la cara.
Hay que reconocer que en primavera hay un cierto relax con respecto al invierno, estación en que la publicidad satura hasta llegar a la extrema crueldad. Recueldo con especial horror las avalanchas de anuncios de colonias que aparecen en los lugares más insospechados. Como las cucarachas, se pasan el día buscando rendijas por donde extenderse y dejar su rastro de gilipollismo absoluto. Porque los anuncios de colonia no son como los de detergente, de un gilipollismo honesto, humano, sino que buscan sus referentes -diríase- en las horripilancias abstractas del arte contemporáneo; desde la horterada pura y dura hasta estridencias totalmente absurda, tenemos que tragar con esos monumentos al consumismo día sí y día tambien por tres largos y oscuros meses.
Porque los anuncios de colonias muestran claramente lo consumista que es nuestro mundo (y lo que ya decía el ADN, que no nos diferenciamos tanto de las moscas). Al igual que los anuncios de ropa y muchos otros, pero con mayor descaro, te demuestran que cuando vas a comprar, no buscas un producto, sino la exteriorización de una imagen ante el resto de las personas. La idea de identificar un producto con un hábito o comportamiento es vieja, y estos anuncios no le aportan nada nuevo, salvo el hacerlo de una forma totalmente descarada.
Y la broma es que te los has de comer! esos engendros creados bajo la consigna del "cuanto peor mejor", metidos con calzador en la cabeza de algún publicista que solo piensa en la pasta (como haríamos todos, confiando en que la gente no sea tan imbécil de tragárselo, aunque la realidad te demuestre lo contrario una y otra vez) y vomitados sin piedad en el televisor, en las pancartas, en las revistas, te acaban alcanzando, como pesados mosquitos en busca de dinero que chupar.
Con la primavera uno puede despedirse en buena parte de estos anuncios, y de las paranoias provocadas a posteriori por los mismos, y que le hacen a uno cuestionar la racionalidad del mundo en que vive (porque si los emiten año tras año, será porque hay gente que le ve una cierta lógica; y visto el precio de la publicidad, serán muchos para pagarlo). A partir de ahora los anuncios seguirán siendo igual de estúpidos que siempre, para confortar a la gente que, como yo, hace muchas veces del ver la televisión un acto de reafirmación masculina y viril.