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Sesión Digital

Pujolópolis

Las convulsiones de la política catalana en estos últimos días me recuerda preocupantemente a lo que me contaba cierto profesor de historia sobre unas cosas que pasaron en Italia allá por los 90. Sucedió que muchos italianos, hartos de una situación, decidieron acabar con ella por el método más expeditivo: tirar de la manta, cantarlo todo, confesar entre lágrimas cómo durante años habían participado del cotarro montado por la Democracia Cristiana, consistente en cobrar comisiones por todo lo que uno pueda imaginarse, desde la apertura de una fábrica hasta la obtención del padrón municipal.
Era ese el sistema -recordemos- impuesto por los yanquis para frenar a cierto partido de izquierdas que en las primeras elecciones tras la guerra obtuvo un 48 % de los votos.

Claro, es uno de los defectos de la democracia a la europea el que los partidos no puedan recibir ayudas directas, y deban "conformarse" con las cuotas de los militantes y las ayudas oficiales. Esta farsa que en nuestro país ha puesto a los grandes partidos en manos de los grandes bancos (¿no es bello el amor?) fue solucionada por los italianos mediante el cobro de pequeñas "ayudas" por las diversas gestiones burocráticas de realización obligatoria para el normal desempeño de las tareas diarias: ¿un permiso de obras? no hay problema ¿la apertura de una empresa? benvenuto ¿impedir una inspección de trabajo malintencionada? avanti tutta! Poco a poco la vaca se fue inflando, y lo que iba para carteles y el coche oficial de Andreotti & cia. acabó sirviendo para el chalet del alcalde, el buque del parlamentario, la querida del ministro e incluso para el asesino a sueldo del presidente, que por algo era el presidente de la Democracia Cristiana.
Hasta que en los años noventa se alcanzó el límite, el no va más, y todo saltó por los aires. Del mencionado partido ya nada se sabe, y eso que sólo han pasado diez años. Como siempre, unos pocos pringaos pagaron el pato mientras el resto optó por seguir el camino del amigo Craxi. Como siempre, y no olvidemos que hablo de Italia, todo cambió para que nada cambiara, y el relevo teórico de esa pandilla de mafiosos se vio truncado por los avatares de la historia, dejando las puertas abiertas a un personajillo, a la sazón empresario de las comunicaciones, que desde entonces hace y deshace, aprovechándose de esa república arruinada por los cristianos (justo como la nuestra, cosas de la vida).

Pero esto son temas a parte y yo quiero hablar de otra cosa. Pujol es un gran admirador de Gramsci, y en muchas de sus acciones se ve la mano del fundador del PCI. Pero en otras prefería tirar de la Democracia Cristiana, y durante 23 años el caballero Jedi tejió una red de contactos y afinidades sobre la cual no dudo que unos se beneficiaron más que otros, pues ésta es la política de los hombres, y hasta la fecha no ha habido otra.

Ahora Maragall va y suelta en el parlamento eso de que el rey está desnudo; pero Artur Mas, en vez de negarlo una y mil veces como habría hecho el PP (qué grande eres, Goebbles) va y pide a Pasqual que lo retire, que pida perdón y que todos hagamos ver que nadie ha dicho nada. ¿Nadie? Sin comerlo ni beberlo el molt honorable ha dicho "el nom del porc", y como ahora CiU ya no tiene una Generalitat que le cobije, se ha abierto la veda, y hasta el ex·honorable ha tenido que saltar a la palestra con la bragueta sin abrochar para decir que él no quiere saber nada, que ya está jubilado y que le dejen ir a la Pica d'Estats que es donde más cómodo se encuentra.

El bueno de Pasqual se desdijo rápidamente, espectador atónito de su propia inconsciencia, pero ya van unos cuantos días y aún tiene que salir a llorar y decir que no pasa nada, que lo olvidemos. Porque Pasqualete sabe muy bien lo que está en juego, y no son las responsabilidades del Carmelo, que a fecha de hoy bien poco les importa, sino el haber levantado sin querer la alfombra, mostrando al respetable lo que se supone es sólo un ápice de la inmensa mugre que se mantiene oculta.
¿Tirarán de ella? Esa es la pregunta que me hago. Dudo que CiU haya alcanzado las aberrantes cotas de corrupción a que llegaron los cristianos de Italia, sin embargo no hay duda de que si se ponen a buscar encontrarán, porque 23 años dan para mucho, y lo que parecía una sucesión en el trono puede convertirse en otra "guerra dels segadors" en menos que canta un gallo. Porque el PSC no está libre de pecado, y si unos mordían en la Generalitat, los otros hacían lo propio al otro lado de Sant Jaume y en muchos otros lugares.

Este es el gran tema, durante 23 años la política catalana se ha basado en un gran pacto, un pentapartito en el que cada cual sabía el lugar que le correspondía; donde todo estaba bien y cada cual cogía lo suyo: yo no digo nada, tú no dices nada, y como no hay otros partidos más que nosotros, pues no nos pueden echar. Así ha sido durante décadas, y no se si los resultados son para estar orgullosos o avergonzados. Lo que sí parece es que gracias a la estupidez de un vejete fondón el sistema político catalán puede irse al garete. Pasen y tomen asiento, que tal vez estemos asistiendo al inicio de "Pujolópolis".

La mosca cojonera

Parece que ETA no ha podido resistirse a dejar claro quién la tiene más larga en esto de joder al personal. Este último coche bomba, un R-19, que dicen que es muy fácil de robar, ha sido recibido por la prensa con más frialdad que los anteriores. Ya se sabe que con el nuevo presi el circo mediático ha trasladado su foco a otra pista, y los que braman sobre el tema del terrorismo ahora se sienten más huerfanitos. Aún recuerdo algún comentario en una tertulia matinal sobre la posibilidad de que a Mayor Oreja optase al nóbel de la paz. Joyas de éstas ya no se pueden ver, y a día de hoy "La pelota vasca" sólo la verían cuatro.

Pero la prensa también tiene sus debilidades, ya se sabe, que aquí todos nos conocemos, y no ha podido resistirse a hablar de la bombita de ayer como una demostración de fuerza de la banda. Me pregunto por los elementos que justifican esta afirmación y no los encuentro. Los señores, al parecer dos, que cometieron el atentado no parecían desertores del KGB con 20 años de experiencia. El coche fue robado el día antes ya de noche, y se trataba de un modelo anteriormente usado por la banda y no tan usual en la actualidad como hace unos años. Entre el robo y la colocación del coche transcurren sólo 12 horas, en ese tiempo han instalado el artefacto, que incluye 30 kilos de explosivos, una cantidad fácilmente transportable en 2 mochilas. Dejado el coche en un lugar cercano a IFEMA los dos colegas se van caminando y son identificados por una cámara de seguridad, y apenas una hora después, cuando aún rondan por la capital, la bomba hace explosión.

Me pregunto hasta qué punto lo arriba expuesto es una demostración de fuerza. El acto ha sido cometido por dos personas que, en medio día, han obtenido un coche bomba y lo han hecho explosionar en una feria de exposiciones, para a continuación desaparecer. Esto lo veo yo más como un acto de astucia de dos tipos listos que como una muestra de "potencial" susceptible de desarrollarse, de ir a más.

Lo que sí ha demostrado ETA con este atentado es que poner bombas es mucho más fácil de lo que pueda parecer, que el gobierno no se flipe tanto con la logística porque para hacer volar un coche por los aires bastan un par de contactos y un loco que se ofrezca a llevar el encargo.

Ello no supone una novedad, es algo que se sabía cuando Hipercor, igual que cuando los concejales del PP, sin embargo el amigo Aznar logró subir tanto el tono que convirtió en insoportable incluso un atentado con coche bomba; al convertir a ETA en un pilar de la política española, les dio una importancia inimaginable años antes, y ahora hasta sus más discretos actos (un coche bomba sin muertos, aunque con más de 40 heridos leves) se convierten en muestras de su "potencial".

Tal vez el titular para hoy debería ser "ETA demuestra la imposibilidad de prevenir un ataque terrorista", pero claro, es más fácil echar la culpa a la bomba, y en eso estamos.

El señor Gómez

Hace tiempo que ronda por mi cabeza una teoría sobre los medios de comunicación y sus consumidores. La idea es que el consumidor, una vez ha visto los titulares de premsa, o el resumen del telediario, o lo que sea, ya se considera instruido sobre todos los temas que trata. Hablo del señor Gómez de turno que cada mañana va al quiosco y compra el periódico pagando religiosamente el euro con diez que vale. Acto seguido toma el metro camino de la oficina, y como son nueve paradas se pone a hojear las páginas en busca de algún tema entretenido. va pasando página tras página, lee las tiras cómicas, los titulares, destacados, e incluso la columna de algún articulista de su cuerda, hecho que ya le capacita para convertirse en un tertuliano de primera categoría durante la hora del café. La cuestión es que al leer las noticias, más allá de la reacción que le provoque el suceso, implícitamente aceptará que ya hay alguien que se encarga de ese tema. Si hablan de las víctimas del terrorismo, señal que alguien se ha ocupado de ir a verlas e interesarse por ellas, si ve los muertos del tsunami, pues todo perfecto, porque al lado aparecen unos señores muy blanquitos con cruces rojas en el hombro que les ayudan y tal, o sea que no me des la brasa con este tema. Así van pasando las páginas hasta llegar a la sección más leída del periódico tras el tiempo y la programación televisiva: los deportes. Aquí el señor Gómez, que de política entiende bastante, pero de deportes aún más, porque ve el fútbol todos los domingos, se desmelena y engulle hasta la última palabra de la página, actualizándose con todo detalle sobre el núcleo del 80 % de las posteriores conversaciones que tendrá durante el día.

ASí es la cosa, como en el periódico hablan de todos estos temas, el señor Gómez puede darse por instruido o, en caso contrario, tiene la confianza de que los medios de comunicación le alertarán cuando acontezcan cambios de importancia. Por tanto, puede dedicarse a lo suyo, hacer informes, tomar cafés y mangonear material de oficina. Los jefecillos, que si lo son bien lo han de demostrar, se superan y se tragan muchos la tertulia matutina que desde hace unos años acostumbra a emitirse en todos los canales. Ahí ya te sobras, chaval, porque llegas a la oficina y dices que acabas de oír al Rubalcaba decir no se qué sobre las políticas europeas y no se qué comisario de Bruselas que es un cabrón. Y con ese arsenal va el señor Mateu y se apalanca en la silla acolchada (un poco más alta que las demás, un pelín más cómoda, sólo por joder) convencido de que domina el mundo.

Es un vicio de las personas satisfechas de sí misma buscar el modo de justificar, legitimar su conducta desde el más absoluto buen rollo. Algo parecido sucede en las sociedades que han alcanzado un cierto bienestar y están más preocupadas por mantener su status quo que por reformar lo que ya va bien a una mayoría, de ahí a mirarse el ombligo y sonreir de felicidad hay un paso, y éste es el que los medios ayudan a dar con sus informaciones. No es nada nuevo, porque los resúmenes hace ya siglos que circulan, y el comprar libros para no leerlos algo muy habitual desde que las obras impresas abandonaron su condición de objeto de lujo. Lo nuevo es la amplia difusión que hoy dia se hace de esa soberbia de la información, del creerse informados no ya por leer una breve información sobre un tema, sino simplemente por adquirir, por tener entre las manos las páginas en que se han estampado las palabras, por ver cuatro imágenes de un combate en Faluya o un golpe de estado en Nepal (curioso país). Estas legiones de Gómez, Pérez, Suárez y compañía van por el mundo con la panza inflada y la mancha de mayonesa en la barbilla, convencidos de que la administración de los grandes temas (un estado, por ejemplo) es una mera cuestión de criterios y deseos, no de trabajo y voluntad, y que por tanto están capacitados para ejercer cualquier cargo público. y todo este rollo para llegar a la conclusión de que lo ideal es que el control de lo público esté en manos de alguien como él, de otro Gómez sonriente y bonachon que entre visita y visita al palco del Bernabéu no tendrá problemas para controlar una maquinaria perfecta, moderna, desarrollada al máximo y capaz de preveer y afrontar todo problema.

¿En qué se plasma todo lo dicho? hace pocos días que se celebró el 60 aniversario del cierre de Auschwitz, el mayor proyecto de exterminio humano de la era industrial. En las pantallas del metro aparecían los rostros esqueléticos de los prisioneros recién liberados, de los soldados saludando bobalicones a la cámara, de las pilas de cadáveres desnutridos, amontonadas a la espera del fuego y la chimenea. Poca gente las miraba más de un rato, no es una imagen agradable a las nueve de la mañana, y menos al cruzarte con el décimo monitor que muestra la noticia, de no más de un minuto de duración. Así pasó la fecha, com muchas fotos poco vistas, con preciososo infográficos del proceso de exterminio, mapas del campo, fotos aéreas y alguna biografía de los nazis encargados del proceso de exterminio.

Al día siguiente se había acabado el tema, Auschwitz volvió al olvido y nosotros a la cocina. El señor Gómez, que ha visto las fotos e incluso ha leído algún pie de foto, ya se siente vacunado contra el nazismo. Es más, como la noticia ha aparecido en todos los medios de comunicación, da por sentado que toda la sociedad ha sido inmunizada contra el nazismo, y por tanto cualquier cosa que venga de esta sociedad tan bonita será cualquier cosa menos un engendro del amigo Adolfo. Así piensan muchos, y en los medios se apoyan para discurrir de tal forma. El mismo orgullo de los grandes imperios pagados de sí mismos, pocos años antes de caer derruidos, el de los ancianos que ya lo han hecho todo, y por ello no aceptan ser criticados ni en lo más evidente, el orgullo en definitiva del ignorante, que lo es porque cree saberlo todo.

La historia nos dice que los que así creen están condenados a ser engullidos por el propio tiempo, que todo lo cambia y arrasa con quien pretende impedirlo, pero en el camino se corre el riesgo de repetir errores, de recuperar sufrimientos, de añadir una nueva vergüenza a la historia de la humanidad. Tal vez muchos hayan olvidado que la creación de Auschwitz se debió a un monton de Gómez que, convencidos de que todo lo hacían bien porque lo contrario era imposible, se dedicarón a efectuar pequeños retoques en el seno de su sociedad, con la misma ilusión con que un niño juega con la pistola de papá.

Una dosis de nihilismo

Vino el otro día mi buen amigo Toni de visita, a alegrarme la mañana del siempre esperanzador viernes. De paso, me hizo un retoquillo en el blog que ahora puede verse. El cuadro que adorna esta página desde hace unos días es "El origen del mundo" una bella obra de Courbet que puede contemplarse colgada de las paredes del museo de Orsay, en la ciudad que bien vale una misa. La obra en sí es lo que ustedes ven, un primer plano de una vulva peluda y sana, que el pintor realizó con gran maestría, para mayor vergüenza de los pintores de la época, preocupados en pintar cuadros cucos y asépticos para los salones de la burguesía.

Porque esta obra de buen seguro afectó en su época. El tal Courbet era un niño bien que le salió rebotón a papá. De él se recuerdan otras obras antes que esta, y particularmente me gusta el entierro de Ornans, por gastar la misma mala leche que el cuadrito del coño. Porque cuando a Courbet le dió por joder al personal, no se fue a la India en busca de elefantes blancos, ni rebuscó en lo más profundo de la mitología para hallar mágicos paralelismos que describieran de un plumazo lo trágico del mundo en que vivía y esas cosas. No, el niñito lo tuvo mucho más fácil, pues su forma de joder fue elevar al altar de la pintura lo cotidiano, lo natural, lo fétidamente humano que hay en todos nosotros. Y la gente se ofendió al ver esas imágenes para las que no requerían cuadros, pues les bastaba con salir a dar un paseo, o acercarse a un lupanar de mala fama. Courbet pretendió enfrentar a su época consigo misma, y la gente huyó despavorida, pues a nadie le gusta reconocer lo que de engaño hay en sus creencias, en su fe, sea católica o no.

Courbet la diñó hace tiempo, pero la sociedad que lo engendró pervive hoy día, e imagino que continuará en su lugar por bastante tiempo. Por eso es lícito seguir mostrando coños (y pollas y tetas también, como Miró, ¿no, Toni?) para no olvidar que venimos básicamente de ahí, no de Olimpos ni Edenes, y que lo que tenemos es lo mismo que llevábamos encima cuando salimos de ese agujerito; lo demás es farsa, decorado, disfraz de carnaval para mantener de una u otra forma el engaño que nos hace vivir como vivimos. Ahí queda, porque empacharse de engaño nos lleva a la derecha, ya sea en el púlpito de la iglesia o en una party tuning. Es bueno de vez en cuando echar un vistazo a lo que somos y recordarnos como pedazos de carne viva buscando comida y agua por estas tierras.

A España sufrir hasta morir

Lo escrito a continuación va para mi amigo Sergio, es la respuesta a su blog del día 19 (http://librodearena.blogia.com/); como no he podido colgárselo en su página, lo dejo aquí de regalo:

No entraré a discutir el tema de la necesidad de los ejércitos, como nadie discute que hacen falta barrenderos o enterradores. Sin embargo, sí criticaré al amigo Reverte por olvidar su antiguo oficio de periodista y escribir un artículo sin tener ni puta idea de qué habla, como esa pandilla de chiripitifláuticos a quien tanto gusta mentar el cartaginés.

Porque la susodicha inscripción -felizmente retirada- ocupaba toda la loma de una montaña, siendo las letras de unos 10 metros de altura cada una, y mostrándose de cara a la carretera. Me parece muy bien que entre los actos castrenses se encuentre el mantenimiento de la fidelidad a la patria y un regular lavado de cerebro a los cadetes, porque para matar hay que tener las cosas muy claras, y el oficio de los soldados no es otro que matar.

Pero esto es algo que les interesa a ellos, y no a la mayoría de los mortales, que nos ganamos el bocata con el mismo respeto y sin hacer tanto el indio por ahí. ¿Han visto jamás un desfile de carteros? ¿se celebra acaso el día de las fuerzas funcionarias? Los soldaditos no son más importantes que nadie, así que no ha lugar para que reciban un trato preferencial; y, opina un servirdor, muchísimo menos el ejército español, paradigma de la incompetencia militar desde hace algunos siglos, con una lista de derrotas, fracasos, traiciones y vilezas difícil de superar.
Pero es que el tema no acaba aquí, porque la inscripción de marras viene a sustituir otra que por tres décadas ocupó ese mismo lugar para mayor regocijo de los señores del yugo y las flechas, y que decía "Franco, Franco, Franco". ¿Te imaginas, amigo Sergio, lo que debe ser comerse ese sapo inmenso cada mañana al ir a trabajar? Yo no me lo imagino, y por eso no juzgo la decisión de los señores de Tremp, Camarasa y alrededores, de presionar para que quiten esas letritas y dejen el monte para los conejos, los jabalíes y las parejitas que quieran meterse el lote, que para hacer propaganda del ejército ya nos basta -y nos sobra- con el amiguete Bono y su cabrita Chusquera.

Votad malditos!

Dentro de muy poco podré votar en mi primer referéndum, no es que me haga especial ilusión. Por edad me perdí el último, el de la OTAN, aunque recuerdo las pintadas en la calle, y el "OTAN no, bases fuera". Dudo mucho que este próximo sea recordado de igual modo, pues en este caso nuestra decisión ni será nuestra (nuestros votos se añadirán a todos los del resto de la Unión) ni se realiza en un contexto de recuperación de libertades, en el cual la entrada o no en una banda armada internacional tenía muchos más significados que el de entrar en el selecto grupo de mantenedores del statu quo.

Da mucho que pensar una constitución que se publicita como un detergente o una marca de refresco, con el famosete de turno leyendo el pizarrín y tira millas, que la gente es tonta y compra lo que les digamos. Imagino que será porque ni los defensores de la constitución saben explicar para qué va a servir esta nueva carta magna. No es que no lo sepan, no, pero o nos toman por tontos, o se temen que al oír los motivos nos envíen a la mierda. Porque el origen de este texto constitucional se encuentra en las banalidades de algún cerebro desgañitado de Bruselas que considera que hecha la ley, logrado el objetivo. Me pregunto qué habrá fallado para que esta idea haya superado todos los filtros y se encuentre hoy día a un paso de convertirse en ley.

Porque una cosa es colaborar en el mutuo desarrollo económico de Europa, vale, y de regalo alejar el fantasma de una nueva guerra europea, de acuerdo. Pero de ahí a hablar del continente como un único pueblo, a creer que todos somos hermanitos y nos queremos mucho, va un señor paso. Los señoritos de Bruselas, que cobran 15.000 euros al mes dietas a parte y se pasan el día conversando en idiomas exóticos, tal vez sí se consideren un pueblo y se quieran mucho y esas cosas tan bonitas. Pero no es de corte sabia el ignorar a la plebe, y si no que recuerden el cabreo de ésta cuando Maria Antonieta les recomendó un cambio en la dieta. Afortunadamente para los nenes de Bruselas, el vulgo ha evolucionado bastante, y pueden estar bastante seguros de que no acabarán en la guillotina (ojalá nosotros tuviéramos las mismas garantías por parte de nuestros dirigentes), pero ello no significa que estemos en Jauja, y que porque ellos lo digan ahora el menda sea hermanito del alma de fineses, húngaros y chipriotas.

Pese a todo imagino que este trágala funcionará, como han funcionado todos hasta ahora, porque el país está mejor que antes, y porque los chinos acojonan un rato largo. La constitución se aprobará, si no ahora dentro de unos años, y sus artículos se elevarán al gran altar para que ser debidamente incumplidos o tergiversados cuando convenga. Pero que no se hagan ilusiones ni en Bruselas, ni en Madrid ni en Villabotijo. Vamos a seguir tal como estábamos, los que mandan seguirán haciendo lo que les de la gana, el mercado va más allá de las leyes y esta constitución no será una excepción a la norma. ¿O acaso servirá de algo que la constitución diga que debe buscarse el pleno empleo, los ríos limpios de mierda o incluso que convierta en ley la felicidad? Hasta ahora han sido palabras inútiles, y su desaparición lo único que hará será limpiar de hipocresía la norma general. Mi pregunta es por qué nos molestan con referéndums tontos tras 15 años de hacer lo que les ha convenido, por qué utilizan la herramienta electoral únicamente como barniz canonizador de las decisiones ya tomadas, dejando el resto del proceso en manos de un abuelete que se cree que la gente aún va a misa y que la riqueza de Europa nada tiene que ver con la explotación infantil en Asia.

Será porque heredan la tarea que antes correspondía a reyes y emperadores, que los políticos olvidan con demasiada naturalidad que son funcionarios, igual que los barrenderos o los carteros, y como tales deberían limitarse a cumplir con su función, que es la de gestionar lo público, y no la de comernos el coco para adaptar la sociedad a sus necesidades.

Vuelta a empezar

Se ha acabado, el tema ha dado para diez días, no más. Ese es el tiempo que han durado los 150.000 muertos del maremoto en nuestras retinas. Ha sido todo un espectáculo, y no pocos habrán sufrido traumas profundos como el de Voltaire, que renunció a su afirmación de que vivía en un mundo perfecto al tener noticias del terremoto de Lisboa. Y es que la naturaleza tiene esas cosas, que te pone en tu sitio con apenas chasquear sus dientes. No se si caben las comparaciones en estos casos, sin embargo da qué pensar el poner frente a frente estos muertos con los cadáveres vecinos de las calles de Bagdad. Hablan de más de cien mil muertos; me pregunto de dónde sacarán esa cifra, si habrá un responsable oficial de tan macabra suma, tal como los hay de masturbar a los cerdos, o adecentar los cadáveres antes de mostrarlos a la familia. ¿Malos oficios? quien afirma tal cosa olvida que lo malo es la vida, pero es más fácil vivir odiando al mensajero.

La cifra es espantosa, y las consecuencias del maremoto de una magnitud bíblica. La leyenda del arca de Noé, dicen, tiene un trasfondo cierto. Hace miles de años el Bósforo era un puente de tierra que encerraba las aguas del Mediterráneo por el noreste; hasta que un día el paso tembló, las milenarias piedras comenzaron a resquebrajarse y nació el estrecho que conocemos hoy en día, con todo el estruendo que provoca la naturaleza cuando se despereza. Si viviéramos en otros tiempos y en otro lugar, tal vez esta gran ola que invadió tierras distantes por miles de kilómetros se habría convertido en una leyenda, un cuento con trasfondo religioso en el que a buen seguró habríamos tenido uno o varios dioses, un mortal homérico en el centro de la historia, e incluso alguna moralina para zanjar el tema y justificar el cuento ante las autoridades competentes. Todo con un lacito y una carta de felicitación para aquellos que lo leyeran, por no tenerlo que haber vivido.

Pero los años no pasan en balde, y las estampitas de San Judas Iscariote han sido reemplazadas por los DVD's de la tragedia, un compendio de imágenes de muerte y destrucción que pueden quedarse como recuerdo aquellos que sobrevivieron a la furia del mar. Es una verdaderá lástima que los turistas hayan abandonado el lugar, pues ellos son los mejores clientes de estos productos, y a buen seguro habrían pagado algo más que los 2 euros por los que se venden estos compactos en las desoladas calles de Tailandia, Indonesia, Bangla Desh y demás países exóticos que han sido atacados por la ola.

Pero esto ya pasó, y los primeros en olvidar el suceso son sus principales víctimas, los nativos del lugar. Sucede en la práctic totalidad de las vidas humanas, algún hecho que las trastoca radicalmente, que convierte en cenizas el camino realizado y obliga a iniciar uno nuevo, pues no existe ruta en este mundo que pueda realizarse dos veces. Me pregunto qué habría pasado de provocarse este terremoto en pleno Atlántico: las Azores desaparecidas de la faz de la tierra, igual que numerosas tierras del Caribe, desapareciendo así la posibilidad para muchas familias de turismo barato en la tierra del merengue. Nueva York se habría llevado una buena remojada, sin duda, y la estatua de la Libertad sería recordada hoy como el nuevo monte Ararat. ¿Las torres gemelas? una historia de antes del maremoto. Europa habría sufrido no menos duramente las consecuencias; veríamos a portugueses y gallegos rasgarse las vestiduras mientras recogían del agua no chapapote, sino cadáveres. Tal vez el Támesis habría subido su nivel, desmontando el sistema antiinundaciones que impide que las ribas de Londres se sumerjan bajo sus aguas.

Si eso hubiera sucedido tal vez sí podriamos hablar de otra leyenda bíblica, otra arca de Noé, porque habrían muerto personas de primera, héroes a la antigua usanza que perecen no por pobres o por desvalidos, sino por los infortunios de los Dioses que así lo han decretado. Porque occidente nunca se equivoca, y por eso cuando el destino quiere que tres mil de sus hijos perezcan en el hundimiento de unas torres, deben buscarse responsables, y éstos han de pagar su merecido, sean mortales (guerra en Afganistán) o no (desviar ríos, allanar montes, construir infraestructuras, todo en pos de la salvaguarda de los occidentales).

Es cuestión de tiempo al tiempo, y si no que se lo digan a los de Pompeya, ya nos tocará y entonces nos reiremos cantidad. Ya no podremos mirar hipócritamente hacia otro lado, como se está haciendo ahora una vez repatriados los turistas occidentales. El terremoto de Bam, con 50.000 muertos, duró dos telediarios; ésto ha durado un poco más, aunque tras inventarse el bulo de que es la peor tragedia de los último 50 años (en los 90 dos ciclones causaron en Bangladesh casi 300.000 muertos), y encima nos hemos colgados la medallita de que occidente es la tierra más solidaria, cuando la verdad es que se trata de la más hipócrita. No aprendemos del pasado, al contrario, lo imitamos con cerril obcecación, y llegará el día en que, como el hijo pródigo, tendremos que mendigar a nuestros hermanos (porque en este mundo tan pequeño hasta los chinos son compadres) y vender nuestra herencia por un plato de lentejas. Una vez más la Biblia, una vez más, algo que ya sucedió.

Buen comienzo

Con la panza llena, el café sobre la mesa y la felicidad que da el saciar los apetitos; así, igualito que Franco cuando firmaba las sentencias de muerte, está el menda sentadete ante el ordenador. No tocaba el blog desde el año pasado, y eso es mucho tiempo diga lo que diga el calendario. En el camino ha quedado una semana de esas que me costarán olvidar, uno de esos sueños que nacen de la somnolencia en horas de trabajo, y van cogiendo forma en los ratos muertos hasta conformar pequeños retazos de vida no vivida. La semana pasada comencé 2005, el vigésimo séptimo año que tengo a bien consumir, llenando este sueño de tactos, gustos, olores y un millar de detalles (fotos incluídas). No se cómo acabará este año, pero en cualquier caso siempre me quedará París.

Hasta la próxima

Escribo mi último artículo hasta el próximo año, que aunque parezca méntira, será el 2005. Me se más viejo, porque estoy más desencantando que el año anterior por estas fechas. Si mal no recuerdo, utilizamos para contabilizar el tiempo el calendario gregoriano, debidamente adaptado a los tiempos que corren. Éste, a su vez, proviene del calendario romano instaurado por el emperador Augusto, ese enclenque jovencillo que tuvo el raro placer de convertirse en verdadero amo del mundo sólo por ser hijo -sobrino, mejor dicho- de quien era. En aquellos tiempos los calendarios se hacían en función de las estaciones, marcados intensamente por el ritmo de las cosechas y demas tareas del agro. Es enternecedor ver que esta idea del tiempo humano asociado a los avatares de la naturaleza se mantiene hoy día, cuando sólo un 4 % de la población se ve directamente afectada por ella. Para el resto de los mortales el desapego es notable; nuestro contacto con la tierra de la que venimos y a la que volveremos se reduce a las tarifas del aire acondicionado, el fin de semana -playa o montaña- y la ropa que nos pondremos y que, dentro de tres o cuatro meses, cambiaremos por otra nueva aunque la del año pasado nos siga valiendo.

El añó que viene tendremos móviles que nos enseñarán la imagen de la persona que nos habla desde el otro lado, y los casquetes polares irán camino de encontrarse con el mamut, el rinoceronte lanudo, los verdes prados de Oriente Medio o el gran mar que cubría Montserrat y alrededores. Supongo que se hablará más -un poquito más- de lo que vendrá después del petroleo y sus derivados. Asímismo, veremos morir a unos cuantos colegas más, gente que creíamos inmortal porque ya estaban allí cuando nacimos. Espero no seguir por aquí cuando este proceso se complete, porque cada uno ha nacido para vivir en su entorno, y no en ningún otro, mal que les pese a muchos soñadores de mundos irreales.

Imagino que los próximos 300 días y pico pasarán igual de rápido que éstos, y cuando se hayan acabado seguro que volverá a nosotros el sinsabor del tiempo perdido por pasado, irrecuperable por mucho que pretendamos lo contrario. Cada día es único, cada mañana sale un Sol distinto, aunque nosotros, miserable atajo de partículas pululando sobre una bola de escoria y polvo estelar, no sabemos ver la diferencia, y llamamos del mismo modo al astro que emergió el lunes que al que se despidió de nosotros el jueves. Seguiremos dando valor a las cosas que no lo tienen, y otros seguirán con su empeño en hacernos ver que todo es un engaño, como si no lo supiéramos, como si no quisiéramos otra cosa que engañarnos de una forma u otra, vacuna humana para el pecado de Adán y Eva.

La celebración de la navidad, la reunión de la familia bajo un mismo techo, tiene un origen tan mundano como el ciclo estacional, y por eso cada vez tiene menos justificaciones. El consumismo la ha salvado hasta ahora, aunque no se sabe por cuánto tiempo logrará mantenerse esta celebración en nuestros calendarios. Tal vez en unas décadas los retoños no tendrán ni idea de qué narices es esto de los turrones, las campanadas y el abuelo bailando la jota en calzoncillos sobre la mesa del comedor. Para los bobos que sigan creyendo en el espíritu navideño darles mi más sincero apoyo, aunque nos llenen las calles de papás noel ex·alcohólicos y estridentes adornos navideños. Si así son felices, por mí que no se diga. Para el resto de tontiprogres que como el menda sólo saben ver estas fechas como vacaciones, paga extra (para quien la tenga) y mil excusas para no ir a las comilonas familiares, ánimo, a beber y a follar que son dos días, como decían unos colegas del tren.

Para terminar estos párrafos de sentimentalismo barato, quisiera brindar por esta vida que es redonda y da vueltas, por esas guerras que adornan nuestros televisores, por las crisis que nos amenazan constantemente, por el libre mercado que siempre tiene todas las soluciones, por los posmodernistas que con sus gilipolleces nos permiten contradecirles inventando un pasado más bello aunque igual de ficticio, por Lenin y el socialismo, que cada vez está más cerca de Alejandro Magno y más lejos de Felipe González, por el Papa que cada vez se muere más, y con él su amada iglesia. También por Lady Di, que este año ha tenido a bien no morirse, y nos ha ahorrado muchos cleenex, por Harry Potter por lograr hacer leer a la generacion de la Play Station; por Pinochet, que no acepta la digna salida del suicidio y se mantiene vivito y babeando para mayor goce de los que quieren verle sufrir hasta el último minuto. Por JoseMari, que ha recuperado el ostracismo y nos ha librado de su incordiante presencia. Por Bill Gates, por Rupert Murdoch, por Emilio Botín e incluso por Manuel Fraga, todos aquellos que aún teniendo la vida solucionada siguen dando caña en el escenario, haciendo el payaso cada día para hacernos creer que el destino de los hombres está en sus manos, y no en las fuerzas aleatorias de la naturaleza, que todo lo crean y lo destruyen (y si no que se lo digan a los dinosaurios).

Hasta la próxima ida de olla.

Medios de transporte, medios de coacción

Como el país anda de vacaciones por los cerros de Úbeda, discutiendo sobre el sexo de los ángeles y a ver quién aguanta más sin cerrar la boca (tiembla Fidel, Zapatero ha hecho una marca de 14 horas), pues el menda se toma por su cuenta la licencia para hablar de otras cosillas no menos curiosas y entretenidas.

Hace ya tiempo que lo ví por primera vez, y reconozco que la impresión me adentró en un éxtasis difícil de explicar con palabras. Recuerdo la estación de plaza España, línea roja, esa inmensa vuelta de cañón que se yergue unos 20 metros sobre los raíles del metro, hija de aquellos tiempos en que las obras públicas no sólo eran, sino que representaban. Por decenios esta estación mantuvo su original decoración de polvillo negro encajado entre adoquines, miradas lánguidas de usuarios endormiscados y el bizarro colorido de los quioscos, bares y estancos que la pueblan. Uno de esos cuadros que si los firma Tàpies valen una millonada, pero que nadie quiere ni mirar si son los grafiteros los que imprimen su nombre en las paredes. Cual fue mi sorpresa cierto día que al entrar observé pasmado cómo la decoración clásica había desaparecido, y en su lugar la estación se hallaba literalmente forrada de un estridente color verde, manchado con los tipos de cierta marca de telefonía móvil. No podía creerlo, no estábamos en 1984 y sin embargo Orwell habría podido firmar aquella escena; con una saturación digna del ministerio de propaganda nazi, hasta donde alcanzaba la vista todo era de verde chillón, acuciante, claustrofóbico. Los viandantes ya no se encontraban en la estación, flotaban en un gran cartel publicitario colgado sobre la nada. La llegada del metro, lo habitual en un lugar como ese, convertíase en un acontecimiento extraño, fuera de lugar en ese macroanunico que ahogaba la vista en una tonalidad verde, grande y libre.

La cosa no quedó ahí, y otros amiguetes secundaron la iniciativa convirtiendo cada rincón del metro en un gran anuncio, ora de café, ora de videojuegos, e incluso de publicidad institucional, que el estado del bienestar ha de ponerse a la última. El tránsito por el subsuelo urbano se convirtió así en un viaje por una gran pausa publicitaria sin mando a distancia para cambiar de canal. Hoy en día podemos contemplar estas grandes obras, estas pirámides del siglo XXI esparcidas por doquier no sólo en el metro, sino en los edificios en obras, las paredes lisas con cañón láser, paradas de autobús, farolas y, como no, la vieja y tal como están las cosas entrañable publicidad del correo de toda la vida.

Me pregunto cómo se ha llegado a estos extremos. En una sociedad donde hay legislación sobre contaminación acústica, industrial, normas de reciclaje, sanciones contra las cacas de perro e incluso reglamentación para el buen deshacerse de los cadáveres de la familia, cómo no existe todavía una ley contra la contaminación visual. Porque si un ruido de más de no se cuántos decibelios es ilegal, por qué no lo es menos una imagen, una horrible impresión óptica de más de 80 metros cuadrados? por qué se obliga a los obreros a llevar cascos para evitar el ruido, y sin embargo se permite que los funcionarios del transporte trabajen sin un buen antifaz, que les evitaría las múltiples molestias ópticas y mentales que supone la actual saturación de publicidad? Cómo, que con los ojos tapados no pueden trabajar? bien, pues que retiren los elementos que afectan a la salud de las zonas laborales. Al fin y al cabo, es un derecho muy sensato y razonable el trabajar en un ambiente que no afecte directamente la integridad física.

Nos piden que no cojamos el coche para desplazarnos, y al obedecer este consejo -muy sensato, dicho sea de paso- uno se encuentra a merced de las aves de rapiña del mercadeo contemporáneo, insensibles a la hora de mutilar el buen gusto y el sentido común con tal de vender un móvil más, de servir otra taza de café o de lograr otro lector onanista para su publicación semanal.

¿Terminará esto algún día? Sin duda, tarde o temprano se acabará con esta aberración del consumismo, aunque mucho me temo que cuando esto suceda no será para anunciar un retorno al sentido común de los directores de márketing, sino más bien el hallazgo de una nueva y aún más contundente forma de hacernos comulgar con ruedas de molino en la sociedad de consumo, ¿anuncios en nuestros sueños? ¿emisores de propaganda mental? Desde el día que me paseé en metro por un spot publicitario ya nada de ésto me sorprende.

La ceremonia

Hoy toca ceremonia, postín y alto copete. Para algo más de un millar de ex·alumnos de la Universitat Pompeu Fabra hoy toca hacer el indio como se hacía siglos atrás, cuando no había teléfono, ni bidé, ni libertad ni igualdad ni propiedad. En el Palau de la Música, un recinto muy cuco y muy burgués, la mencionada pandilla -entre la cual el autor se cuenta muy a su pesar- recibirá el diploma, y sus familias lo verán desde la platea rememorando los tiempos en que sus nenitos se disfrazaban de pastores o de florecillas y saltaban al escenario cogiditos de la mano de la profesora. Oh! una década de estudios para acabar donde comenzáramos, haciendo el indio con los compañeros de clase para mayor orgullo? de papi y mami.

Imagino que más de uno irá allí por gusto, porque le mole el tinglado este del paseo, y el diploma enrollado y los cargos muy encorbatados actuando como telón de fondo de la ceremonia. Igualito igualito que en las Américas, sólo falta que obliguen a llevar toga y birrete, y una Simth & Wesson del 37 bajo la falda, que siempre confiere realismo y autoridad al licenciado. Los hay, como digo, que disfrutarán de ese momento; sólo puedo compadecerles por haber nacido en la época y el lugar inadecuado. Estas pantomimadas (bonita palabra) estaban muy bien en la época en que la gente era analfabeta y el poder se exteriorizaba por los símbolos y no por las razones. Pero hoy día, que ya llevamos dos presis que parecen sacados del manual del buen vendedor de aspiradoras, que ni siquiera se respeta a los emperadores, me pregunto qué motivo tendrán estas escenificaciones. Me gustaría conocer a la persona que se encarga de impulsar año tras año este evento, quisiera hablar con ella y preguntarle a qué obedece el acto, quien puede tragarse a día de hoy esta megalomanía confitada de pasar por el estrado de las autoridades a recoger (como si te lo dieran, como si no te lo hubieses ganado) un papelito más falso que un billete de Mortadelo (el original te lo dan en dos años previo pago de 120 euros)sonreír y dar la mano, que parece que es la única faena de buena parte de la plantilla de esta universidad.

Espero dentro de muchos años hablar de este acto como de una pequeña aberración de mis años mozos, como la monarquía o el Liceo, restos de tiempos pasados que por su importancia pretérita han vivido más de lo que les correspondía por su funcionalidad. Aunque no me hago muchas ilusiones, que el circo sigue muy en boga, y nada hay más circense que un puñado de autoridades haciendo el payaso en público. Y si no, miren los telediarios.

Qué gustazo

Es estupendo, maravilloso, una de esas cosas que te alegran el día. Bravo, sí señor, chapó para la iglesia y sus declaraciones sobre el uso de preservativos. Para alguien como yo que se ha comido unos cuantos libros de historia, oír en directo esta clase de improperios es como viajar atrás en la máquina del tiempo, a esos años en que imperaba el analfabetismo y los poderes fácticos podían inventarse mil historias para esconder el tinglado, confiados en que el vulgo estúpido se lo comería con patatas.

Así es como parece que una parte de la Iglesia, y no la más discreta, sigue pensando hoy, en pleno siglo XXI. Nunca he creído que la fe religiosa fuese algo muy corriente, ni en nuestros tiempos ni en los anteriores. Éste campesino, o aquel señor burgués, realizarían sin duda las pertinentes tareas públicas de culto, destinadas a mantener su posición en la sociedad. Imagino que, además, periódicamente les vendría la vena milenaria y en algo razonarían sobre el tema de lo divino y esas cosas. Pero, a ver, un tío que trabaja los siete días de la semana de Sol a Sol, y que luego se muere de hambre año sí año también, ¿creera en alguna fuerza sobrenatural? lo dudo mucho, más si tenemos en cuenta que el mayor milagro que habrá visto el buen hombre será el crecimiento de una cerda hasta alcanzar los 100 quilos. Lo mismo puede decirse del burguesito, y del resto de peña que, más o menos libre de necesidades materiales, ha tenido que lidiar con los odios, las enfermedades, las desgracias y toda las bromitas que el mundo tiene a bien ofrecer.

Por eso imagino que al leer que, según la iglesia, los preservativos no son eficaces contra el SIDA, mi reacción no ha sido muy diferente de la de muchos de nuestros difuntos antepasados al oír que Carlos II era el enviado de Dios, o que la codicia era pecado, o que lo de currar toda la vida para el señor feudal era cosa buena y piadosa. ¡Ja! a engañar a otro, pringaos, que enmendaré como pueda la papeleta, porque si no me las haréis pasar canutas, pero no me toméis por tonto, que si no tuviérais detrás a los amiguetes empuñando sable, fusil o porra, os enviaba a la mierda en menos que canta un gallo.

Afortunadamente hoy la iglesia no cuenta con esas prebendas, y por eso me importa más bien poco lo que digan esa pandilla de sectarios, histéricos al ver que el tinglado se les viene abajo a velocidad de vértigo. Allá ellos con sus paranoias, que vender la dignidad para pagar los recibos es algo muy usual en los tiempos que corren. Por mi parte, sigo en la línea de los compadres, y me permito el lujo de enviar a la santa madre iglesia católica, apostólica y romana, a la santa y muy bendita mierda, que es un derecho de los ciudadanos el decir lo que les venga en gana, ganado a pesar de la cátedra de San Pedro.

Por otra parte, tampoco estaría mal que alguien les metiera una querella criminal por difamación. Si negar el genocidio es delito, socavar la lucha contra el SIDA no debería serlo menos.

El PSOE·SMS

Al parecer, los protagonistas de Gran Hermano van a continuar su chollo particular, ahora saltando a la publicidad institucional del referéndum de la Unión Europea. Me parece estupendo, por ellos más que nada, porque les dará una buena pasta currando muy poquito, y además sus padres podrán salir a pasear orgullosos los domingos por la rambla, pues los nenes han pasado de reyes de la telebasura a adalides de la alta nomenklatura europea, que tiene mucho más garbo y esplendor.

Por lo demás, me parece una medida de lo más razonable viniendo de quien viene. El bueno de Zapatero era un don nadie Leonés, un parlamentario de medio pelo, de esos que se cuelgan a mitad de la lista por motivos de política interna del partido. Frente a los candidatos populares, todos ellos con experiencia constrastada en altos cargos de gobierno, el leonés no podía esgrimir más que su pertenencia al APA y el haber sido finalista en la elección de presidente de su escalera.

Qué gracioso, decían todos, y no sólo los de la oposición. En su partido ni siquiera se molestaron a decapitarle, como hicieran con el ínclito Borrell; para qué meterse en fregaos cuando lo más sencillo era aguardar unas elecciones que ya todos daban por perdidas. Derrota, candidato a la basura y ahora va en serio, no valen Almunias ni tonterías por el estilo. Pero he aquí que ZP gana, no, mejor, arrasa, tumba una mayoría absoluta y se planta en el gobierno de la mano de comunistas e independentistas. ¿Qué ha pasado aquí? ¿ha habido un atentado? sí, sí que lo hubo, pero también hubo algo más. Las elecciones del 2004 se recordarán como las de los SMS, y no sólo por la jornada de reflexión. Los que dieron la Moncloa a Zapa son los mismos que, día a día, edición a edición, nominan y expulsan, elevan y hunden a toda esta maraña de nuevos famosos, hermanitos, triunfitos, granjeros y demás fauna, Dios mediante el envío de mensajitos para mayor alegría de las televisiones, que han encontrado un filón de ingresos donde antes no había nada.

Este es el gobierno del SMS, del buen rollito, de los lemas breves y aplastantes, de las ideas chachiguais y las declaraciones de 59 segundos. Hace unos años a alguien se le ocurrió coger a un puñado de desconocidos y meterlos tres meses ante las cámaras, hasta lograr que la audiencia conociera de memoria hasta su talla de gallumbos. Como esto ha gustado mucho en nuestro país, pues oye, ya puestos, por qué no probamos la fórmula a nivel político? Genial, puta madre, estamos en democracia y eso nos permite votar lo que no salga de los cojones, aunque sólo sea para jorobar. Así que en vez de al político·famosete de toda la vida pillamos a un don nadie (siguiendo criterios distintos que en la tele: aquí los candidatos han de saber leer), un provinciano con cara de pez y ale, le damos la presidencia, que si no arregla las cosas, al menos nos divertirá mas que el otro sosazo.

Los yankis eligen actores como presis, qué carajo, pues nosotros otorgamos la dignidad a triunfitos, que a chulos no hay quien nos gane. Los ministros largan lo que les place, el presi va a la suya, passsando de todo, y encima los socios de gobierno se lo pasan pipa. Y en los medios, y en el parlamento, ¿de qué se habla? ¿de leyes, de problemas? de los amoríos de unos con otros, de quién se va a la cama con quién y otros temas de mal hablar en público.

El colofón ha llegado por fin: GH + ZP = la España que manda, que nos manda. De Europa (Holanda, tierra mágica) nos vino la gran idea, y ahora vamos a devolver el favor pidiendo el sí a la constitución, el sí a la Europa del circo, de los gladiadores haciendo de emperadores y el pueblo extasiado en las gradas, otorgando el laurel no al mejor, ni al más apto, sino al más atrevido, al más descarado o al más simpático. Si los EE.UU. se parecen a la magna Roma, Europa (España de momento) tira más hacia la decadente Bizancio, con sus disputas sobre la iconoclastia y su pompa solemne que pretende ocultar entre los vapores de incienso la inmensa vacuidad que subyace hoy día bajo la idea de Europa.

Siempre nos queda el consuelo de pensar que en el fondo lo nuestro son juegos de niños; el centro del mundo está cada vez menos en el Atlántico, y cada vez queda menos para que las Azores sean suplantadas por las islas Fidji o las Marianas. Así que no nos crispemos mucho por estas cosas y disfrutemos del acontecimiento, que aunque sólo expulsen una vez al año, el espectáculo es cada día del año.

Hablar es gratis?

Lo de Chavez es tremendo, ha logrado que el bueno de Moratinos se suelte la melena y diga en voz alta una de esas verdades innecesarias que tan poco aportan a la causa, pero que tanto remueven la mierda. Hablar hoy en día de si tal apoyó a una dictadura o cual cometió tal atrocidad es, cuando menos, un tanto infantil. Ya no quedan gobiernos nuevos, relucientes, libres de pecado. En realidad dudo que nunca los haya habido.

Lo del señor Moratinos me parece estupendo para, por ejemplo, una boda. Entre orujo y orujo, puro en ristre, soltar una cosa de estas aumenta la jocosidad del respetable, despierta ánimos y probablemente provoque hilaridad en muchos de los asistentes. "A Aznar le ponen las dictaduras" sería el comentario a utilizar en casos así, ji ji, ja ja, aplausos y más bromas concatenadas. Está muy bien.

Pero dedicarse a hablar de estos temas en conferencias de salón no hace sino ocultar otros problemas, los que se escriben con mayúsculas, de la agenda del día. Los políticos, al igual que los periodistas, saben cómo funcionan estas cosas. Si algún encorbatado suelta una imbecilidad, las cámaras sudan de la aprobación de ayudas para hospitales y se van a recoger del suelo los escupitajos del secretario de turno. Por eso, porque lo saben, no pueden ignorarlo cuando se dedican a hacer declaraciones públicas ante un tropel de objetivos. Por eso sería lícito que se les pudiera pedir explicaciones: "Señor tal, por qué no se dedica a decir estas cosas en el parlamento, que para eso cobra, y no para dar audiencia a los detergentes?" Es obvio que en la sociedad actual el poder de los medios va más allá de lo estipulado en las bases del XVII y XIX, y que requieren un tratamiento diferente, especialmente en cuestiones de interés general.

El Parlamento no es como es sólo porque quede bonito, así, con los tiros del Tejero y todo. Tomar decisiones en común no es tarea fácil, y el parlamento no tiene sólo normas de representación (quién va allí y en nombre de quién) sino que posee unas normas de debate pensadas (en teoría) para el mayor y mejor entendimiento entre las partes. Estas normas no existen en la televisión, y por eso se llega a lo que se llega, convirtiéndose los políticos en comparsas de los triunfitos de turno.

Para los nuevos tiempos, nuevas normas. Deberían ser los propios profesionales de la política lo suficientemente inteligentes para abogar ellos mismos por medidas de control de las declaraciones en televisión, pero mientras la gente se siga preocupando más por el circo que por el pan, los Zapateros y Aznares de turno seguirán actuando más como payasos que como administradores del común.

Asuntos varios

Ya no se habla de Iraq, el tema ha perdido parte de gracia ahora que sabemos que irá para largo. Tomaron Falluja, ahora miran con mala baba para Mosul, y por si no fuera poco ya están metiendo en la recámara Iran, ayatolás incluidos. Ya hemos visto lo que da de sí una guerra: muertos, torturas, secuestros, decapitaciones, tiros en directo y algunos charquitos de sangre, para que parezca más real. Sólo se echan en falta las violaciones que tanto dieron que hablar en la guerra de Yugoslavia, pero claro, los yanquis con esas moritas peludas y tapadas hasta las cejas no quieren nada, ya habrá tiempo para que los listillos del país se dediquen a montar las casas de citas que tanto alegraban la vida a los soldaditos de Vietnam, repartiendo una sífilis por aquí, una gonorrea por allá.
En cualquier caso, las imágenes de oriente medio han pasado a segundo nivel. Está todo aún por hacer, Bush acaba de ganar y Arafat la acaba de palmar, dejemos este tema para más adelante, que ya hay otras gilipolleces de las que hablar. Entre ellas la más curiosa es la que me pasó ayer por los ojos: las películas pornográficas encargadas por Alfonso XIII y rodadas por las buenas gentes del Raval, con la esperanza de agradar al monarca y permitirle ser un adelantado de su tiempo hasta en cuestiones sexuales.

Impagable las escenas de sexo entre curas y monjas, confirmación de lo suponible: en un mundo controlado por la iglesia, las fantasías sexuales no desaparecen, simplemente se adaptan como pueden. Y así aparecía un cura lanzando a una feligresa sobre el altar para, sotana al aire, empitonar a la buena mujer para que soltara con más gusto los avemarías. Alfonsito se lo pasaría en grande, y no me extrañaría que su hijo, el bueno de don Juan, se hiciera alguna pajita con las pelis, que de buen seguro acabaría viendo con la complacencia de algún ayuda de cámara que se apuntaría a la fiesta onanista.

Me pregunto si Alfonsete se llevaría las pelis al exilio; ¿las enseñaría a sus amiguetes para mostrar lo que se perdía España al echar a un rey tan rumbero? No sería de extrañar, rodeado de embajadores, políticos ricachones y nobleza varia, "váis a ver lo que me llevé de Oriente", y hala, todos a ver a esas señoras gordas y celulíticas (¿les excitaría o sentirían curiosidad antropológica?) fornicando con majos del chino con cara de salidos.
No creo que Juanca siguiera con la tradición; en su pubertad ya estaban a mano las revistas y películas francesas sobre el tema, a todo color y con chicas mucho más atractivas que las del abuelo. Juanca siempre ha sido un vividor, de exilio en exilio y reino porque me toca, buena vida la del compadre. Más que consumidor de porno, se le ve practicante desaforado en todo lugar y a todas horas.

Sin embargo el niño, Felipito, es un caso más preocupante. No olvidemos que conoció a su mujer por la tele. ¿Acaso vio de pequeño las películas del bisabuelo? ¿ello le causó alguna clase de trauma? Sabiendo lo que hacía Alfonso, no es exagerado -ni denigrante, por supuesto- imaginarse al principito machacándosela ante el telediaro de la primera, cagándose cada vez que pinchaban al Buruaga y su Leti desaparecía. Tal vez sea éste el motivo de su silencio, de la discreción con que anda, en comparación con el campechanismo de su padre. El chico ha salido más recio, pero también más tímido, algo poco frecuente en los borbones. ¿Soñará Felipe con esas mujeres feas y obscenas practicando mil posturas en su mente? ¿Despertará entre temblores, rodeado de imágenes en blanco y negro de lo peor del barrio chino?
Es un tema importante, porque un monarca traumatizado puede causar problemas en las relaciones exteriores. Es por ello que considero que la casa real debería decir algo al respecto de estas películas pornográficas. Si las asumen como propias no pasa nada, lo raro sería que no lo hubieran hecho, porque aquí todos cojeamos de la misma pata y engañarse es tontería.

Si, por contra, niegan el origen de las imágenes y se van a confesarse con monseñor Rouco, ojo, alerta; veremos aquí la pervivencia de ese trauma que lleva a las casas reales y a algunos políticos a creerse por encima del mundo, en una clase social aparte más limpia, pulida, estable, culta y próspera que cualquiera de las demás, esto es, superior. La noticia sería buena para los republicanos, porque una monarquía así tiene los días contados. Mostradas las imágenes y habiendo dicho en qué videoclub las han encontrado, es tontería no rematar la faena preguntando a los actuales propietarios si las siguen utilizando en sus momentos de intimidad. Ya que nos tenemos que comer al reyezuelo, por lo menos que coma un poco de mierda.

La píldora roja

Hugo ha venido a visitarnos. Ese hijo de su tierra y su tiempo ha aterrizado con esa pompa que tanto necesitan los dirigentes de los estados no consolidados. Es un tipo listo, bajito, gordete y con cara de tonto. Tiene unos morros enormes y no se cansa de reír y dar besos a los niños, en unas actuaciones dignas del mismísimo Lerroux, que parecen extraídas del manual del buen político de los años 50. Pero, como digo, es un tipo listo. Lo suficiente para hacerse perdonar una intentona de golpe de estado, para superar unas cuantas elecciones, una huelga general financiada por la patronal e incluso un golpe de estado contra su gobierno que fue aplaudido por los gobiernos de medio mundo. ¿Quién le ayudó en estas empresas? ¿el bloque del este? ¿los judeocomunistas? ¿tal vez fueron los médicos cubanos? En la situación presente es fácil constatar que Hugo está donde está porque es un tipo listo.
Sirva de confirmación a estas palabras su primer gesto nada más pisar la piel de toro: una visita a la estación de Atocha, y un espontáneo(?) baño de masas en su interior. Rodeado de "el pueblo", como Aquiles oculto en el caballo, Hugo salió ante las cámaras libre del sambenito terrorista. Encima dijo que el gobierno Zapatero era "revolucionario", y a continuación se fue alegre y contento a ver al amigo Cuevas en la sede de la CEOE, a pedir dinerito para su país a cambio del rico petróleo nacionalizado.

¿Cómo llega un tipo así a presidir un país? Bueno, la realidad siempre supera a la ficción. Quien quiera ver un accidente en ello no hace sino escurrir el bulto, ignorar el tumor que afecta a su país, cuyo origen no es la bolvarianitis, como muchos querrían, sino el más viejo y conocido mal de la oligarquitis, tan dañino para sus enfermos, más aún para los que les rodean. Ignorante como soy de la historia de Venezuela, no puedo mirar atrás, en el origen de la infección, aunque el olor es común a otros casos más investigados por el menda: clase alta todopoderosa, situaciones de explotación esclavista mantenidos hasta prácticamente la actualidad, actualización de instrumentos e ideas (el fuego y la técnica) sólo para una clase social, demográficamente insignificante, y convicción de que las cosas se pueden -y deben- arreglar a ostias. Ni un paso atrás, no vamos a ceder, estos derechos los ganaron nuestros tatarabuelos para nosotros y nadie más.

En resumen, egoísmo llevado a niveles sociológicos, una clase social cerrada y endógena cuyo único concepto de estado es aquél que les permite vivir rodeados de policias pagando el mínimo de impuestos. Siguiendo la política inversa de los guetos, estos señores optan por encerrarse ellos en barrios de súperlujo, el mismo que necesitan para olvidar que no pueden salir de ellos. En lugar de aceptar su condición de iguales con "la chusma", mantienen la opción aristocrática como ya lo hiciera Luís XVI, quien prefirió abandonar de incógnito su propio país antes que aceptar un pacto con los burgueses, la chusma de entonces, el populacho odioso, iletrado, que no sabe quién es Haendel y se ha comprado un Caravaggio, él que no es noble, y quiere meterse en política! él que no es nadie ni tiene nadie en su familia que haya combatido en alguna batalla famosa, o haya exterminado sin piedad a algún enemigo de la patria.

La vida gira, y esa burguesía atrevida del XVIII cruzó el charco y se puso a criar barriga en poltrona vieja, la venezola, a imagen y semejanza de aquellos a los que en su día destronó. Reinstauró el derecho de pernada, mandó construir sus palacetes y, a falta de carrozas de seis caballos, optó por importar coches de lujo a manta, mientras el 80% de "su reino" seguía a pie bajo la lluvia, pillando la fiebre amarilla y construyendo chabolas de uralita. Pero he aquí que la plebe, como antes hiciera la burguesía, ha aprovechado su fisurilla de poder para joder -y bien jodida- a estos reyezuelos de la costa atlántica que poco tienen que envidiar al amigo Calígula. Como los tiempos corren para todos, ni sus dólares han podido evitar que aquéllos que nada tienen que perder voten por la opción más arriesgada, más desconocida y más freak de todas las que habían. Lo han apostado todo al rojo con la tranquilidad de que si sale el negro simplemente seguirán como están.

Y el rojo ha ganado. Estamos en el siglo XXI, y los estados que quieren llamarse democracias ya no pueden guillotinar a mansalva ni confiscar como locos, pero sí se pueden nacionalizar los bienes naturales, crear un sistema de protección policial igualitario (qué mala leche) e incluso gastar los millones de dólares que antes se iban en yates de lujo y viajes turísticos por Europa en médicos cubanos, castristas, anticapitalistas, lavadores de cerebros, sin medicinas en los bolsillos, pero médicos, al fin y al cabo, que donde no había nada ahora hay algo, por muy malo que sea.

Y a eso se dedica Huguito, a repartir cuadernos entre los analfabetos, comida entre los hambrientos, y todos los tópicos populistas que quieran recordar, incluido el de rodearse de una pompa oriental, uniforme militar incluído, que sería la envidia de cualquier Sultán. El pueblo en su mayor parte pasa de él, como siempre ha sido, mientras otro sector seguro que se lo pasa bomba viendo al coleguilla haciendo el indio por la tele cada día. La aristocracia, mientras planea su Termidor, llora los años que nunca volverán y teme perder sus bienes, tanto físicos como materiales, en manos de la nueva comandancia. Está bien que sepan lo que es eso, el miedo, durante una buena temporada; así cuando vuelvan al poder -que volverán sin duda- tal vez lo hagan de una forma diferente, menos ruin, menos cobarde y traidora que hasta ahora. Es lo mejor que podemos esperar del tratamiento de shock del doctor Chávez.

Israel, tierra de malnacidos

Lo de Israel no tiene nombre, ni vergüenza ni nada de nada. Por mucho "nunca más" que dijeran años ha, la situación ha cambiado lo suficiente, y es obvio que quien quiera recuperar hechos del pasado para escudarse en los actos del presente no hace sino acudir a la demagogia barata en busca de beneficios tristemente presentes.

La parte positiva de todo esto es que su existencia, la de Israel, hace más lógica la evolución humana, lo de que venimos del mono y todo eso. Sería difícil entender los nexos con nuestro pasado más lejano de no ser por esta clase de anacronismos, como la persistencia de la monarquía en algunos estados, o en el caso que toca la creación por parte de europeos cultos y occidentales del siglo XX de un estado basado en principios étnicos y religiosos. Ya hace más de 200 años de las primeras constituciones burguesas, fundamentadas en los derechos individuales. Si bien su aplicación ha diferido en cada caso, el objetivo de defender ante todo una lista de derechos de las personas (los derechos de las sociedades aún esperan) unía a los diferentes Estados·Nación fundados a lo largo y ancho del XVIII y XIX principalmente. Con Israel esta tendencia se trunca, ya desde sus orígenes, dando lugar a un engendro indefinido aunque con una idea muy clara: ser la tierra de acogida de todos los judíos del mundo.

Los que lograron huir del holocausto volvieron a levantarse y siguieron su camino lo mejor que pudieron. El pueblo de los elegidos aceptó no perseguir a los verdugos a cambio de una buena pensión de ese occidente que tan culpable se sintió las primeras 24 horas después de descubrir Auschwitz, y, ya que lo habían perdido todo, los judíos supervivientes tomaron la decisión de ocupar la tierra que les pertenecía (según habían leído en un prospecto) o dejarse los huesos en el intento. Como fueron más listos, más organizados y más cabritos que los árabes, les dieron pal pelo y lograron lo que querían, aún a costa de hacer a muchos palestinos lo que antes les habían hecho a ellos. Pero claro, carta blanca, a ver quien toca un pelo a un judío en los tiempos que corren.

Pero ahora resulta que ya han pasado 50 años de todo eso, que los que vivieron la guerra ya están todos muertos, así como muchos de sus hijos. Israel se ha aprovechado de las ayudas de Occidente, así como del gran número de cerebros que han emigrado hacia esta tierra prometida que dicen que es suya, aunque no haya ni un miserable documento que lo demuestre, salvo cuentos de abuelas y poco más. Israel, como digo, ha sido en muchísimos aspectos la niña mimada de Occidente, como lo fue ya antes durante las cruzadas, y ha tenido una y mil oportunidades de superar con creces el holocasto y hayar su lugar en un mundo que ha sabido pasar página de esas y otras atrocidades igual o peores. Por eso me repugna tanto oír ciertas cosas hoy día. Que los nietos de los judíos de Auschwitz aún sigan escudándose en el holocausto para repeler críticas me parece miserable, un acto ruin como pocos hay.

Un alcalde de un pequeño pueblito de Galicia ha iniciado una campaña contra Sharon. Pobre infeliz, pensaremos, pero resulta que el embajador de Israel en nuestro país ha llamado nada menos que al ministro de exteriores para exigir (no pedir, no) que se retire la campaña inmediatamente, indicando que se trata del primer paso para repetir otra noche de los cristales rotos en pleno siglo XXI. Lo que este embajador miserable de ese estado ruin que es Israel no explica, obviamente, es que Israel se pasa por el forro todas las normas que Occidente se puso tras el holocausto para que éste no se repitiera. Los judíos que hoy gobiernan ese estado de Oriente Medio se creen por encima del bien y del mal, lo mismito que Adolf, e igual que éste no han tenido miramientos en tirar para adelante lo que han creído mejor para ellos sin preocuparse por lo que pasara en el resto del mundo. No sólo eso, sino que para cualquier crítica siempre tienen a mano el recurso del holocausto.

El ataque salvaje desde un estado al alcalde de un pueblo de 20.000 personas, utilizando unas herramientas (la diplomacia) pensadas para evitar guerras, no para coartar la libertad de expresión de alcaldes provincianos, es una muestra más de la prepotencia con que los nietos del holocausto, los niños mimados de occidente, se mueven por el mundo, creyéndose que la sangre que ahora gotea entre sus dedos se limpia y no deja huella. ¿De qué vendra esa rabia mezquina? ¿tal vez recuerden que los encargados de hacer entrar a los judíos en las cámaras de gas eran otros judíos que lo hacían a cambio de pequeñas mejoras en su condición de vida?

Bien, pues tengo algo que decirles a esta carroña: el genocidio judío es uno entre múltiples genocidios y crímenes asquerosos; ustedes los judíos israelíes han tenido la oportunidad única en la historia de volver a empezar desde cero, y la han tirado a la basura. Han usado la memoria de sus antepasados con fines meramente lucrativos, y han repetido en sus territorios las políticas que años ha tanto les hicieron sufrir. Si por mí fuera, y para evitar otro holocausto, no esperaría a futuras invasiones de Polonias, enviaría a los marines y capturaría a Sharon para con él poder hacer lo que no se pudo hacer con Hitler: juzgarle y ahorcarle por crímenes contra la humanidad.

El pasado, la memoria, es para aprender y olvidar; Israel no ha hecho ninguna de las dos cosas, y sólo es una cuestión de tiempo que todo vuelva a comenzar.

Visca el Barça

Ya falta poco para el gran día, muy poco. Supongo que este año podremos verlo por la tele, el sábado noche agarrados al sofá, con los ojos inyectados en sangre y la mente fija en el tapete moteado con 25 pequeñas manchas informes dispuestas a hacernos vibrar. Dicen que en la constitución europea quieren poner no se qué estupidez de las raíces cristianas de europa, las mismas raíces que no estaban en los enfrentamientos entre el papa y el emperador, las que ni aparecieron en las guerras de religión, las raíces que intentaron frenar la revolución francesa, las mismas raices que se hicieron el sueco cuando lo de Auschwitz y el uso de carburantes ilegales.
Cuánta hipocresía, cuántos telones debemos poner tras de nosotros para aparentar eso que llaman civilización. No, falso, mentira; la auténtica civilización, el verdadero progreso lo veremos este sábado por la tele, en directo desde Barcelona para toda Europa y buena parte del resto del mundo. Aquello que hacían los romanos de soltar lo más cafre de su imperio y exteriores al ruedo para que se masacraran entre ellos; el espectáculo que mantuvo al populacho contento y feliz mientras su emperador se dedicaba a conquistar nuevas tierras y barrer para casa. Mientras la iglesia apelaba al miedo y la amenaza para llenar sus iglesias todos los domingos, el circo se mantenía por pura y simple aclamación popular. Y hoy día, mientras los templos defallecen y los dioses se desinflan, aún podemos ver el coliseo a reventar de plebe, hombres y mujeres, niños y ancianos, dispuestos a quedarse afónicos por el mero gustazo de soltarse la melena.

Ante un Barça·Madrid bien podría decirse algo parecido a lo de Napoleón al ver las pirámides: "desde este estadio 4000 años nos contemplan". El choque, el enfrentamiento entre facciones por el territorio está en el origen de nuestra condición humana. Sin enfrentamiento no cabría la pregunta de qué tengo yo que me diferencie de él, no existiría el individuo, sólo el grupo. Los animales suelen vivir en comunidades separadas y hacen su vida, pero no se cruzan entre ellos, y cuando lo hacen suele ser para que uno de los dos desaparezca. Entre las personas, como la intercomunicación está al orden del día, se han buscado otros métodos más "civilizados", pero que no pierdan la esencia del choque entre clanes, el "aquí mando yo" que ha regido nuestros destinos desde que íbamos en taparrabos.

Es por esa necesidad primaria de enfrentamiento con el otro, con el desconocido, que el fútbol se mantiene vivito y coleando a un siglo de su nacimiento. No ha requerido más que un librito de normas bien sencillo, y no han sido necesarios engaños masivos ni hambrunas colectivas para implantarlo. En esta religión del balompié cada cual tiene sus Apolos, sus Dianas e incluso sus Lares que lo acompañan allí donde vaya. Desde pequeños disfrutamos de deidades a todo color, cuyos milagros están grabados en video y podemos ver una y otra vez sin cansarnos, sin dudar de su existencia. Pelé es dios porqué marcó 1000 goles, Romario porque le metió 3 al Madrid, Koeman porque chutaba balones a 110 km/h. Así de fácil, sin cirios ni viernes santo ni ná de na, puedes subirte al tren de esta religión, la única verdadera que queda en Europa diga lo que diga la constitución.

Por eso es tan importante el partido de este sábado. Durante un par de horas decenas de millones de fieles desempolvaremos nuestra fe y la pondremos sobre el altar del televisor; contemplaremos anonadados a nuestros dioses enfrentándose en la arena del Olimpo y nos extasiaremos ante ellos, triunfen o sean derrotados. Durante un par de horas rememoraremos lo que sentían nuestros antepasados al matar bisontes de dos toneladas, o al decapitar a 30.000 ricachondos de una tacada y sin despeinarse. Recordaremos que Europa nació a ostias, y que siempre ha vivido así, aunque 50 añitos de paz den a algunos la coba suficiente para hablar de mundos bonitos llenos de florecitas. Nanay, el único avance que se ha logrado es que ahora a los gladiadores no se les mata, siguen vivos y así podemos rajar de ellos durante toda la semana, que eso con los muertos como que no tiene gracia. Por lo demás, lo dicho, que las raíces del continente no tienen nada que ver con la cruz y la Biblia, y sí mucho con el pilum y la guillotina.

Y quien no lo crea, que pase el sábado y vea, que tras cuatro milenios seguimos siendo mayoría.

A mi querido Platón

En esta vida cada cual va a lo suyo y si tú tienes un problema, no quieras saber los míos. Es algo inherente en la especie humana. Dicen los musulmanes "yo y mi hermano contra mi primo, yo y mi primo contra el mundo", y es una verdad como un templo. Por mucho que queramos fundamentar nuestra vida en criterios científicos y racionales de comportamiento que nos lleven con fiabilidad mecánica al éxito y la felicidad, la realidad desmonta una y otra vez estos decorados tan utilizados para ocultar nuestros veraderos miedos. Y es que no hay mayor imperio que la ley natural, que estaba antes que nosotros y estará cuando sucumbamos.

Esta tendencia a barrer para casa, sin embargo, no creo que sea buena ni mala. Es como si preguntaran ¿le gustaría tener un tercer ojo en el cogote? Oye, pues sí, por qué no, la de collejas que me habría ahorrado. Pero como no puede ser, pues nadie se lo plantea, ni intenta vivir como si lo tuviera (sectas aparte). Si nuestra condición humana nos lleva a preocuparnos más por aquellos que tenemos cerca, lo lógico es adaptarse a ello y tratar de vivir lo mejor posible con esta cualidad.

Digo esto porque hoy he descubierto un regalito, una pequeña perla fruto de esta tendencia humana. Mi amigo Toni ha dedicado su blog de hoy a celebrar que haya reabierto el mío, y coño, esas cosas tocan la fibra. A lo largo de la vida vas conociendo gente, a docenas, y van pasando y pasando por tu vida como la brisa que te da en el rostro; unos días te arropan, otros te hielan. Sin embargo pasan los años y cuando miras atrás observas que, como el Céfiro, cierta gente aparece una y otra vez en tu vida, a veces cuando menos te lo esperas, y es entonces cuando el aire adquiere ese olorcillo a hogar, a sofá cómodo y fuego ardiendo, a whisky en la mano y palabras flotando en el ambiente. Con los años, decía, acabas reconociendo quién te trae ese olorcillo, y es a esas personas a las que me refiero cuando hablo de amigos.

Toni es uno de ellos, y por esa razon me resulta doblemente (triplemente, infinamente) gratificante leer esas palabras salidas de su cabeza. Junto a él he pasado momentos de esos que cuando vas a palmarla te vuelven a la memoria para aturdir tu miedo, días que no podré olvidar de aprendizaje, de alegría y decepción, de miedo a veces, pero también de arrojo más allá de lo que se le exige a cada cual. A su lado he aprendido muchas cosas, y creo que a pesar de mi corta edad, no es exagerado afirmar que el conocerle me ha marcado, ha caracterizado una parte de mi vida y, por ello, su recuerdo me acompañará hasta que me convierta en donante de hidrocarburos para las petroleras del siglo mil.

Por eso, mi querido Platón, quiero dedicarte estas palabas de agradecimiento. Tú en tus ideas y yo en mi materia, seguimos juntos después de (agárrate) más de cinco años que hace que nos conocemos. Unidos por casualidad en el compartimento de carga de este tren que es la vida, seguimos viviendo, trampeando, colándonos y eludiendo a ese revisor que un día nos encontrará y nos echará, porque nuestro billete no nos permite viajar indefinidamente. Hasta que ese día llegue, no hacen falta mensajes, correos ni palabras; algo me dice que cuando te busque me encontrarás, porque así ha sido desde que nos conocemos. Por eso, mi querido Toni, mil gracias una vez más por seguir al pie del cañón, y de paso gracias también por publicitar mi blog, a ver si lo lee alguien más.

PD: Dame vidilla con lo del diseño de la página, que me paso el día diseñando y lo que me gusta aquí es escribir. Todo se andará...

Qué mona es mi poltrona

Me hacen mucha gracia las columnas referentes a las elecciones de los EE.UU. Por una parte unos dicen que si los de izquierdas estarán sonándose los mocos tras el monumental error (hablando en términos de política internacional) de apoyar a Kerry casi incondicionalmente. Mientras, otros van por su acera afirmando que si los de derechas estarán celebrando la victoria del tejano (a quien propongo para suplir a Santiago Matamoros, quien sólo se cargó unos cuantos y sin moverse de casa)y lo orgullosos que estarán de pensar igual que los yankis de la América profunda.
Todas las opiniones me parecen muy respetables, entre otras cosas porque escriben para ganarse el jornal y tienen la obligación no escrita de mantenerse en una misma línea reviente quien reviente. De no hacerlo sería tan fácil como buscar a otro (columnistas te salen por doquier) que sí lo haga, y listos; mejor que el comisario político, el contrato por obra y servicio.

Sin embargo, más allá de este otro gran deporte que es el hablar de política sin mojarse los pies, lo cierto es que las críticas a los políticos son erróneas. No en el sentido de que no sea cierto lo que se dice, no. Hay políticos corruptos, vendepatrias, vividores, holgazanes, arrogantes, incluso auténticos chalados que no se sabe cómo han conseguido los votos suficientes para tener sueldo público e inmunidad judicial. Pero no debemos olvidar que esta clase de sujetos de tan baja calaña existen en la sociedad, son parte conformante de la misma, y seguramente en una proporción similar a la de políticos rastreros que dirigen nuestros destinos.

El problema es el de siempre, criticar a uno sólo, por muy presidente del gobierno que sea, es relativamente sencillo. Tienes un mortal, con todos sus defectos, al que bombardear con total libertad tanto a nivel ideológico como personal, que es lo que más gustirrinín les da a los articulistas. Una vez la pleble, la chusma el vulgo, o sea, servidor y unas cuantas decenas de millones de personas más, se han hartado de oír hablar del político de turno, pues nada, le decapitamos y ponemos a otro para volver a comenzar.

No es nada nuevo, en Grecia tenían la costumbre -muy sana, a mi parecer- de enviar unos añitos al exilio a los cargos políticos salientes. Era la forma de evitar que los que habían sufrido su gestión tratasen de patearle los sesos. Un poco de ostracismo y cuando vuelve ya nadie se acuerda de él. Otros hoy deberían tomar ejemplo, y no permitir que su ego destroce su imagen pública y la de aquellos millones que le votaron.

De aquellos -y de estos- millones que votaron a uno u otro candidato quiero hablar. En el fondo son éstos el tema central de la política. Cuando se critica a un político por nepotismo, se está criticando a una sociedad que lo practica a diari y sin ningún tipo de vergüenza. Cuando se dice de un regidor que no es ecologista, se está destapando la gran ignorancia social alrededor de este tema, así como el total descuido del mismo, que lleva al país a la cola de Europa (latinos, latinos) en materia de reciclaje.
Así se podrían tratar mil temas. Qué decir de las mujeres maltratadas, preguntemos a los abuelos, cuántos casos conocían de malos tratos y callaban y nada hacían por evitarlo; lo mismo podemos decir de la generación de los 50 y 60, nuestros actuales gobernantes, que en su día no se atrevieron a poner coto a los machitos. Y no me refiero en el ámbito público, sino en el privado, el "métete en tus asuntos" y el "cada cual en su casa es rey". Así nos ha ido, hasta que al final se encontró una buena cabeza de turco en el anterior gobierno PP, quien se llevó consigo el sanbenito de pasar del tema, ese que hasta la fecha colgaba de la espalda de toda la sociedad.

Cada día lo mismo, los políticos sirven no sólo para gestionar la res pública. Parte de su salario incluye esa función de cabeza de turco para el día en que la sociedad decide arreglar un problema existente o -más divertido aún- crear otros nuevos. Este es el sistema que nos mantiene, el que lleva al bipartidismo por apalancamiento social, el que más gusta en este país donde cada día millones de personas se levantan pensando cómo quitarse de encima las responsabilidades con el menor esfuerzo posible.

Así vamos, y la culpa no la tiene Aznar.