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Sesión Digital

Al oeste del Llobregat

Aunque ya han pasado unos días de los hechos, no me quito las ganas de escribir algo sobre el tema. Porque la cosa fue y es importante, no sólo por razones electorales, sino muy especialmente por motivos personales. No recuerdo la última vez que me sentí orgulloso de ser de Martorell (o Martoré, como prefieran). Ni la construcción de la autovía, ni la destrucción de viviendas por las obras del AVE. Ni siquiera las victorias del fútbol sala conseguían darme frío ni calor. Pero el miércoles pasado la cosa cambió.
Es un tópico que la democracia no es sólo ir a votar cada cuatro años, que se hace día a día, y que los gestos tienen mucha importancia. Cuando un partido, caso del PP, se pasa de frenada constantemente, la sociedad lo acusa. No es normal que hagan cuñas publicitarias sobre el Estatut en Andalucía, no es normal que nieguen el más mínimo agravio comparativo (ni que sea para justificarlo) entre la presión fiscal catalana y la del resto del estado. No es normal que traten a todo lo que suene a catalán de retrógrado y paraterrorista. Y lo más grave, no es normal que mientan sobre la muerte de 191 personas, y luego no dimita ni el conserje de Génova, mientras los cabecillas siguen dos años después exactamente igual que lo estaban el 12 de marzo, buscando con magia negra la forma de echar atrás el tiempo hasta ese día.

Los políticos más que nadie deberían saber lo que pasa cuando dices según que cosas. Por mucho que quieras matizar tus mensajes, los medios de comunicación los generalizan, y ahí está la función del político de saber cuándo hablar y cuándo callarse aunque sepa que tenga razón. Cuando el PP habla de Catalunya en sus mítins de Cartagena, Badajoz o Salamanca, no sabe o no quiere hacer diferencias, y así hablamos del “problema catalán”, olvidando que catalanes somos todos, desde Rubianes hasta Sardà, pasando por las putas del Camp Nou, e incluyendo a los del Partit de la Ciutadania, que mal que les sepa también son catalanes.

El gran órdago viene con lo del estatut, en que oímos hablar constantemente de la “Catalunya insolidaria” para ver a continuación cómo las autonomías del PP superan por la derecha la propuesta catalana, pidiendo más pasta y más competencias sin dejar de soltar el discursillo de marras.

Y llega el día en que te enteras que el señor “Catalunya insolidaria”, que no ha rectificado ni una coma de sus declaraciones, viene a tu pueblo, a tu terruño, por donde te paseas en chándal todos los días, y te entran las ganas de decirles algo. Como sabes que no te van a hacer caso (sería la primera vez) observas su comportamiento: recuerdas que, en el cine, emiten spots del PP que te tienes que tragar so pena de incordiar a toda la fila para salir de la sala 2 minutos y volver. Y piensas, “voy a hacer lo mismo”: te pones por donde sabes que tiene que pasar el señor Acebes, y esperas a que llegue para decirle en 10 segundos lo que piensas de él y por dónde se puede meter eso de que un servidor (que es catalán) es un insolidario.

Llegan dos autobuses repletos de jubilados que ocupan su lugar en el auditorio, junto a una veintena de martorellenses que también acuden. En esas que aparece una gente con unas pancartas y se planta tranquilamente delante del Centro Cultural a gritar contra la presencia de Acebes en el pueblo. ¿Qué hacen los del PP? Intentan arrancarles las pancartas sin aviso previo, los manifestantes tiran de la pancarta para que no se la arrebaten, y el hombre que quería quedársela cae al suelo. Cuando llega Acebes la protesta continúa, y un miembro de la comitiva pepera agrede a un manifestante. Como respuesta, alguien lanza una botella de agua de 33 cl., vacía para más señas, que va a estrellarse contra el suelo sin tocar a nadie.

Y aquí finalizan las agresiones, la violencia, el terrorismo y el presunto fascismo de los manifestantes. Ahora el que comienza es el del PP, que llama a todos los medios de comunicación para rasgarse las vestiduras por un nuevo crimen, por el segundo asesinato de Cánovas. Sólo les falta comparar lo de Martorell con lo de su añorado Carrero Blanco, y pedir pena de muerte para los manifestantes.

Ir a la puerta de una reunión a protestar contra la misma no es algo muy limpio que digamos, y tampoco es que sea muy democrático. Sin embargo, cuando unos tipos se dedican a ponerte a la altura del betún por toda la piel de toro, no pueden esperar un recibimiento caluroso cuando vienen de visita. El comportamiento de los manifestantes fue completamente legal, pues se limitaron a protestar en voz alta, y quien diga que iban a pegar que lo demuestre en los juzgados o se meta la lengua por donde le quepa, porque aquí toda la violencia física vino de los asistentes al acto del PP, los mismos que en vez de insistir en sus declaraciones propias, aprovecharon para inflar el conflicto hasta límites estratosféricos sabedores que el punto principal de su programa es la confrontación.

Todo esto lo se por gente que acudió a la protesta, pues yo ni me enteré de que se iba a hacer, ni habría podido asistir de todas formas. Y a lo que iba al principio, estos manifestantes (o protestones pancarteros tontiprogres amigos de Bin Laden, si hablamos como Losantos) hicieron lo correcto, lo que yo habría hecho de haber podido, lo que debería hacer cualquiera que sienta un mínimo de respeto por sí mismo. No se puede ir rajando por la tele, diciendo barbaridades que atienden solamente al más inmediato interés electoral, y luego pasearse por ahí como si nada. La crispación que ha aupado al PP al poder es esta misma que ha llevado a un centenar de personas -entre ellos jubilados y amas de casa con hijos- a protestar por la presencia de estos señores en mi pueblo. Ocho años diciendo pestes de los catalanes no se arreglan con una sonrisa y un mirar hacia otro lado.

No se en otra parte, pero en mi pueblo que no vuelvan a venir si no es a disculparse por las agresiones de sus simpatizantes el pasado miércoles, y por los insultos vertidos sobre nosotros (los catalanes) durante los últimos 6 años. Mientras tanto, que aguanten el chaparrón ellos solitos, a ver si aprenden que la democracia es también respeto y conciliación, amén de tragarse algún sapo de vez en cuando (y si no, que se lo digan a Carod·Rovira cuando va por las Españas, que le dicen de todo y no va llorando a contarlo a nadie).

La España negra

Es curioso ver los ataques de histeria que provoca la inmigración masiva en la península. Desde los que simplemente les molesta tener pobres por la calle, hasta aquellos que quieren ver en este desembarco de negros la re·reconquista, son legión los que andan escocidos por ver a tanto senegalés deambulando sin rumbo por los pueblos del país.

 

Claro, es lo que tiene el vivir bien, lo que sería la cultura del microondas. Porque mire usted, que aquí en Catalunya lo tenemos muy claro: independencia sí, pero nunca, Jamás, a costa del microondas. Ese aparatito mágico, que junto a la cafetera, el lavaplatos, la tele de plasma y el monovolúmen en la puerta caracteriza mejor que cualquier otra cosa a nuestra sociedad actual: pasada la época del hambre, el microondas es la opulencia, el regodeo en nuestra superioridad que, si no nos permite poseer esclavos en la hacienda, sí nos libra de molestos quehaceres diarios como calentar la leche o lavar la ropa a mano.

Porque ésto es lo que está en peligro con la llegada de nuestros amiguetes de piel negra: no el alimento, no la seguridad social ni una vivienda de cuya escasez otros tienen la culpa. No queremos que vengan los negros porque, si comenzamos a repartir, nos vamos a quedar sin microondas, y el fregaplatos será ya símbol de lujo asiático, privativo de futbolistas y altos ejecutivos.

Deberíamos recordar que España es la región con menor densidad de población de la unión europea. Deberíamos tener en cuenta que, en un país como Alemania, viven a día de hoy más de 10 millones de inmigrantes turcos, y que en ese país la inmigración supone un 12 % de la población, mientras que en Francia representa un 10 % (a la que debemos añadir los hijos de inmigrantes algerianos y del resto de colonias del imperio).

Porque la verdad es que jode, jode un montón ver a un morito que hace dos años que llegó en patera conducir un Mercedes. Luego dirán, claro, que es de segunda mano, que tiene 350.000 kilómetros, que el antiguo propietario sufrió horrores para quitárselo de encima y lo tuvo que vender de saldo, y que dentro de dos años, cuando el morito tenga que hacer frente a alguna reparación chunga, se acordará de la señora Mercedes cuando tenga que abandonar el auto en alguna acera por no poder hacer frente a los costos. Pero es que es moro, o sea, inferior, y a los blancos nos jode mogollón ver que tiran para adelante sin ninguna clase de estatus social, sin amiguetes ni padrinos, sólo a base de currar 12 horas y vivir varios años en un piso patera con 15 moritos más, que es que les gusta esto de vivir juntitos.

Volviendo al ejemplo catalán, tenemos que en la actualidad, a ojo de buen cubero, tenemos a un 30 % de la población que es inmigrante, y a otro tanto que es hija de inmigrantes, y ya ven ustedes lo mal que nos va, la de enfrentamientos raciales que tenemos, “banlieus” ardiendo y paro por doquier. Decían los catalantes del siglo XX que esos murcianos y andaluces que venían de fuera no traerían más que paro y desgracia, y ahora quizás uno de estos inmigrantes será presidente de la Generalitat (aunque lo tiene difícil) con el voto de muchos de los catalanets que antes reprobaban todo lo que viniera de allende el Ebro.

Y ahora, para no perder la costumbre, son los hijos de los andaluces los que echan pestes de estos nuevos inmigrantes que, al igual que sus padres, llegaron aquí con una mano detrás y otra delante, con una cultura que ríete de los talibanes, y con unas pintas que daban asco sólo de verles: sarnosos, hacinados en chabolas y aceptando los trabajos que nadie quería.

Cuando en ESADE y otras madrasas de la economía se está diciendo que lo que necesita una empresa es mano de obra, mucha y cualificada, resulta que es malo dejar que venga gente aquí a vivir, a trabajar, a robar y a chupar del pote, igualito que nosotros. Ponen como ejemplo a los nórdicos y los suizos, unos señores que viven a miles de kilómetros de aquí, que nunca han tenido una ola migratoria, y que aún así se atreven a dar lecciones de lo que debemos hacer nosotros aquí, total porque han pasado 15 días en Mallorca. No estaría de más que Zapatero repatriara a algunas decenas de miles de negritos a Ginebra, o Helsinki, a ver qué hacen estos nórdicos tan aseados y tan guapos con los señores que durante más de un siglo se han dedicado a extraer diamantes para ellos a precio de saldo.

Los chinos se están poniendo las pilas, y parece que occidente tiene las horas contadas como “big boss” de la política internacional. No creo que esconder la cabeza a guisa de avestruz sea la opción adecuada. Ni siquiera los “minutemen” norteamericanos logran impedir la riada de mexicanos en El Paso, y no creo que armar las patrulleras con ametralladoras, o vigilar toda la costa africana, como quiso Felipe II hacer con toda América, sea la solución. Los que defienden el candado deberían plantearse si su defensa egoista de los privilegios adquiridos es una solución razonable al problema o una claudicación incondicional ante el mismo. Y el que no se lo crea, que vaya a ver la muralla china, lo larga e inútil que llega a ser.

Por la boca muere el Papa

   Al pobre papa Ratzi le han amargado el fin del verano. Ya lo decía Jomeini, que esto de las parabólicas era cosa mala, que mejor prohibirlas y que cada cual vea el “Un, Dos, Tres” de su país. Al fin y al cabo, mirar las teles del extranjero siempre ha sido una cosa de snobs y sesudos estudiantes de idiomas por correspondencia.

  

   Antes los papas podían pasearse arriba y abajo rajando de los moros con total alegría. Eran aquellos tiempos en que se decía que en Arabia tenían Grifos sobrevolando las ciudades, y sus habitantes tenían tres cabezas y ocho pies. Todo podía decirse, todo era gratuito porque tales palabras nunca llegaban al moro, y si lo hacían, habían terciado ya algunas cruzadas de por medio. Eran aquellos años en que los gobernantes en tiempos de crisis, en lugar de afrontar mociones de confianza, encabezaban el linchamiento público del marginadete del pueblo (léase hereje o judío) con cuya muerte todo volvería a la paz y sosiego tradicional. La información se estancaba es sus propias regiones, y quedaba en manos de los mandamases que la utilizaban como creían más conveniente.

  

   Pero llega la globalización y las cosas se complican. A ningún musulmán se le ocurrió pedir el linchamiento público de Urbano II, por muchas cruzadas que convocara. Tampoco Pío V sufrió atentado alguno por convencer a España de meterse en la batalla de Lepanto. Pero he aquí que el bueno de Ratzinger se las ha visto y deseado por algo tan badalí como leer en voz alta las palabras que alguien pronunció cinco siglos atrás. Así, sin matar a un solo moro, sin tomar Jerusalén ni arrasar la Meca, da la sensación que nuestro Ratzi le ha pegado al Islam una inmensa patada en los cataplines.

  

   Sorprende que el gabinete de comunicación del Vaticano no previera tal reacción, ni advirtiese de la misma al Papa, para evitar tal desaguisado. Aunque me pregunto si era posible evitarlo. Ratzinger era el responsable de la Inquisición en el vaticano, un cargo que, en los días que corren, debe ser casi casi tan inútil como el de Conseller de Relacions Institucionals que ostenta el sr. Saura. Lo de inquisidor cuando se quemaba a la pena y se estrenaban ordalías cada año debía ser la ostia. Pero ahora que si matas una mosca te vienen los verdes a llamarte nazi, no creo que de mucho juego. De ahí que el bávaro le haya dedicado mucho tiempo a las cuestiones académicas: clases de teología, ensayos, tratados, debates… Claro, Juan Pablo era un curita cañón, pero este nuevo es un tipo docto, leído y que se atreve a debatir con científicos y filósofos racionalistas, sin miedo a destapar por ello las grietas de la doctrina católica.

  

   Y algo así podía –tenía que- pasar. Ratzi hace un discurso para unos señores universitarios, teólogos, filósofos, doctores varios, gente leída e instruida que interpretan lo dicho desde unas bases previas que fundamentan un debate. Sin embargo, cualquier hijo de vecino puede acceder al discurso. Puede también usar el editor de sonido de Windows (carpeta de Entretenimiento del menú Inicio) para recortar los parágrafos más interesantes y hacer un nuevo corte en que parezca que Ratzi está rajando de los moros una barbaridad. Luego este señor (que tanto puede ser Al Zarqawi como Jiménez Losantos) va y lo da a conocer por algún medio de comunicación. La creación de pollos mediáticos no es monopolio de “Aquí hay Tomate”,y como los moros aún no tienen un Salsa Rosa en que ir a desahogarse, pues salen a la calle a protestar, y hasta se plantean acabar con el Papa.

  

   Este tipo de protestas son un tanto gratuitas, como cuando un servidor pide la cabeza del árbitro porque se ha pasado un penalti por el forro. Más jodido es el tema de ir a quemar iglesias por el barrio, pero visto lo rápido que se han calmado las cosas, uno cree que, si de verdad se hubiese montado un cristo, la cosa no habría acabado con dos iglesias de barrio destrozadas, que en Barcelona han ardido cajeros por mucho menos.

 

   Pero a lo que íbamos: me cuesta imaginar cómo puede el bueno de Ratzi seguir con su agenda de actos en su actual condición de Papa. Los musulmanes, como Papa o jerifalte máximo no tienen, se pasan el pollo de imán a imán, y si sale uno diciendo que hay que pegar a las mujeres siempre que se pueda, siempre salta otro diciendo que el Islam va contra la violencia de todo tipo. Las figuras mediáticas de la actualidad no deben salirse de sus papeles estereotipados y previamente ensayados, so pena de generar reacciones del tipo de las mencionadas. No es que los musulmanes que salen por la tele cabreados tengan la razón, porque no la tienen, y si no les gusta lo que oyen que cambien de canal, como un servidor hace con la COPE. Pero no cabe duda que cada vez que el Papa, Bush o Torrebruno digan algo por el estilo, habrá detrás un cabroncete dispuesto a inflamar a la plebe para mayor gloria de los cepillos de la mezquita, que a estas horas deben rebosar de diezmos.


   Uno piensa que si occidente no se hubiera esforzado tanto en decapitar los intentos de instaurar dictaduras socialistas (esto es, modernas) en los países árabes, en beneficio de las dictaduras islámicas (o sea, medievales) que generan materias primas a precios más bajos, tal vez no tendríamos en pleno siglo XXI reacciones tan absurdas a lo dicho por un cura en una clase de teología en una universidad bávara. Pero de aquellos fangos, estos lodos, y ahora el bueno de Ratzi tendrá que conformarse con las bendiciones Urbi et Orbe y, como mucho, la sociedad recreativa de la batalla de las Ardenas. Los musulmanes cabreados, por su parte, podrían dejar la farándula de las manifestaciones en Karachi y los desfiles en Gaza con tanques de juguete, y plantearse atentar contra Jiménez Losantos o Aznar, tipos que han dicho cosas muchísimo peores de los moros, y no en un debate académico precisamente.

Tonto el que no vote

Tonto el que no vote

En Cuba Fidel agoniza, los exiliados de Miami se emborrachan para celebrarlo. Mientras tanto, Manuel Fraga llama a la Habana, se informa de la situación y no comparte los datos con la prensa de aquí, porque la salud del comandante es "secreto de estado". Tras más de cuarenta años al frente de la isla, la biología logrará lo que diez presidentes de los vecinos Estados Unidos no lograron. Fidel morirá invicto en la cama y una nueva América nacerá tras de él.

En la facultad de historia aprendí que los líderes no son generadores de situaciones, sino consecuencias de las mismas. Mal que les pese a los liberales, la actuación colectiva de las personas supera en fuerza e influencia a las acciones individuales -con las excepciones que hagan falta, claro está. Incluso los peores dictadores están condenados a actuar en el lugar y el tiempo en que la biología les ha situado, eso es inamovible. Por eso no deja de resultarme graciosa la idea que muerto Fidel, se acabó la rabia: montamos unas cuantas urnas y Cuba será como el estado de Philadelphia pero con playa y palmeras, ¡ja!

Ahora observen la fotografía que acompaña este texto. Corresponde al Congo, y hace referencia a las elecciones celebradas hace tres días en el país africano. Más concretamente, asistimos al proceso de recuento y verificación de los votos por parte de la autoridad Congoleña. La imagen ilustra claramente lo dicho más arriba: la democracia no es sólo poner a un dirigente "demócrata" en la poltrona. Por mucho que los congoleños pongan esfuerzo y buena voluntad, es imposible realizar una buena práctica democrática en estas condiciones. Los liberales, o para ser más genérico, los defensores del individuo como centro de la condición humana, ignoran que la democracia, como la mayoría de las cosas, no es únicamente voluntad humana. Digan lo que quieran los padres de la patria norteamericana, para alcanzar un sistema de gobierno democrático hace falta una preparación de la población, una culturización, y sobretodo una alimentación de la misma.

En la actual situación, resulta curioso que sea Cuba, una dictadura, uno de los países mejor preparados para dar el paso hacia una democracia estable y duradera. Al contrario que los países satélites de los EE.UU., desde Nicaragua a Afganistan, en Cuba no hay elecciones pero sí democracia, no hay partidos pero sí una ingente sociedad civil, dispuesta a sacar la cabeza en cuanto la situación se lo permita, o dando vueltas por el mundo con el plácet del generalísimo, bailando en los grandes teatros de Europa, u operando a corazón abierto en los mejores hospitales del mundo. ¿Se imaginan ustedes a esta población viviendo bajo un sistema democrático? No es difícil hacerlo.

Vayan ustedes por contra a uno de estos países donde Occidente pretende implantar la democracia por las buenas. Ahí tienen a un Karzai que debe salir de Afganistan para ejercer de presidente; por allá ven ustedes a unos palestinos que, a fuerza de observar la cercana democracia israelí, los muy cafres han acabado por votar a Hamas (como nosotros con Napoleon, ¡vivan las caenas!). Cuando el país de Kissinger dice querer ayudar a un país a instaurar la democracia, que tiemble. Porque la democracia que ofrece occidente a sus convecinos es la de la partida perdida. Les invitan a participar en un juego donde las buenas cartas ya han sido repartidas, y sólo queda el papel de perdedor. Aquellos que pretenden participar en igualdad de condiciones o -pecado de pecados- jugar a otro juego con los de su tamaño, son tildados de salvajes, dictadores y -ay, las modas- terrorista. Ahí tienen al Congo, intentando hacer unas elecciones "como las de verdad", mientras las empresas occidentales siguen extrayendo de sus entrañas a precio de risa los materiales para fabricar PlayStations. Sabe bien Europa y América que para que un país sea democrático requiere autonomía financiera, pero ¿les darán el control de su propio subsuelo? No, son terroristas! son ladrones! Mientras tanto, en cuatro o cinco décadas África será un erial, y la democracia un recuerdo, para muchos una pesadilla.

Fidel, el dictador, el asesino, el enemigo número uno del mundo libre en América, deja como legado un país al borde de la democracia. Cuando llegó al poder, la isla no se diferenciaba mucho del Congo que podemos ver en las imágenes. Hoy día Cuba tiene la estructura, la experiencia y los medios (escasos y pobres, pero están) para convertirse en una democracia, no como las de verdad, sino de verdad. Una democracia tan corrupta como las europeas, tan imperfecta, tan injusta, pero a la vez el mejor gobierno que conocemos desde que al hombre le dio por escribir. Y todo ello gracias a un dictador, asesino y enemigo de la democracia.

Occidente sigue y seguirá impidiendo la ampliación del club de los demócratas, porque le sale más a cuenta tener a una parte de la población viviendo en plena edad media (véase los contactos con los saudíes, el ejército pakistaní o nuestros buen amigo Reza Pahlevi, ex·Sha de Persia) que aceptarlos en el grupo y tener que repartir el pastel. De ahí su técnica de comenzar la casa por el tejado, hablando de urnas en lugar de escuelas, porque las unas sin las otras no pueden vivir, el resultado: lo hemos intentado, no han querido, podemos expoliarlos legítimamente. El cubano no picó, se fue a los cimientos, y por eso occidente no le soporta. Cuarenta años después deja un país que en muchos temas vence a "democracias" tan "desarrolladas" como Uruguay, Perú o Venezuela, y ello con bloqueos comerciales, amenazas y boicots varios del enemigo más peligroso del mundo.

Ahí queda la "democracia" cubana, sin urnas pero con escuelas, sin visitas a la Casa Blanca pero con dignidad; sin libertad de expresión, sin habeas corpus, sin libertad de empresa, pero esto es lo que pasa el cualquier otra democracia pilotada por occidente.

 

“El exterminio fue primero silenciado y luego usado”

Adjunto una entrevista publicado en el suplemento "culturas" de La Vanguardia publicado hoy 2 de agosto. Obviamente recomiendo su lectura, garantizo que serán 10 minutos muy bien aprovechados.

  

Idith Zertal ofrece en ‘La nació i la mort’ una lectura nueva y radical sobre la cultura política de Israel, su relación con la Shoá y sus consecuencias. Una lectura necesaria en la actualidad del conflicto de Oriente Medio

 

FINA BIRULÉS

 

La colección Traus (Lleonard Muntaner editor), dirigida por Arnau Pons, acaba de publicar La nació i la mort de la historiadora israelí Idith Zertal, en traducción de Roser Lluch. Hablamos con la autora de esta documentada y profunda obra centrada en el lugar que ocupan la muerte y la memoria en la construcción de una nación y en los modos sinuosos con que Israel se ha apropiado de la memoria de la Shoá y de sus muertos para definir y legitimar su existencia y su política como Estado-Nación.

 Usted se cuenta entre los escritores y artistas vinculados a la obra del filósofo alemán Walter Benjamin que se han reunido recientemente en Port Bou y en Barcelona para dar a conocer y debatir los objetivos de la Fundación Internacional Walter Benjamin. Háblenos, por favor, de las características que va a tener este proyecto.
La Fundación quiere ser un espacio de trabajo académico, intelectual, político y crítico en torno no sólo a la obra de Benjamin, un ejemplo clave de la persecución en Europa, sino también en torno a conceptos como frontera, genocidio, racismo, exilio, globalización, inmigración, o a la crítica de arte y al papel del intelectual, del artista. El centro quiere ser un ámbito de reflexión y debate, y no un lugar de mitologización, iconización o banalización de Walter Benjamin. En este momento tenemos ya el proyecto de Norman Foster para rehabilitar el edificio del antiguo Ayuntamiento de Port Bou, donde estará ubicada la Fundación. Esa Casa Benjamin, junto con la estación de Gustave Eiffel de Port Bou y la creación de Dani Karavan en homenaje a Benjamin generarán una formidable sinergia de trabajos excepcionales en este pequeño pueblo.

¿No es cierto que está más interesada en Hannah Arendt que en Benjamin? Su libro constituye un homenaje a esta pensadora.
Es verdad que he llegado a Benjamin a través de Arendt. Mi libro La nació i la mortes en efecto un homenaje a Arendt: es arendtiano tanto en su aproximación como en el análisis que hago de la cultura política de Israel y de la interpretación particularista, y casi exclusivamente nacionalista, del exterminio nazi de los judíos de Europa, tal y como se ha dado en Israel. Examino esa relación ambigua con el exterminio. Israel se ha definido por oposición al concepto de víctima judía al presentarse como un país heroico, masculino, autónomo, independiente. Pero por debajo de este discurso existe una profunda cultura de la víctima y de la muerte que es usada por la política israelí. Esta dualidad se practica a todos los niveles y es extrema en el contexto de nuestro conflicto con los árabes. Al haberse constituido como antítesis o respuesta al genocidio y al victimismo, Israel se ha otorgado el monopolio de la fuerza. Entonces cabe preguntarse hasta qué punto esta concepción de fuerza no implica una situación de precariedad para los ciudadanos. El uso excesivo de la fuerza debilitó a Israel ya a partir de 1967, pues la verdadera fuerza de un pueblo es la cohesión social, la solidaridad, la educación, la relación con sus vecinos y con la comunidad internacional, y, en cambio, en nuestro contexto, son las armas, el ejército y la violencia. Puedo entender el miedo y la angustia existencial de Israel, es natural, es humano, pero hemos ido tan lejos (demasiado lejos) en la fortificación que, paradójicamente, hemos vuelto al ghetto. El muro gigantesco que construimos a nuestro alrededor y que incluye una parte de los territorios palestinos es la prueba de ello.

La manera en que el exterminio ha sido tratado y memorizado ha generado, pues, esta esclavitud o dependencia de la fuerza…
Por supuesto. Este vínculo naturalentre la Shoá e Israel, evidente para casi todo el mundo, es el gran éxito del Estado, ya que se presenta como la justicia y la reparación hechas al exterminio, de modo que legitima su derecho a partir de la mayor catástrofe judía del siglo XX. Pero aquí existe una paradoja evidente, porque ese vínculo justificador contradice o incluso mina la otra justificación existencial del Estado de Israel, es decir, el hecho de que este lugar sea nuestra tierra de siempre, la tierra de nuestros ancestros, a la que volvemos, con lo cual no seríamos colonialistas. Ahora bien: o somos los herederos de los ancestros del lugar, o somos los herederos de las víctimas de Europa. En la política y en el discurso de Israel existen otras paradojas, que provienen de esta misma fuente. Por ejemplo, la fuerza nuclear israelí, de la que no se habla en Israel, como si no existiera, y que es también el producto de esa ansiedad existencial que es la herencia de la Shoá. Sin embargo, la nuclearización de Israel ha expuesto al país y a sus ciudadanos a los peligros nucleares potenciales que representan hoy otros países de la zona. Lo unilateral no existe, ni en la vida, ni en la política. Cada cosa engendra otra, cada acción tiene sus consecuencias, de una manera imparable, diría Hannah Arendt. Ahora bien, 58 años después de su establecimiento, Israel no reconoce todavía esta ley, y se ve solo en el terreno, con lo cual no reconoce ni los derechos, ni los intereses, ni los miedos ancestrales de los otros, y este absolutismo viene también, a mi entender, de la Shoá, que se ha convertido en la carta blanca para todo. Pero no debemos equivocarnos, pues al mismo tiempo Israel es un país moderno y dinámico, en el que, una vez se haya puesto punto final a la ocupación de los territorios palestinos, se puede llegar a vivir muy agradablemente.

En su libro dedica también una notable atención a cómo la elite sionista preisraelí convirtió las grandes derrotas en mitos heroicos: el levantamiento del ghetto de Varsovia, por ejemplo, o el largo y doloroso episodio del ‘Exodus’ en 1947. ¿Esta misma elite eligió ignorar a los supervivientes de los campos, a favor de los muertos?
En los años 50 hubo un enorme silencio sobre el exterminio, se quería crear un nuevo hombre sionista, valiente y que no estuviera de luto permanente. De ahí la relación tan ambivalente con respecto a los supervivientes: se diferenciaba entre la heroicidad de los insurgentes sionistasy la pasividad de las víctimas judías. Se usó el exterminio, pero al mismo tiempo fue reprimido. Manejar a los muertos es más fácil que a los vivos. Los muertos no están en Israel, son muertos ausentes, subieron transformados en humo hacia el cielo de Europa. Por su parte, los supervivientes estaban ahí, con sus recuerdos del horror, y sus desgracias, y nadie podía ni quería escucharlos.

¿Qué consecuencias tiene ahora este uso de la memoria de los terribles acontecimientos del genocidio nazi?
La memoria, cuando es politizada o instrumentalizada, se convierte en una forma de olvido. En Israel no existe una memoria verdadera, detallada, de la Shoá. Por el contrario, la lecciónde la Shoá (representada, por ejemplo, por el enorme trabajo de Yad va-Shem), de la que los dirigentes se sirven políticamente, lo impregna todo. Pero esto no es memoria. Durante muchos años en Israel se ha negado todo el pasado inmediato de la diáspora. Sólo existe el pasado bíblico. En realidad, Israel se encuentra como en el limbo, entre un pasado mítico y un futuro mesiánico, lo cual nos impide juzgar nuestras propias acciones presentes, de modo que lo difícil es el diálogo entre nosotros mismos y la Shoá. Además muchos intelectuales israelíes son percibidos como enemigos del país a causa de sus opiniones. Esto crea una democracia en tensión continua. Algo similar se ha producido en EE.UU., por ejemplo, ya durante la guerra de Vietnam, o ahora en relación a la guerra de Irak. Pienso que ya es el momento de cortar ese nudo gordiano entre la Shoá e Israel. Israel ya no precisa de este recurso para su existencia y, en cambio, esto ha pervertido nuestra relación entre nosotros, con el mundo y con nuestros vecinos: nos ha convertido en intolerantes e insensibles hacia los demás; esto es lo básicamente insoportable de este uso del pasado.

Desde los primeros años 50, Israel ha hecho de todo enemigo un nazi…
Acusar de nazi a cada enemigo, o a aquel que es percibido como enemigo, ya sea el Gran Muftí, Nasser, Arafat, o incluso los rivales políticos israelíes, tal y como se acostumbra en la cultura política israelí, es devaluar y pervertir las atrocidades nazis por un lado, pero por otro lado es devaluar y pervertir la muerte y los sufrimientos sin precedentes de las víctimas. Además, al tratar a los árabes de nazis, éstos quedan demonizados para siempre; pervertimos el presente, el pasado y a nosotros mismos. Ahora bien, con los nazis no se negocia, y los israelíes deben negociar con sus vecinos. Como he dicho, esto también se aplica dentro de Israel, donde toda crítica de la política es vista como antisemita o antisionista, de modo que las prácticas políticas y militares hacia el exterior tienen carta blanca. El militarismo está presente también en la política interna, donde todo juicio discordante es rechazado en nombre de la siempre precaria existencia del Estado. Se trata, como digo, de una democracia condicionada, con cláusulas.

Agrupémonos todos

Los quinientos trabajadores del aeropuerto del Prat no habrían cantado con tanta alegría de saber la que se les avecinaba. En las imágenes de televisión  se les ve eufóricos, poderosos ante la quincena de antidisturbios que no pueden hacer otra cosa que observar desde la distancia. "No nos moverán" cantaban a coro desde la pista del aeropuerto, quizás desconocedores del increíble caos que estaban generando.

Cuando la acumulación de stocks y la externalización de la producción están acabando con la razón de ser de las huelgas, estos señores han dado un golpe de mano digno de atención. La propia reacción de las autoridades demuestra la falta de previsión -de imaginación podría decirse también- ante una protesta realizada de forma autónoma. Ni partidos ni sindicatos aparecen detrás de esta gente. No hay banderas ni eslóganes prefabricados que enlacen sus problemas con temas más genéricos. Quinientos trabajadores, currantes, sin estudios ni postgrados en Yale. Quinientos "donnadie" que no han recibido entrenamiento en Libia, ni se han leído un sólo libro del Che, han demostrado lo que decían los revolucionarios del XIX una y otra vez. Hace más de 2000 años, Alejandro Magno pidió que le mostraran el Nudo Gordiano. Decían que quien supiera deshacerlo tendría el control de toda Asia. El macedonio no lo dudó, desenvainó la espada y cortó el nudo en un periquete. Más o menos así se han ido solucionando los diversos entuertos hasta nuestros días. Al final, el más fuerte es quien se lleva el gato al agua. Sin comerlo ni beberlo, los trabajadores de Iberia en el Prat han deshecho su particular nudo gordiano, con la misma facilidad con que el bueno de Alejandro cortó el original.

A día de hoy los ánimos se han calmado, los aviones han despegado y miles de denuncias se han tramitado por parte de los viajeros damnificados. Los huelguistas han sido juzgados y condenados por el tribunal de la opinión pública, y el gobierno ha dado orden de actuar sin dilación ante cualquier otro intento de sabotaje. ¿Sirve eso de algo? Pueden aguantar un mes, dos, hasta seis meses en alerta, con un retén de antidisturbios en el aeropuerto, ¡que movilicen al ejército si se sienten más seguros! Porque como decía un guardia civil, si la acción no pudo ser detenida fue porque la originaron los propios trabajadores, las mismas personas que se pasean a diario por la pista, son los que la han bloqueado. La única solución viable ¡ay! sería impedir a los trabajadores acudir a sus puestos de trabajo, y que el aeropuerto funcionara por la gracia de dios.

¿Huelga salvaje? ¿Terrorismo de baja intensidad? La cruda realidad es que el método viene de una escuela sita en la Diagonal, llamada ESADE, que no suele recibir tales epítetos. Es lo que aprenden los dirigentes del mañana, los futuros directores generales, alcaldes, secretarios y consejeros: aprovechar el flanco débil, atacar donde más duele en nombre del libre comercio. ¿No es lo que han hecho estos trabajadores? En el mercado libre de la mano de obra estos trabajadores han puesto en práctica los métodos habituales del capitalismo, y por ello les llaman salvajes. Lo son sin duda, pero ¿qué hacer? El individualismo es lo que tiene, que si sólo piensas en tí poco importa hacer perder decenas de millones de euros a la empresa donde trabajas. ¿No es esa la política de la empresa? Si dejamos de ser personas trabajadoras para ser unidades productivas, ¿qué nos importa el hundimiento del negocio, si al negocio le importa una mierda nuestro hundimiento como personas?

Las personas, esa es la piedra de toque. Las personas que esperaban tomar un avión han actuado en este enfrentamiento -como diría el gobierno israelí- de "escudos humanos" de la empresa. Sucede en muchas ocasiones, que las luchas obreras son aplastadas antes de comenzar con el argumento del daño que provocan a los demás. Los médicos cobran 1.200 euros al mes, pero no pueden ir a la huelga porque moriría gente. Los ferrocarriles deben circular todos los días a todas horas, a pesar de que los derechos de los trabajadores sean recortados una y otra vez. Sin embargo, la máquina generadora de capital no puede detenerse ante las desgracias de sus afectados. Cuando ésta actúa se habla de "casos individuales", cuando actúan los trabajadores en cambio la afectada es "la sociedad", en pleno, hasta los que están de viaje por Mongolia

Las personas, de eso hablamos en esta huelga. De las 500 personas que ven en peligro su fuente de ingresos. Obviamente, es más complicado que el maniqueísmo que utilizo en estas líneas, y en esta complicación se encuentran muchas de las causas de estos fangos que pisamos. Pero ello no varía la lección: las personas, los casos individuales, tenemos poder: personas sirven el café en las reuniones de los poderosos, y les desplazan en coche de un sitio a otro. Personas recogen las basuras a diario, y de no hacerlo pueden convertir una ciudad en inhabitable. Personas, en el otro lado de la barrera, son las que mantienen a muchas empresas con su consumo; en sus manos está hundirlas. Unidad e imaginación, sin pegar un solo tiro, han permitido a 500 "mindundis" pillar de los mismísimos a una multinacional como Iberia, y al gobierno en pleno de la Generalitat. Tomar conciencia de este poder, y saber utilizarlo para el beneficio colectivo, es el camino que debemos seguir los miembros de la "plebs" si no queremos acabar peleándonos unos con otros, a tiros o quitándonos los empleos, que de plomo o de hambre igual se muere.

La democracia israelí

La judería anda revuelta porque los moros les han secuestrado a tres soldaditos. Ya lo decían los francotiradores serbios que los vivos son más molestos que los muertos, y por eso preferían herir que matar: a un muerto lo olvidas y listo, de un vivo debes seguir preocupándote so pena de ser acusado de salvaje, cruel, inhumano, cobarde y traidor. A medida que avanza el conflicto de Oriente Medio, uno tiene la sensación que los palestinos han leído los libros de historia, mientras que Israel no.

Ya hace algunos años, Arafat vivito y coleando, se montó un pitote llamado Intifada, que venía a ser para la OLP lo que la ofensiva del Tet fue para el Vietcong: la revolución a golpe de televisión. De todo se les dijo a los israelís cada vez que la tele enseñaba a un civil que  huyendo del combate era acribillado por la espalda por un retoño hebreo que, a sus 19 años, se encontraba en medio de la bárbara morería armado con tecnología punta y haciendo lo que sabía hacer: jugar al Counter Strike pero en versión real. El recluta movía el cursor, apuntaba con el cañón al padre que resguarba al hijo entre sus brazos y !zas! 200 puntos pal bolsillo, más 150 de bonus por el combo, que la cabeza arrancada del niño le había dado de rebote a otro morito que pasaba por ahí. El soldadito israelí saltaba de alegría, sus compañeros aplaudían, le prometían mil cervezas para remerorar su hazaña, y las cámaras de televisión retransmitían el espectáculo en directo para mayor regocijo de un Arafat que entre trago y trago de coñac Napoleón pensaba en lo bien que le iba a la causa palestina esos cadáveres adornando las televisiones de medio mundo, junto al toro y el tapete de la suegra.

Tan bien le fueron las cosas que incluso cuando Arafat tuvo al primer ministro israelí en frente, muriéndose por darle la mano en público, el fundador de la OLP decidió rechazar la oferta y volver a probar suerte. Así apareció, si mal no recuerdo, la segunda Intifada. Ahí calculó mal, el progre Barak fracasó con sus buenos modales, pero los israelís ya habían aprendido la lección. Sharon (cabrón) tenía más mili que Netanyahu, e incluso que Barak. En vez de entrar a saco como era tradición, optaron por los "ataques selectivos" que es algo así como el tiro en la nuca de ETA: a uno de la OLP lo mataron con el móvil, a otro un misil que entró por la ventana del despacho, y así comenzaron a fagocitar al estado palestino.

Si Arafat sabía cosas de Vietnam, Sharon tenía conocimientos de Auschwitz, y sabía muy bien que los nazis, para limpiarse las manos de genocidio, lo que hacían primero era despojar de toda humanidad a sus víctimas: los convertían en despojos, y a continuación lo que hacían no era "matar", sino "limpiar". Así, el "héroe" del Líbano renunció a la matanza indiscriminada, por qué matarlos yo -pensaba- si puede hacerlo el hambre? Así que un murito por aquí, un barrio civil arrasado por ahí. Como los dirigentes palestinos viven entre la población, pues claro, habían daños colaterales, y con el tiempo la estructura estatal de la OLP se fue convirtiendo en un cadáver sin vida.

Las consecuencias de esta política se ven hoy: a falta de un estado laico en palestino, gana la sociedad religiosa. Es una ley de la sociología que los seres humanos vivimos en sociedad, y si no la tenemos la creamos, tal como un pájaro hace el nido, por instinto. Si no puedes crear un estado moderno, pues creas uno feudal, y ahí tienes a Hamás arrasando en las elecciones, porque a diferencia de Al Fatah, los islamistas con la mezquita se bastan, y que les quiten hospitales, escuelas o ministerios les afecta más bien poco, porque con el Corán se apañan muy bien.

Pero he aquí que Sharon enferma, entra en coma y le sucede Olmert. A este señor le pasa lo que a los elegidos por su predecesor (Almunia, Rajoy, Mas) que está más preocupado por demostrar que él también sabe que no por llevar a cabo una política coherente. Y por ahí se la han colado los palestinos, que ya digo que de historia saben algo. Van cuatro tipos de los mártires de Al Aqsa, o de Sabadell, que para el caso es lo mismo: cuatro matados, sin orden ni control, sin nadie que les dirija, y ellos solitos le dan una patada en los mismísimos al gobierno de Israel: han arrasado Beersehba? han aplastado a una brigada acorazada? Qué va, han secuestrado a un soldadito capullín y con eso han puesto contra las cuerdas al estado israelí.

Si hacemos cálculos a día de hoy, podemos decir que para los hebreos la vida de uno de los suyos equivale a la de un centenar de moritos, palestinos o libaneses tanto da (los tanques no están por los detalles). Más allá de que Israel no esté de acuerdo con que todos los seres humanos somos iguales, esto sienta un grave precedente. Porque ayer les secuestraron a dos soldaditos más, así que ahora toca matar a 200 moros y arrasar 6 o 7 barrios más, porque si no la familia de los secuestrados se quejará de que les abandonan ante la tragedia.

Pasan los días y los árabes mantienen su política de tierra quemada: es la ventaja de la edad media, que una vida humana vale muy poco. Así los turcos matan a sus hijas porque se han enamorado, o los afganos ahorcan a un tipo por haber robado un cántaro. Con cinco o seis hijos por familia la pérdida de vidas es un lujo que se pueden permitir. Israel, por el contrario, ya no es todo lo feudal que algunos de sus ciudadanos querrían: conocemos los nombres y apellidos de los tres prisioneros, incluso hemos oído a sus familiares llorar por ellos. Son personas, seres humanos, no sólo cifras, o almas, como los cientos de cadáveres del otro lado. Y ello obliga, como he dicho, a actuar consecuentemente, a arrasar barrios enteros, a asesinar fríamente a nueve niños por si acaso iba con ellos algún presunto terrorista, todo en pos de liberar a los tres ciudadanos israelíes secuestrados por las hordas bárbaras.

Estas cosas suelen pasar cuando un ejército se enfrenta, no a otro, sino a la nada. En 1814 los franceses se largaron de España cagando leches, vencidos por el odio visceral que hacia ellos sentían los íberos. Los rusos, pese a contar con ejército, hicieron algo similar en aquellos años, y el pequeño corso también tuvo que abandonar el este. Pero claro, el hermano mayor de Israel no es europeo, sino estadounidense, y ahí se nota la diferencia.

Supongo que Bush debe plantear la situación en Oriente Medio partiendo de las películas de John Wayne. Los palestinos son los indios salvajes, que secuestran a las mujeres y cortan cabelleras; Israel, a parte de representar un importante grupo de votantes, es también lo que vendrían a ser los yanquis, con las caravanas, el ferrocarril y el séptimo de caballería dispuesto a todo. Y claro, en los EE.UU. no ha pasado nada por exterminar a la población nativa para construir McDonalds y misiles termonucleares. ¿Por qué Israel debe ser diferente? Se entiende así que Bush defienda los bombardeos sobre población civil como un acto en defensa propia: es lo que aprendía de pequeño cuando papá Bush le llevaba al cine, que los indios son malos remalos, y que los yanquis son todos buenos y honrados.

El idealismo yanqui casa muy bien con esta interpretación, lo mismo en Israel, que es otro estado joven que cuenta sus guerras por victorias. Sin embargo, la historia cuenta otras cosas. Años ha otros europeos fundaron un reino en Palestina, fueron los cruzados. A base de mucha mala leche y conflictos constantes pervivieron en la zona por un siglo y medio,  hasta que a finales del XIII lo dejaron estar. Los israelís son también europeos, no en vano sus bisabuelos son todos del viejo continente o Estados Unidos, que van a “civilizar” una tierra salvaje y llena de bárbaros. No entienden que estas gentes no acepten su mensaje “evangelizador” y mucho menos que les quieran echar por la fuerza, cuando llegan cargados de buenas intenciones. Por eso quieren apañar la falta de inteligencia de los moritos a base de misiles y bulldozers, para que entren en razón.

Pero ni todas las bombas del mundo pueden con la paciencia, y los árabes, educados en la mezquita (generosamente financiada por EE.UU. en los años 60 como vacuna contra el socialismo) de paciencia tienen mucha. Israel existe porque está intubada a una máquina de respiración artificial, y el día que la desconecten morirá engullida por las hordas bárbaras que recuperarán, más aún que su territorio, su bizarra libertad. La democracia es buena en todas partes, pero deben respetarse los ritmos de cada país. España cogió de Napoleón muchas cosas, pero no se detuvo hasta poder gritar alegremente “vivan las caenas”. Oriente Medio sin duda aprenderá mucho de Israel, pero no dará un paso hacia la democracia sin antes haber gritado en Jerusalén “Alá es grande”. Mientras los hebreos no entiendan esto, su democracia será sinónimo de masacres civiles y enormes campos de concentración.

Carta desde el oasis

Lo del oasis catalán nació en la segunda república, en referencia a la estabilidad de los gobiernos de Esquerra frente al continuo baile que se producía en la Castellana. El concepto ha tenido un gran éxito, y hoy en día forma parte de los tópicos recurrentes de los columnistas machacones, especie ésta -en la que me incluyo- que vive una floreciente primavera gracias a la manga ancha de internet. "El oasis se secó", "El oasis catalán presenta turbulencias", "adiós al oasis catalán". Esta clase de títulos pueden encontrarse en las columnas de opinión de todo el periodo democrático.

Catalunya ha sido, es y seguirá siendo con toda probabilidad un oasis político, siempre y cuando se la compare con Madrid. Y lo es porque el pacto -ese otro tópico- funciona mucho y bien en el principado. Pactar es visto en Barcelona como un logro, mientras en Madrid se lee como una rendición, una cesión que, si se dispone de mayoría suficiente, se debe evitar por el bien tanto de las leyes como de los intereses particulares del partido de turno. Así están las cosas y dudo que las elecciones de octubre cambien ni un ápice de esta línea, salvo espantada del ala derecha del PP. Aunque en este caso, más que fin del sistema pactista, tal vez nos encontraríamos con el Pacto de Pactos, la absorción de los populares a la práctica política habitual del país.

Porque el PP no sabe ni actualmente puede entrar en este juego. No sabe porque se exige un grado de autonomía de la federación autonómica que ni siquiera tiene UPN, que es un partido teóricamente autónomo del PP. No puede porque va en contra de sus posturas centralistas, una posición que habitualmente defiende la izquierda (recordemos a Borrell) pero que aquí, en defensa de la unidad patria, la derecha ha asumido como propia, defendiendo sus bondades a la vez que reclaman nuevos estatutos de autonomía con más competencias para las comunidades que gobiernan. Es cuestión de tiempo y cambio de caras que esta política varíe, y lo que hoy se considera el anticristo sea izado como bandera de las libertades y la justicia por el partido de la gaviota. Al fin y al cabo, la descentralización es la norma en los diversos estados europeos, e incluso la Unión Europea no es más que la cesión de competencias a otro gobierno.

Al ver la tranquilidad con que los populares asumen su papel de marginados en la política catalana -por los réditos que le ofrece en el resto del estado- no deja de sorprender que otros quieran descubrir la pólvora mojada, y lograr desde la nada lo que López Rodó, Vidal·Quadras y ahora Piqué (el que mejores resultados ha obtenido) no han alcanzado en 25 años. Esto es, convertir la política catalana en una parte más de la española. Tal es el objetivo de los señores de Ciutadans de Catalunya, que ahora se llama Partit de la Ciutadania (como las natillas, que ahora se llaman Danet). Estos señores son la viva muestra de que el oasis político perdura. Sólo así puede entenderse que las divergencias de la línea oficial tengan bases tan endebles: no protestan por la vivienda, ni por la sanidad, ni siquiera por la represión política, se quejan únicamente del catalán y lo catalán.

Y digo endebles no porque no tengan argumentos sobre el tema de la "persecución" al castellano, que los tienen y muy trabajados. Sino porque en el resto de temas no tienen nada, salvo algunos clichés del estilo de "el nacionalismo es muy malo", o "lo queremos todo en español", o el mejor de todos "mi hija no puede recibir clases en su idioma materno" defendido por un personaje con mucho tiempo que perder y muchas ganas de salir por la tele.

No es una afirmación gratuita que no tengan más temas de que hablar que el nacional·lingüístico. El pasado domingo los Ciutadans cerraban su congreso de una forma tan esperpéntica como viene siendo habitual en sus apariciones públicas, desde aquella fotito de la intelectualidad, todos ellos tan sabios y a la vez tan descamisados. La primera curiosidad del congreso es que se ha celebrado completamente a puerta cerrada, supongo que para esconder algo, porque si no harían como los demás. ¿Qué será? intuyo que las vergüenzas de mostrar en público que lo único que une a estas gentes es una especie de odio visceral hacia lo catalán, mezclado con la autocomplacencia de declararse conocedores de la verdad absoluta, aquella tan evidente que el vulgo no ve, pero ellos (cráneos previlegiados) sí.

Viendo lo que ha salido del susodicho congreso no puede entenderse otra cosa. Incluso en Libertad Digital, el periódico de Losantos que tanto apoyo ha dado a los Ciutadans, es imposible encontrar nada que no se hubiera dicho antes del congreso de este fin de semana: nada dicen de sanidad, nada de infraestructuras, nada de trabajo, salvo en los temas referentes al uso idiomático. Y yo me pregunto, ¿a qué viene ese rechazo a lo catalán? La única conclusión es que es un odio que les hace sentir mejor, superiores. No hay otra explicación.

Cuando el estado español prohibió el catalán, allá por 1938, se cumplió a rajatabla. Ni una miserable nota personal a mano podía mostrarse, so pena de ir a parar al talego. Durante 40 años la prohibición fue cien veces más efectiva que todos los decretos de nueva planta firmados por la borbonada en los dos últimos siglos. Pero resulta que ya no estamos en los años del desarrollismo, y las leyes sobre idiomas de la Generalitat, aunque duras, son de leve cumplimiento. Puedes pasarte años ignorando cuestiones idiomáticas y no te pasará nada. Y aún el día que logren la plena aplicación de normas como la de rotular en catalán, los medios de comunicación les seguirán sacando una infinita ventaja a los talibanes del catalanismo.

Los catalanets que vivimos y trabajamos en Catalunya, nos reimos un montón cuando escuchamos ciertos comentarios sobre el "estado de sitio" en que nos encontramos. Porque el que aquí vive sabe que puede hacerlo utilizando, si le da la gana, el castellano desde la mañana hasta la noche, sin el más mínimo problema. ¿Que te puedes encontrar con un catalanista talibán? sí, al igual que con un ultraespañol. Personalmente me parecen individuos igual de desagradables en el trato, aunque con una pequeña diferencia: en varias ocasiones he visto a independentistas bajar del carro. Nunca, sin embargo, a un españolista (qué palabra más fea) hablando en catalán por respeto al otro. Sea por ignorancia o mala educación (que es una variante de la ignorancia) desde que tengo uso de razón son los catalanoparlantes los que siempre acaban por hablar en castellano. Los castellanoparlantes (ojo, no los que están de visita o recién llegados, sino los que llevan aquí 30 años y hablan en castellano desde siempre, y no les han encarcelado por ello) siempre han contado con la ventaja de hablar en el idioma de la mayoría, de la tele y la radio, de los futbolistas extranjeros y las frases ramplonas de las estrellas del rock (gloriosa excepción: Bruce Springsteen).

La única explicación a este antinacionalismo catalán, como ya he dicho, es que estos señores Ciutadans quieren quitarle el puesto al PP como partido pro·nacionalismo español, esto es, en la misma línea de caracterización nacionalista que CiU o ERC, pero en sentido opuesto. Novedades pocas. Suena a chiste que los problemas económicos del país se deban a la política lingüística, que supone una ínfima parte de los presupuestos y afecta a un reducidísimo número de personas, principalmente a los que no les da la gana aprender cosas nuevas, en este caso un idioma. Aún tengo que conocer a la persona que, venida de fuera, no tenga en tres meses los rudimentos del catalán y pueda desenvolverse con plena libertad en el país.

Pese a todo, contra viento y marea, ahí están, que a la contra se vive mejor. Al parecer el gran debate del congreso fue si eran de izquierdas o derechas, y acabaron por no mojarse. Otro tema era el ámbito de actuación, si a nivel de Catalunya o de todo el estado, y al final se han apuntado a las dos. Incluso a la hora de decidir con qué partidos pueden pactar, han dejado las puertas completamente abiertas, a ver si hay suerte y alguien les arregla la papeleta en todo lo que no tenga a ver con la cuestión idiomática. El congreso se cerró a las 5 de la tarde, no porque hubiesen acabado los debates, sino porque se les acababa el alquiler del local, y así, con la prensa que no puedo entrar al congreso, y con una declaración de mínimos tradicional de los partidos marginales, cerraron el congreso con un candidato de 26 añitos, recién licenciado en derecho (todo un cúmulo de experiencia gestora) y una secretaría general en manos de un señor que desde hace años campa por foros babel y asociaciones chupasubvenciones del estilo. Los guapos, los Espada, Boadella, De Carreras y demás ya han guardado la ropa, y sus nombres no aparecen en las candidaturas. Dirán que es por no ser portagonistas, pero tras sus apariciones estelares suena un poco hipócrita esa afirmación. Al fin y al cabo, en los enlaces de la web de Ciutadans, el primero que encontramos es el blog de Arcadi Espada.

El partido "antisistema" es la mejor muestra de que algo se hace bien (o que somos todos muy tontos) cuando escogen como principal problema de la ciudadanía el idioma. Por otra parte, se convierten sin saberlo en el baluarte del sistema político que quieren defender. Si fracasan, porque demuestran que estaban equivocados. Pero si triunfan, ay! qué gran favor les haran a convergentes y republicanos, ahora que el PP catalán, huérfano de Moncloa, es débil y da poco miedo. Un nuevo partido anticatalanista es lo que necesita Carod para repetir los últimos resultados electorales. Así es nuestro oasis, cambia todo y no cambia nada, y seguimos adelante para verificar que efectivamente hay vida después del mundial.

Recordando la constitución europea

Una de las colas más largas que arrastró la Constitución europea, en aquellos días en que estaba viva y los chicos de Operación Triunfo cobraban de nuestros impuestos para promocionarla, era el tema de la confesionalidad del engendro. El Gran Oriente de la cofadría que se encargó de redactar el texto, a saber el Sr. Giscard d’Estaing, consideraba que Europa estaba intrínsecamente ligada a la fe cristiana, porque decía que en ella se encontraban las raíces del continente.
Podría responderse de mil maneras a esta afirmación, y en efecto muchas fueron las críticas hechas a esta postura. Porque claro, esto que se llama Europa es tan hija del cristianismo como de la cultura bárbara, pestes negras, persecuciones religiosas, imperialismos de todo tipo y algún que otro exterminio, que es lo que encontramos cuando miramos la historia de Europa, además de la omnipresente fe cristiana.

Pero lo erróneo de incluir temas religiosos en la constitución ha quedado definitivamente claro hoy, domingo 9 de julio de 2006. No mucho ha que en nuestro país el arzobispo de Toledo dejara claro, por si alguien aún no lo sabía, que ésta era la "reserva espiritual de occidente". Y en una cosa no le faltaba razón, y es en el gran número de católicos que campan por la piel de toro, entre misas y rosarios -algunos cilicio-. Como le sucediera a Abraham, a quien Dios le pidió el sacrificio del hijo, hoy los españoles, qué digo, España!, estaba llamada a cumplir con su sacrificio ritual, echar el vellocino de oro al fuego para purificar el alma, implorando piedad al más grande. Debia elegir, y lo ha hecho.

Tal vez los datos me contradigan, pero me da que el seguimiento de la final del mundial de fútbol han rebasado ampliamente a los de la visita del Papa Ratzi a la muy católica y apostólica Valencia. Cierto que don Benito contaba con la ventaja de la emisión simultánea en varias cadenas de televisión, así como la asistencia en directo de una multitud. Pero, aparte los cientos de millones que han seguido la final por el mundo (por cierto, buen partido, Zidane murió con las botas puestas), la centinela de occidente se ha dormido en la garita.

No pretendo restar méritos a este veterano inquisidor que es el Papa. En pleno siglo XXI, no sé de nadie en Europa capaz de reunir a cientos de miles de personas sólo para escuchar a unos señores (porque ya saben que las señoras no pueden) hablar sobre un entarimado. Así, sin música ni fuegos artificiales, ni concierto de Pavarotti ni nada. Hoy en día no es fácil ver tal cosa. A este nivel sólo se me ocurren el presidente de Irán, el de Corea del Norte, el comandante Fidel, y cómo olvidarlo, Saddam Hussein, ese sí que los juntaba bien juntos.

Nuestro país ha dejado hoy bien claro, por la democracia de las audiencias, qué opio prefiere; la pelota ha vencido a la cruz. La nueva religión es laica, acepta a las mujeres -aunque aún no mucho- no dice nada sobre el sexo, ni sobre los excesos, tampoco tiene la potestad de declarar la guerra a nadie y, lo que es más importante, no regala absoluciones Urbi et Orbe, del orden de "obedece y síguete tirando al monaguillo". Las religiones mueren como lo hicieron en su día el Mamut o las palomas mensajeras, por inutilidad práctica. Cierto que los católicos son legión, sin embargo la gente que ha de vivir por estos lares mira hacia otro lado, unos de forma natural, otros a escondidas, pero todos ante el balón. En Europa hay cristianos, pero no es cristiana. Confío en que, para la próxima constitución que nos quieran vender, el comité de brujos tenga claro este hecho y no nos quiera vender motos a pedal que a estas alturas de la película hay problemas más serios.

¡Quiero ser solidario!

Una cartita que he encontrado colgada por ahí:

¡Me muero de ganas de ser igual que los demás españoles!

 Tengo nacionalidad española (y soy español); vivo en Cataluña y quiero ser solidario con el resto de los españoles (y viceversa).

 NO QUIERO ser diferente, pero sí quiero ser y tener los mismos derechos y las mismas condiciones de vida que todos ellos.

Por eso quiero:

Que mi IPC, último del 4,1 sea el de la media de toda España, o sea, el 3,8 (Cada año es superior en Cataluña y me aleja del resto de los españoles).

Que una vivienda en Barcelona valga lo mismo que otra en cualquier punto de Extremadura. El costo de una en Barcelona me permitiría comprar tres en Extremadura, vivir en una y alquilar las otras dos y así conseguiría incrementar mis ingresos.

Que el agua, que yo pago a 18 euros el metro cúbico, valga igual que la de una urbanización próxima a Valencia, que cuesta 0,2 eur/m3

Que el billete ordinario del Bus de Zaragoza con costo de 0'75 euros, sea lo que me cuesta a mí, que ahora pago 1,15 euros (o al revés).

Que el impuesto de Transmisiones Patrimoniales del País Vasco, que ahora está exento, sea igual para mis hijos cuando hereden (si es que lo logran), que en Cataluña tiene una escala semejante a la del IRPF.

Que la ITV, que en Melilla cuesta 19 euros, sea la que yo pague en vez de los 44,65 euros que yo desembolso

Que de las seis salidas que tiene por ejemplo la ciudad de Madrid, sean de pago al menos cinco, como ocurre en Barcelona, y no gratuitas como en la capital de España.

Opá, s'ha acabao'l Mundiá!

Una vez más, los galos le han ganado la partida a España. Ni una sóla vez se ha podido ganar a Francia en competición oficial, y la cifra es aún más abultada si añadimos las derrotas militares: Tres siglos sin ganar a los vecinos comienza a ser un problema serio.

Sin embargo, y como dijo el generalísimo, no hay mal que por bien no venga, y esta derrota nos ha ahorrado a los habitantes de esta tierra de conejos un sinfin de dolores de cabeza. Para comenzar, una semana más de "grandeur" mezclada con horchata, hasta los cuartos de final. Pero sobretodo, lo que siempre agradeceremos a Zidane y al "negrodemierda" Henry, es haber acabado con el "Opá" y la madre que lo parió. Se acabó esta odiosa canción, se acabaron los politonos "mundial", "oé, oé" y gilipolleces por el estilo.

En beneficio de todos, y visto que en cuestión de Champions vamos servidos, no estaría de más convertir estas derrotas mundialistas en una tradición, una especie de festividad. No es broma no, y como ejemplo les diré que en Catalunya el día festivo del 11 de septiembre (el más carismático de todos) es para celebrar una derrota. ¡Y no vea usted lo contentos que estamos todos ese día! Sería muy bonito ver a la afición celebrando los goles contrarios, a la vez que lamentaban los aciertos de la propia zafa. Se podría decorar como un acto de humildad, como un reconocimiento de la Alianza de Civilizaciones a los países menos desarrollados, que gracias a la generosidad española podrían darse a conocer en el mundo al mismo nivel de las grandes potencias.

De esta forma, mañana Raúl sería recibido como un héroe en Barajas, y no como un trasto viejo y molesto, que maldita la hora que entró en la alineación para no hacer nada. Aragonés podría volver al bingo por la puerta grande, a pulirse la prima por no haber pasado de octavos (que tiene mucho más mérito que quedarse en cuartos, como viene siendo habitual). Por último, Zapatero les condecoraría por su inestimable tarea en pos del bienentendimiento entre las diferentes naciones. Incluso Rajoy se sumaría diciendo que con él de presidente "no habría pasado de la liguilla".

De no aceptar esta propuesta lúdico festiva, propongo que la selección deje de presentarse a los mundiales. A estas alturas, se tiene que ir a ganar, y visto que no es lo suyo, me opongo a que el dinero del contribuyente se malgaste en estos inútiles fuegos de artificio, cuando sin salir de las fronteras patrias está demostrado que se puede malgastar el mismo o mayor capital en mayores, más fastuosos y más inútiles fuegos artificiales, como son el Forum de las Culturas, el AVE Madrid Sevilla o -maravilla de las maravillas- la duplicación del presupuesto militar el mismo año de la reconquista de Perejil.

 

Que vienen los godos!

En el periodo clásico, las polis griegas tenían la tradición de enviar al exilio a sus dirigentes una vez concluído el mandato. La razón, muy de sentido común, es que en el ejercicio de lo público era inevitable importunar, cuando no perjudicar, a una parte de la sociedad. Por ello, por respeto a estos perjudicados, después de unos años en la poltrona los ciudadanos invitaban al ex·gobernante a darse un garbeo por las provincias.

Los modernos medios de comunicación han hecho innecesario este paso: si no sales por la tele, no existes. Así, los antiguos cargos pueden pasearse tranquilamente, a sabiendas que ninguna cámara les perseguirá ahora que no son nadie. Suerte tienen de ello pues de lo contrario, en la era de la globalización, deberían exiliarse al desierto de Gobi para esquivar eficazmente a esta españolidad que inunda la piel de toro y se dispersa cada verano por todos los rincones del mundo.

Precisamente el tema de que quiero hablar comenzó en una de estas dispersiones, mejor dicho un ostracismo voluntario. Seguramente, fue paseando por el foro de Roma cuando Maragall recordó las lecciones de los griegos clásicos, y decidió desaparecer de la Barcelona Olímpica. Lo que tenía que ser una prejubilación cinco estrellas (ojalá yo pueda hacer lo mismo cuando cumpla los 50) fue alterándose con el paso del tiempo. Rodeado de las estatuas de Augusto, el foro de Trajano y el Panteón de Agripa, es de suponer que a Maragall acabase por quedarle pequeña la alcaldía de Barcelona como referente para las futuras generaciones.

Maragall volvió, venció a CiU (con Pujol no pudo), se inventó un estatut, y ahora decide dejarlo todo. ¿Por qué? Eso será difícil de explicar, durante un tiempo al menos. Sin embargo, lo importante no es que se haya ido -a los dirigentes se les recuerda más por sus gestas que por su propia presencia física en el cargo, véase a Macià, o incluso a Alejandro Magno-, sino lo que ha dicho en el momento de despedirse: ha llegado el momento que una nueva generación asuma el poder en Catalunya.

Ahora cabe recordar los que han sido presidentes de la Generalitat en su etapa moderna: Primero fue "l'avi" Macià, luego Companys, a éste le siguió Irla, quien en la clandestinidad le pasó el testigo a Tarradellas. Ya de nuevo en democracia hemos tenido a Pujol y, aún en activo a Pasqual. Todos apellidos catalanes, qué digo, "Catalans", en mayúscula y en el idioma del país. Todos llevan apellidos rotundamente polacos, pertenecen a esas dinastías que nacen en el XIX y se autoerigen en continuadores de la obra de Jaume I, pero sin ejército ni esclavismo, que eso queda feo. Maragall ya se vendió a sí mismo como el gran cambio ante Pujol, pero como bien dijo él mismo, para presidir la Generalitat es muy importante el lugar de nacimiento.

En esta Catalunya del 2006, y dicho a ojo de buen cubero, uno de cada dos jóvenes es hijo de padre inmigrante. Los Llopis, Mateu, Bargalló, Parera y cosas por el estilo ya no están de moda. Son apellidos que siguen ahí, en la parte alta de la jerarquía social, pero ni están solos ni tienen la influencia que tenían. La Catalunya antifranquista decidió que el país debía construirse con los inmigrantes, no a pesar de ellos. Esta estrategia salvó las particularidades políticas y sociales del principado en su peor momento (lo de la cultura y el idioma, como diría Marx, es superestructura). y prueba del éxito de esa política es lo que probablemente veremos en los próximos días: un Montilla en la Generalitat.

Montilla es uno de esos apellidos como hay mil. No tiene las connotaciones pintorescas de un González, pero tampoco despierta viejos recuerdos, como sería un "Blas Infante", apellido por otra parte muy respetable. De lo que no cabe duda es que Montilla no es un apellido de origen catalán, como pudieran serlo Companys o Tarradellas. Montilla, José Montilla, es andaluz, y de joven recogía olivas para ayudar a su padre. José Montilla es a Catalunya lo que Henry Ford a los Estados Unidos: el tipo que no es nadie y sin embargo llega a lo más alto, en un país y un momento donde la inmigración, lo nuevo, tiene más fuerza que lo viejo. Tras décadas como alcalde de Cornellà, Montilla, el Monti, ahora es ministro de industria y futurible para la Generalitat. Casi ná, seguro que sus padres deben estar orgullosísimos, y no digamos sus compañeros de colegio, allá en el sur, al ver cómo le van las cosas al Monti.

El problema de Montilla no es que sea un charnego, sino que es un soso: tiene cara de secretario general del PC de Moldavia. Ese rostro serio, grave, pero que es el mismo cuando va al Parlamento que cuando va al teatro a ver a Rubianes. Montilla no es un showman como lo ha sido Maragall, ni tiene esa mirada perdida, siempre en busca de la Pica d'Estats, con la que Pujol encandilaba a sus queridos botiguers. Montilla tiene una cara que aburre, pero un cerebro que asusta. Y lo que es más importante, es un charnego, en un momento en que tal vez toque votar charnego.

Charnego es un insulto; un servidor se lo ha oído llamar en muchas ocasiones, para luego ser tratado de polaco en mis viajes por la piel de toro. Es el dilema del que no tiene problemas en vivir lejos de casa, porque está muy a gusto donde está. Charnego me llamaban los Puig, los Vilalta. Sin embargo, nunca me lo tomé como un insulto. Imagino que sería porque en mi clase la proporción era de 2 a 1 entre charnegos y autóctonos: si la cosa se ponía fea, estaba con los ganadores. Algo así como lo "godo", lo charnego ha pasado de un desprecio a una condición.

Ya hace décadas que los charnegos son millones, están por todas partes y ocupan los más variopintos peldaños de la sociedad. Tal vez Montilla no sea el más indicado para presentarse a unas elecciones, pero no cabe duda que el sucesor de Macià, si no Montilla en particular, sí tendrá que ser un Montilla, un Pérez (una De Madre?), alguien con un apellido que a Tarradellas le revolvería las tripas, pero que es parte esencial de la Cataluña de hoy.

Seguro que en sus visitas al Anfiteatro Flavio Maragall tuvo tiempo para pensar cómo se lo hicieron los emperadores romanos para sobrevivir durante siglos: abriendo sus puertas, exportando su forma de vida, y permitiendo a los demás -tanto da que no fuesen Cayos, Julios o Pompeyos- la oportunidad de vivir la vida y tener oportunidades arropados bajo el águila romana. Seguro que, en estos días, al nieto del poeta le han vuelto a la memoria esos parajes de la Eterna, aunque regados con Fino y traje de lunares. Catalunya pacta con los bárbaros, y las fronteras vuelven a estar guardadas. Barcelona también tiene algo de eterna.

Epílogo estatutario

Acabado el gran coñazo que ha sido el nuevo estatut, me desprendo de algunas reflexiones que llevo colgando por alguna parte.

Primero, contra todo lo que puedan decir los medios de la (quién me iba a decir que utilizaría este concepto) "brunete mediática", el estatut ha sido aprobado por una mayoría/minoría suficiente; más aún si tenemos en cuenta que, con el voto por correo, lo más probable es que se supere el 50 % de participación, esto es, el mínimo que pide la UE para validar un referendum de independencia (no autonómico ni tonterías, Independencia). Desde otra perspectiva, el millón ochocientos mil votos que ha logrado el "Sí", servirían para aprobar el estatuto aún en el caso de que el índice de participación hubiese sido del 70 % del electorado. Vean ustedes: Si en lugar de los dos millones y medio de personas que han ido a votar, lo hubiesen hecho tres millones ochocientas mil personas (aprox. un 70 % del censo con derecho a voto) el sí tendría igualmente la victoria garantizada. 

Según lo anterior, la baja participación es bastante relativa. Un referendum no es una votación de representantes, en que puedes obtener más o menos representatividad. Aquí es a la estadounidense (ese país con tanta indiferencia electoral): el que gana se lo lleva todo. Así, no es de extrañar que muchos votantes del no, convencidos del fracaso de su opción (en parte gracias al "somatent mediàtic", no se hayan molestado en votar, lo cual no quiere decir que el nuevo estatut no les interese. Para los que no gusten de este argumento, sepan que desde la mayoría absoluta de 1982, la práctica totalidad de elecciones han sacado como vencedor a partidos que, a nivel absoluto, ni siquiera alcanzaban el 36 % de "catalanes" que han apoyado este estatuto mediante el voto. Me resulta curioso que los mismos que dicen que si los catalanes rechazaremos tal cosa porque no somos tontos y tal, se apremien en explicarnos nuestra abstención, como si lo necesitáramos, como si fuéramos tontos. Más salvapatrias no, gracias, tenemos el cupo lleno.

Digan lo que digan, los grandes perdedores han sido PP y ERC, en parte por sus propias dudas a la hora de apoyar el "No" o la abstención. Ahora los dos partidos quieren abanderar los dos grupos, a la vez. Y lo mejor es que se ignoran mutuamente. Sea como fuere, los votos del "No" quedan lejos de la suma de votos de PP y ERC obtenidos en las autonómicas del 2003. Esperar el mismo número de votos que en 1979 es tan irreal como soñar con la edad media como solución a nuestros problemas. En ese año se escogía entre la autonomía o el centralismo. Hoy se ha discutido entre el modelo autonómico de 1979 y la actualización hecha en estos últimos tres años. Por otra parte, la sociedad de hoy en día no tiene nada que ver. Aunque el "No" habría creado bastantes problemas, no habría sido una debacle (dicen muchos que el "Sí" lo será, que hundirá al país en la miseria y provocará otra guerra civil). Así que no me parece mal que la gente vote sin el miedo atenazador de una dictadura soplándote en la colleja, y se atreva con más cosas que el puro seguidismo.

Segundo, nadie lo comenta porque es vergonzoso, pero la verdad es que este estatuto (y los siete u ocho que se están preparando para los próximos meses) tienen su origen en un error de cálculo político: el que cometió Maragall en las autonómicas de 2003, cuando, convencido de que en Madrid tendríamos PP para rato (mejor dicho, para Rajoy), se lanzó a tumba abierta por la senda del Estatut, como versión actualizada del "Català emprenyat". La idea no era tan mala, cuando Zapatero y sus acólitos se apuntaron sin muchos problemas al carro. Si unos moritos se hubiesen quedado rezando en la meca, todo habría salido muy bien. Pero ahí tienes a Zapatero y su "aprobaré el Estatut que venga de Catalunya" sentadete en la Moncloa. Y si no se acojonó ante Bush (no como Piqué) menos lo iba a hacer ante Maragall. Así que toma del frasco, lo que debía ser flor de mayo para una legislatura falta de imaginación, ha acabado por invadir el Principado y alrededores.

Lo mejor de todo es que, viniendo todo de un disparate, el resto de autonomías se han sumado como si se tratara del hallazgo de la pólvora mojada. Es curioso cómo los actos más inocentes pueden desplegar situaciones que, de buscarse expresamente, jamás se habrían alcanzado. Hoy por hoy, si no voy mal contado, tenemos los estatutos de Valencia, Andalucía, Galicia y Mallorca en pleno proceso de redacción. Y los vascos, tan calladitos, seguro que esperan al final para pedir lo mismo que todos y algo más (de las negociaciones con ETA dependerá cuánto más). Y lo mejor es que, sin comerlo ni quererlo, se ha despertado el instinto nacional de unas regiones que hasta hace cuatro días ni se lo planteaban. El que esperase un rechazo integral de las Españas a todo lo que sonara a nacionalismo regional, se ha dado con un canto en los dientes. Andaluces y gallegos ya han metido en sus textos lo de que son nación; y ya veremos, que a este paso hasta los riojanos se apuntarán.

Por último, algunos apuntes que he visto pasar en estos días:

La Vanguardia del domingo electoral titulaba su edición de Madrid con "El Estatut llega al final", mientras que en la edición de Barcelona rezaba "Día histórico para Catalunya". El "somatent mediático" también actúa.

Empar Moliner recibió el encargo de El País de hacer un reportaje sobre cómo se ve a los catalanes en España. Tal fue el resultado que la mujer tuvo que rebajar en mucho las declaraciones obtenidas para no dar una imagen de que España odia profundamente a Cataluña. Con todo, El País, que en este referendum se ha decantado claramente, prefirió censurar el reportaje. Por cierto, que en sus viajes por la piel de toro, parece que la periodista tuvo problemas con un taxista quien, al oírla hablar en catalán por el móvil, paró el coche y la increpó: "en mi coche no se habla en catalán"; al responderle la señora que no, que era italiano, el hombre no tuvo problemas en proseguir su viaje....

Ahora quedan unos meses para las autonómicas, y en mayo municipales. Y al año siguiente (si no antes) generales. Si superamos estas pruebas sin provocar una segunda Guerra Civil, todos -salvo los del PP- brindaremos por ello.

Jornada de reflexión

Me decía un amigo recién llegado de la capital de las Españas que en los bares del lugar se habla más de Cataluña que en la Rambla de Canaletas. Este referendum -que en mi humilde opinión tiene poca importancia- está galvanizando todo un estado. Es increíble lo que se puede hacer con ganas y unos medios bien cogidos por ahí.

En fin, que debido a esta tensión y a que se acerca la jornada de reflexión, he decidido dedicar este cuarto artículo sobre el referendum a lo que en la prensa se califica de "variedades": aquellos elementos que, aunque estén relacionados con el  evento, no tienen nada que ver ni con los intereses en juego ni con la política, sino que son el contexto amable o curioso que lo envuelve confiriéndole una nota de color. Dedicaré este artículo a hablar de Ciutadans per Catalunya.

 La cosa comienza cuando el menda tiene por profesor a una de las caras visibles de estos ciudadanos por el cambio (de marchas? de ropa interior? de chaqueta?). Este individuo quedó caracterizado, para mí, por dos cosas: por decir cosas muy ocurrentes, reparando en datos que para la mayoría pasan inadvertidos; y por repetir frases y ocurrencias que ya había vendido como espontáneas en los cursos anteriores. De estos dos elementos deduje, y sigo viendo como válida esta deducción, que este caballero es ante todo un showman. Arcadi es un hombre al que gusta de gustar, ser admirado por los demás, recibir miradas de amor y de envidia. ¿El motivo? eso es secundario. Arcadi es un periodista, más aún, un comunicador cuyo fin es ocupar el mayor número de páginas en los diarios, las nobles a ser posible.

Al contrario que otros personajes, don Arcadi no persigue ese fin con el exabrupto y la payasada tradicional. No, Arcadi es, y quiere ser, un Intelectual con todas las de la ley. Es por eso que no se "rebaja" a escribir sobre según qué temas o aparecer en según qué lugares. Es un defensor de la "faction" que acaba de aceptar un puesto para fabricar "fiction" desde las columnas de opinión de El Mundo. Se vende a sí mismo como un ser superior, pero acepta hablarse con la plebs mediante la prensa, porque sabe que la necesita. Para cumplir su papel de intelectual por encima de la sociedad, necesita una sociedad sobre cuyas chepas auparse.

A don Arcadi le dejé con mucho cariño hará casi tres años, desmontando andamios gramaticales y defendiendo la posibilidad de construir una información veraz en un mundo donde todos -salvo él- se dedicaban a inventar las noticias, ya fuese con conocimiento de causa o sin él (a estos se regocijaba llamándoles estúpidos y cosas parecidas). La prueba definitiva de que su trabajo de profesor era "puro teatro" vino el día en que defendió a Pinochet frente a un compañero que se entestaba a criticarlo. Arcadi puede ser muchas cosas, pero un facha no; ahí te pillé, Arcadi, porque no eres malo, simplemente te gusta discutir, si es posible con algún grito de regalo, para darle ambiente y pasión.

Todo esto viene a cuento porque considero que este "partido" tiene muchas similitudes con el comportamiento de mi ex·profesor. Cuál fue mi alegría cuando vía este individuo aparecer por el mundillo de la política. Como un torero metido a profesor de ética, un picapedrero que opta por la cirugía, este periodista amante de la literatura y la objetividad más allá incluso de la realidad, se metía en política para mayor felicidad del oasis catalán. Es precisamente esta condición de oasis, de tranquilidad en comparación con el centro, uno de los elementos que ha permitido a este oportunista encontrar su huequecillo en el siempre curioso mundo de los micropartidos.

Claro que este hueco se ha logrado -literalmente- a empujones. Así, el partidito que critica a los catalanes por hacerse las víctimas, recoge en la página principal de su web fotografías de las "agresiones" recibidas en uno de sus actos por parte de una masa de ¡30 personas! que tuvieron la trágica consecuencia de ¡una persona empujada y cero heridos! Estos actos, comparables a las depuraciones de postguerra o los fusilamientos del FRAP, aparecen, como ya he dicho, en la primera página de la web de estos ciudadanos, que afirman no ser victimistas.

Como reza el refrán: "dime qué criticas y te diré de qué adoleces". Estos señores afirman tener ya 7.000 afiliados en todo el mundo, y no contentos con su enorme peso en la sociedad, deciden reunirlos en el Velòdrom d'Horta (para los que no lo entiendan: Velódromo de Huerto) al estilo de los grandes baños de masas de los partidos políticos, porque ellos también son políticos, como los de verdad, y por eso lo primero que encuentras en su web son fotos de una legión de jubilados que, sentados en sillas de plástico, observan callados y atentos no se sabe exactamente qué, porque en las fotos no se ve qué están mirando. Me parece muy bien que hagan estos mítines, porque ante la posibilidad que estos señores alcancen la presidencia de la Generalitat, como catalán me gustaría saber qué programa tienen para cosas como la sanidad, la circulación viaria o el IAE. Ah! Claro! El Sr. Espada & Friends son intelectuales muy sesudos, redactores de biblias, pero cuando toca explicarle a la jubilada que su operación se retrasa seis meses, ¿seguirán allí?

Estos señores critican a los nacionalistas que, dicen, lo plantean todo en clave nacional, valga la redundancia. Sin embargo, cada vez que he oído sus declaraciones, versaban sobre el tema del nacionalismo: que si sí, que si no, que no somos catalanes, que no somos españoles, que es que somos pitagoles. Una contradicción más, los que quieren borrar el nacionalismo de nuestra vida se pasan el día hablando del mismo. Supongo que será porque es el único tema que dominan. Llámenme listillo, pero no veo cómo se puede aprender a gobernar un país a base de leer titualers de prensa, menos aún cuando el mismo que los lee dice después que los medios viven alejados de la realidad. ¿Viven, por tanto, los ciutadans alejados de la realidad? Por supuesto, si no no serían intelectuales, y no se les habría permitido acceder a la cábala mágica que ocultan secretamente, la que esconde la fórmula para, habiendo acabado con el debate nacional, acabar a su vez con todos los males del país y más.

Dirán algunos que mis argumentos no son serios, pero es evidente que, al igual que no se puede analizar como obra literaria a Mortadelo y Filemón, no pueden pretender que me tome en serio a esta legión de señoritos que vienen a salvarnos del pérfido nacionalismo catalán, tal como éste quiere salvarnos del nacionalismo español, y este último hacer lo propio con el comunismo internacional.

Seguiremos viendo a don Arcadi y su "troupe" apareciendo regularmente en los medios, sobretodo en aquellos que controlan los sectores más contrarios al nacionalismo catalán. Queriéndolo o no, pues, se meten una vez más en el juego que dicen repudiar. Es curioso que sus principales defensores se encuentren a cientos de kilómetros de su hogar, en los mandriles, en ese lugar en que, como dije al principio, se habla más de Cataluña que en la Cataluña misma. Es en ese lugar, donde "fiction" y "faction" se mezclan a diario, donde estos señores encuentran su verdadero lugar en el mundo. No es que en Madrid se inventen debates inexistentes para ocultar los problemas reales, sino que, cayendo aún más bajo, reaprovechan los temas que inventan otros para perder sanamente el tiempo discutiendo sobre el sexo de los ángeles. Y yo me pregunto ¿Por qué no apoyan un Ciudadanos por el Cambio en Madrid? ¿Por qué no atacan a don José Bono, o a don Manuel Fraga, aquel de los tirantes patrios? Claro, porque ellos son un partido de juguete, y como tal sólo pueden sobrevivir en esta política reposada, somnolienta, que es la catalana. Son un partido político como los de verdad, pero no de verdad. 

Acabo este rollo agradeciendo a don Arcadi sus dicharacheras apariciones como adalid de la libertad y representante del pueblo bajo. Espero que los Maulets y compañía tengan a bien mantenerle en su posición de víctima, de la que disfruta sobremanera, un masoquismo que seguramente habrá adoptado de tanto fijarse en los "malcontents" del principado. Ánimo Arcadi, tal vez algún día alcances tu sueño de ser el califa en lugar del califa.

La iglesia incumple la normativa electoral

Este domingo, por enésima vez, asistiremos impotentes a una actuación ilegal en la jornada de votación del estatut. No deja de sorprender que, en un país donde pueden encarcelarte por hacer una conferencia a favor de la independencia de Euscalherría, nadie mueva un dedo ante una acción de flagrante inconstitucionalidad como es la propaganda durante la jornada electoral.

Y no es algo circunstancial o minoritario, como los insultos y huevazos entre independentistas catalanes y derechas rancias, no. La situación que denuncio se va realizar en la práctica totalidad de los pueblos del principado, y no una, sino dos veces en el mismo día, sin olvidar la jornada de reflexión, violada de la misma forma por esta organización antidemocrática que ni leyes ni presidentes han conseguido liquidar de nuestra sociedad.

Porque el domingo día 18 es un día de elecciones, y como tal Nadie, absolutamente Nadie, puede hacer propaganda política de ningún tipo. Si un servidor se pone ese día en la plaza de su pueblo a gritar, pongamos por ejemplo ¡Queremos la jornada de 35 horas! es cuestión de minutos que un agente, alertado por algún interventor o de motu propio, se me acerque para informarme de que incurro en un delito, y que o me callo o me callan.

Esta es, a mi parecer, una ley buena, bien pensada, que facilita el buen desarrollo de las elecciones por rebajar la tensión de los días previos, tras una campaña electoral en la que todo el mundo carga las tintas en pos del último voto por decidir. Es por eso que considero primordial su defensa y debido cumplimiento por parte tanto de la ciudadanía (que no debe realizar tales actos) como de las fuerzas del orden público, que deben evitar que estos actos se realicen.

En este sentido, me gustaría pensar que el próximo domingo los Mossos d'Esquadra, en cumplimiento de su deber, acudirán a las iglesias de Catalunya par a informar que ese día no puede hacerse misa ni ningún tipo de acto litúrgico, de la misma forma que nunca se daría permiso a un sindicato o partido político para organizar un mítin en día de elecciones. En ninguna de las elecciones que hemos vivido desde 1976 se ha cumplido esta prohibición que cae por su propio peso. Más aún en este último periodo en que los curas no han tenido suficiente con su púlpito, y se han lanzado a los medios de comunicación a informar de lo que, domingo a domingo, aconsejan a sus feligreses en las iglesias del país.

Hasta cuándo vamos a permitir este ultraje a la democracia? Hasta cuándo vamos a tolerar estos actos, que bien podrían tacharse de terrorismo verbal, en el día más importante de la práctica de nuestra inviolable y sacrosanta democracia? Ni Cataluña ni España pueden permitirse esta ofensa constante que supone la prepotencia de una institución privada, precisamente el día en que ejercemos nuestro derecho como ciudadanos libres. No debemos olvidar que esta institución ha sido una de las principales opositoras a todo lo que suene a democracia; buena prueba de ello es la jerarquía interna de la organización, donde conceptos como los de igualdad o fraternidad brillan por su ausencia, salvo para un grupo de valientes misioneros que, generalmente, realizan su trabajo más contra que por la iglesia católica y apostólica.

Aunque es una ilusión, quiero creer en ella hasta el domingo. Si aquí tenemos democracia e igualdad, no se tolerará a la iglesia lo que no se le ha tolerado a nadie, incluida Batasuna. Este domingo, ni una misa en Catalunya. Confío en que las autoridades sepan oir el clamor popular contra este desprecio constante de la Iglesia hacia las instituciones que nos hemos dado como personas libres. Quien quiera oír misa siempre puede sintonizar un canal extranjero o irse al Vaticano a hacer turismo, que para eso está el voto por correo. En este país, en día de votaciones, misas no, por higiene democrática.

diatribas estatutarias

La opción del referendum nunca me ha parecido la más apropiada para dilucidar un enfrentamiento. El simplismo con el que se contreta: "sí" o "no" está enfrentado al hecho en sí del debate, esencia de la convivencia no violenta entre individuos (lo que se viene a entender, mayormente, por democracia). No obstante, reconozco su necesidad en momentos determinados por razones prácticas.

En el caso del estatut, que los catalanets votaremos el próximo día 18, lo considero necesario aunque inútil a la vez. Necesario tanto como lo es el parlamento, que no sirve más que para la escenificación de lo previamente acontecido en los pasillos. Como decía aquel, uno convoca votaciones para ganarlas, lo contrario es tontería. Inútil porque no se nos ofrece más alternativa que lo que hay. Es como si te dan a escoger entre un cochazo del año 79, y otro más modesto pero de reciente construcción, con su aire acondicionado, sus airbags, abs, elevalunas eléctrico y todas las mandangas. ¿Eso es escoger? Cuando yo decido renovar alguna posesión, voy al mercado y veo lo que hay, y escojo a mi gusto y posibilidades.

Pero claro, si pusiéramos a todo el personal a decidir qué queremos, no acabaríamos ni en tres años, ni en treinta. Es por eso que las cosas se hacen de esta manera. Los políticos catalanes han hecho una propuesta, la han debatido con los propietarios del monopolio de la violencia privada, y de ahí ha salido una morcilla que es la que nos va a tocar comer -o eso o el anterior producto charcutero, que aún está por ver.

En este sentido, el papel de la población en el referendum es el de dar el "enterado". Como se trata de una cosa bastante importante (el marco legal general del territorio), los políticos se lavan las manos de las decisiones tomadas, y pasan la patata caliente a la ciudadanía. Porque la democracia tiene esas cosas, que a veces no basta con decir que los políticos lo hacen fatal. Cada tanto nos sueltan un referéndum o similar, y ahí queda patente que la mayoría de la población tiene más experiencia en criticar que en gobernar.

Dudo mucho que políticos diferentes hubiesen sacado un estatut muy diferente al propuesto; considerando como considero que las normas sociales (entre ellas la legislación) van a remolque de la cultura material (base) de toda sociedad, la cuestión es preguntarse qué papel tiene Catalunya en su entorno, español y europeo, así como las dinámicas económicas internas del país. De ahí sale "la mare dels ous" que estructura lo demás. Por eso, porque los políticos no controlan más que una pequeña porción de lo que, desde fuera, parecen sus dominios (industria, economía, cultura,...) no veo yo a nadie haciendo un texto mejor que el presente, sea quitando o añadiendo poder a las autonomías. 

De ahí que un servidor vea el referéndum del próximo domingo como un "enterado" por parte de la población. Como cuando te viene el fontanero y te dice lo que te va a hacer, que si te parece bien. Hombre, pues podrá escoger el color de la pintura, o podrás decirle que quieres materiales "mejores" o "peores", pero mucho ojo con meterte a decidir que si metacrilato o aluminio, si gres o cerámica refundida, porque sin una visión global del conjunto puede salir una chapuza de dimensiones bíblicas. El domingo nos toca a los catalanets reconocer, con humildad, que somos lo que somos y tenemos las miserias que tenemos. Lo contrario, oponerse "porque es politiqueo" o "porque podría hacerse mejor", es la pancarta que empuña la facción demagoga, aquella para la que lo importante es rajar y despreciar, porque a sí se ven más puros ellos, que no han dado la cara en su vida, salvo cuando se sabían ganadores.

Por fin se acaba el estatut (o no)

Los días van que vuelan, y en menos de una semana zanjaremos -o no- el largo y tedioso tema del Estatut. Para hacer un poco de memoria, recordemos que este rollo viene de tres años ha, cuando hubo elecciones en la costa mediterránea y salió vencedor -tras varias negociaciones- lo que mi querida COPE llamó la "reconstrucción del Frente Popular".

Tres años, tres, han sido necesarios para redactar un documento que sustituye al anterior, aprobado 27 años atrás. Como dato, si esta costumbre se repite, dedicaremos el 12 % del esfuerzo parlamentario a temas meramente de funcionamiento. Señores, esto no puede ser. Sin embargo, no deja de ser un dato positivo que a los tres años de iniciarse las labores del estatuto aún no haya pasado Nada, así, en mayúsculas.

Porque al primer estatuto, el de 1931, le pasó por encima una "sanjurjada" que lo dejó bien pulidito. Y esta costumbre se repitió en el "estatut de Sau" que sí, fue aprobado por el parlamento, pero que no se llegó a aplicar gracias al insigne teniente coronel Tejero, al que tanto deben los amantes del mundo freak. Por primera vez en la historia, esto es, desde que Abraham se largó de Ur de los Caldeos, a este lado del Mediterráneo se ha podido discutir ampliamente, con todas las cartas sobre la mesa (desde la independencia hasta el recorte de la autonomía) un estatuto que, por encima de todo lo demás, sirve para afirmar la línea autonomista de este nuestro estado.

Claro, autonomista suena a poquita cosa. Pero vean ustedes cómo queda si cambiamos el adjetivo por este otro: "federalista". Efectivamente, por mucho que digan que en Madrid lo han recortado muchísimo y que no vale para nada, lo cierto es que reconoce la autonomía-federación como un pilar del estado. Siempre habrá quien diga, y buenos argumentos no le faltarán, que el rollo independentista es una llorera sacaperras por parte de los catalanes. Pero ello no quita que la propuesta federal tiene ya algunos añitos. No en la segunda, sino en la primera República fue cuando este término cobró fama y esplendor (también oprobio). Un grupo de señores, muchos de ellos -casualmente- catalanes, tomaron las riendas del país y defendieron una descentralización del gobierno como solución a los problemas del país. La cosa no gustó al personal, y la república murió en un suspiro, mientras recibían a un tal Amadeo que llegó aquí por error y tomó una sabia decisión: largarse. Los borbones, afectuosamente, se lo agradecerán toda la vida.

Hete aquí que casi ciento treinta y pico años después el gobierno aprueba lo que en su día Cánovas y el sifilítico que teníamos de jefe de estado rechazaron: la descentralización del poder en beneficio de las regiones. Así, los tres años de negociación de estatut quedan enmarcados en algo un poquito más largo, y la decisión de Zapa (un tipo, por cierto, con cara de Borbón) se convierte en algo más que el pago por la Moncloa (aunque de eso también hay, por supuesto). Pese a todo, si tenemos que cambiar de estatuto cada cuarto de siglo, les ruego a los sres. políticos que opten por fórmulas más abreviadas, que estamos en año de mundial y si les pagamos el sueldo no es para que nos creen más problemas de los que tenemos

De nuevo la puta SGAE

En busca de datos sobre el cisma de la derecha, un servidor encuentra la siguiente noticia en la ínclita publicación Libertad Digital, del ínclito Losantos. Para los que digan que el filibusterismo acabó en Occidente, aquí están Bautista y Ramoncín, dispuestos a vivir sin trabajar hasta los 80:

La SGAE exige más de 3.200 euros por la celebración de un festival solidario con los refugiados saharauis

 http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276280791.html

La Fundación Paz y Solidaridad de Andalucía, perteneciente al sindicato CCOO, organizó el pasado 6 de mayo en Málaga un festival de música bajo el nombre "Entresures" con el objetivo de sensibilizar a los jóvenes andaluces sobre las injusticias Norte-Sur y de recaudar fondos para reconstruir los colegios de los niños saharauis en los campamentos de refugiados de Tinduf construidos hace más de 30 años. Los organizadores calificaron el resultado del acto como un "rotundo éxito" con una participación registrada de más de 6.000 personas.

El sistema de recaudación que utilizaron los organizadores del concierto fue la venta de bonos solidarios con un valor unitario de 5 euros, que adquirieron los asistentes al festival, pero también otras muchas personas que tan sólo quisieron solidarizarse con la causa y declinaron acudir a la cita de "Entresures".
La sorpresa ha llegado cuando conocemos que, según un comunicado de la Asociación de Internautas basado en una noticia de COMFIA.info, la SGAE exigió a los organizadores del festival benéfico el pago de un canon por valor de 3.268,68 euros estimado a partir de los fondos recaudados para ayudar a reconstruir los colegios de los refugiados saharauis. Según reza este comunicado la SGAE, "no ofreció ningún servicio por el cobro de estos fondos, y se ha mostrado absolutamente intransigente en el momento de negociar".
(..)
En enero, la SGAE tuvo que pedir perdón al Taller Cultural de Fuentepelayo en Segovia tras cobrarle 518 euros por un certamen benéfico de teatro para discapacitados psíquicos después de que su responsable lo denunciara en el periódico El Norte de Castilla.

El Político profesional

La locomotora del PP se está quedando sin nada que echar a la caldera. Las encuestas dicen que se acercan al PSOE; pero claro, las elecciones no sirven para escoger al mejor, sino para echar al que lo hace mal. Y vistas las exigencias del pueblo español a la hora de seleccionar presidente (si Aznar lo fue…) el PP tiene claro que hay Zapatero para rato.

Acabados los cadáveres de ETA, echada al fuego hasta la última página del estatut, se agota el combustible, ¿Qué quemar? Ya está: negros y moros, que hay muchos, apestan y no están sindicados. Dicho y hecho, el tal partido ha corrido a informar a la población de los peligros del inmigrante: forma guetos, genera delincuencia y (¡Oh Hipócrates, Oh Galeno!) trae enfermedades a la Una Grande y Libre.

Pues aquí estamos, peinados y con la cara recién lavada, cada vez menos atónitos al comprobar cuánta razón tenían los griegos al considerar la historia como algo cíclico. Sin embargo, no deja de sorprender lo sencillos que son los cambios, lo sabia que es la naturaleza. Por pillar unos cuantos votos, sin ánimo de ofender, el PP ha puesto sobre la mesa el tema de la inmigración en la línea que le caracteriza, o sea, a grito pelado.

Si ignoramos el sonido gutural y nos fijamos en la copia escrita (la que se puede asumir sin tener arcadas), observamos en esta ocasión que el llamamiento suena un poco a enlatado, a producto de segunda mano. No me refiero -que también- al hecho de que la llamada a la xenofobia sea una forma milenaria de control social, que también. Los grandes partidos llevan ya algunos años gobernados a la par por la ejecutiva del partido, de un lado, y los consejeros y asesores profesionales, externos a la organización, por otra. Los primeros a_aden el factor primario, pero los segundos son los encargados de dar la receta para el triunfo, y tiempo ha que los grandes partidos de nuestro país se han profesionalizado.

No me cuesta nada imaginar al señor Acebes, o a Zaplana o Rubalcaba, defendiendo en un púlpito tesis diametralmente opuestas a las que defienden actualmente. No me cabe duda de que lo harían con la misma entrega de que hacen gala hoy en día. Son el ejemplo de la preponderancia del profesional externo sobre el militante.

A Zaplana ya se le oyó en su día reconociendo que estaba en política por dinero. La verdad es que es cosa muy loable. Maquiavelo hizo ya la descripción de este indíviduo; su Príncipe es el antecesor del político actual; dotó al administrador público de condición autónoma. No dependía de Dioses ni augurios, y su labor no comportaba condicionantes éticos. De esta forma quedaba igualada a otras artes, como la ebanistería o el macramé, y con ello perdía todas sus connotaciones espirituales, religiosas y demás.

Este político profesional no tiene nada contra los negros. Es más, aparte de la criada que es senegalesa, tiene un amigo que se llama Hassan, que un día le echó un cable en un apuro, y él a cambio le regularizó los papeles. Incluso tiene apadrinados a tres niños etíopes, dos angoleños y -para que no le llamen racista- piensa adoptar a una niña vietnamita. Pero claro, a las 8 suena el despertador, el caballero se encaja los colmillos, y venga, a la Castellana a deslomarse para pagar el rolex. Hoy tocan negros, lo siento por ellos, nunca me han hecho nada; la única vez que le robaron era un yonqui de Chamberí, para más chanza hijo de buena familia, que se le veía en las formas. Pero ya se sabe, o los negros o yo, no es nada personal.

Son señores como éstos los que van y, de un día para otro, te sueltan el pollo de la inmigración como quien hace un swing en el campo de golf: “A ver si le doy esta vez”. Claro, los profesionales de cualquier ramo se limitan a hacer su trabajo, pero cuando a un médico le viene un paciente con dolor de cabeza, no le envía a hacerse pruebas del cancer, “A ver si cuela”.

Me parece muy digna la existencia del político profesional, al que le gusta el parlamento y las ruedas de prensa, se pirra por el olor de la moqueta, busca el calorcillo de los flashes. De tipos así los hay arquitectos, biólogos, ingenieros, cada cual con lo suyo. ¿La diferencia? Cuando uno de estos señores comete un estropicio, puede incluso ir a la cárcel por ello. Hay unas garantías y unas normas que se cumplen mejor o pero, pero existen. En la política no hay normas, puede meterse cualquiera y hacer lo que le de la gana. Ahora un tipo ondea la bandera xenófoba, matan a dos moros en el metro de Valencia, y ya la tenemos liada. Y resulta que no hay manera de denunciar a ese tipo por el uso que ha hecho de su posición profesional como político.

En vez de llamadas a Santiago y estatutos mágicos, sería bueno que se plantearan la creación de un Colegio de Políticos, con unas normas que cumplir y unas responsabilidades que asumir, y que explicar ante el juez si llega el caso.

Mientras esto no suceda, estaremos a merced de la buena fe de “currantes” como Acebes o -ay!- Zaplana.

Jo no 'tespere

http://www.jonotespere.org/

 Y yo tampoc, así desaparezca, que ya toca