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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.
02/03/2005
PujolópolisLas convulsiones de la política catalana en estos últimos días me recuerda preocupantemente a lo que me contaba cierto profesor de historia sobre unas cosas que pasaron en Italia allá por los 90. Sucedió que muchos italianos, hartos de una situación, decidieron acabar con ella por el método más expeditivo: tirar de la manta, cantarlo todo, confesar entre lágrimas cómo durante años habían participado del cotarro montado por la Democracia Cristiana, consistente en cobrar comisiones por todo lo que uno pueda imaginarse, desde la apertura de una fábrica hasta la obtención del padrón municipal. Era ese el sistema -recordemos- impuesto por los yanquis para frenar a cierto partido de izquierdas que en las primeras elecciones tras la guerra obtuvo un 48 % de los votos. Claro, es uno de los defectos de la democracia a la europea el que los partidos no puedan recibir ayudas directas, y deban "conformarse" con las cuotas de los militantes y las ayudas oficiales. Esta farsa que en nuestro país ha puesto a los grandes partidos en manos de los grandes bancos (¿no es bello el amor?) fue solucionada por los italianos mediante el cobro de pequeñas "ayudas" por las diversas gestiones burocráticas de realización obligatoria para el normal desempeño de las tareas diarias: ¿un permiso de obras? no hay problema ¿la apertura de una empresa? benvenuto ¿impedir una inspección de trabajo malintencionada? avanti tutta! Poco a poco la vaca se fue inflando, y lo que iba para carteles y el coche oficial de Andreotti & cia. acabó sirviendo para el chalet del alcalde, el buque del parlamentario, la querida del ministro e incluso para el asesino a sueldo del presidente, que por algo era el presidente de la Democracia Cristiana. Hasta que en los años noventa se alcanzó el límite, el no va más, y todo saltó por los aires. Del mencionado partido ya nada se sabe, y eso que sólo han pasado diez años. Como siempre, unos pocos pringaos pagaron el pato mientras el resto optó por seguir el... (... continúa)
31/03/2005
Trabajad malditos!Vuelve el calor, y con él las bellas costumbres que acompañan a las alergias, las moscas y las sorpresivas lluvias primaverales. Ya en tiempos remotos, los egipcios tenían a bien pagar un tributo al faraón en trabajo, construyendo bonitas pirámides que en su día seguro que parecían una gilipollez, pero que mira tú por dónde cuatro milenios después sustentan de forma magnífica la industria turística del país (y es que ya lo decía Leo Bassi, hay que construir una pirámide en los Monegros). A imagen y semejanza de los compadres egipcios, por estas fechas podemos contemplar a las legiones de estudiantes de periodismo que se disponen a pagar su propio tributo, no a un faraón, sino a la profesión a la que aspiran. Por un periodo de tres meses, estos aprendices de periodistas trabajarán gratuitamente en varios medios de comunicación que cuentan con esta mano de obra semiesclava para que les saquen las castañas del fuego a un coste irrisorio (en concreto coste cero, vamos, una risa que te mueres). Esta hermosa tradición de trabajar por amor al arte no tiene nada que ver con el voluntariado oenegero, y sí más bien con una relación de explotación que hunde sus raíces, por lo menos, en las estructuras gremiales del medievo, y que se fundamenta en que nadie te obliga a hacer estas prácticas, pero sin ellas no hay título ni acceso a la profesión. Ello deja a los becarios, que así se conoce a esta fauna, ante una disyuntiva contundente: o te dejas esclavizar durante tres meses por una empresa que va a ganar dinero a tu costa, o no hay titulín en la pared. Pero lo mejor de todo, lo que riza el rizo, es que los primeros en aceptar estas condiciones son los propios damnificados. Deseosos como están de poner en práctica lo aprendido, sabedores de lo complicado que está el mercado laboral, se ofrecen a cualquier propuesta que les hagan, aún las más ruines, porque probablemente es la única opción que tienen de conseguir trabajo. Las empresas, conocedoras de esta situación... (... continúa)
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