Sesión Digital |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006.
En busca de datos sobre el cisma de la derecha, un servidor encuentra la siguiente noticia en la ínclita publicación Libertad Digital, del ínclito Losantos. Para los que digan que el filibusterismo acabó en Occidente, aquí están Bautista y Ramoncín, dispuestos a vivir sin trabajar hasta los 80: La SGAE exige más de 3.200 euros por la celebración de un festival solidario con los refugiados saharauis http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276280791.html La Fundación Paz y Solidaridad de Andalucía, perteneciente al sindicato CCOO, organizó el pasado 6 de mayo en Málaga un festival de música bajo el nombre "Entresures" con el objetivo de sensibilizar a los jóvenes andaluces sobre las injusticias Norte-Sur y de recaudar fondos para reconstruir los colegios de los niños saharauis en los campamentos de refugiados de Tinduf construidos hace más de 30 años. Los organizadores calificaron el resultado del acto como un "rotundo éxito" con una participación registrada de más de 6.000 personas. Los días van que vuelan, y en menos de una semana zanjaremos -o no- el largo y tedioso tema del Estatut. Para hacer un poco de memoria, recordemos que este rollo viene de tres años ha, cuando hubo elecciones en la costa mediterránea y salió vencedor -tras varias negociaciones- lo que mi querida COPE llamó la "reconstrucción del Frente Popular". Tres años, tres, han sido necesarios para redactar un documento que sustituye al anterior, aprobado 27 años atrás. Como dato, si esta costumbre se repite, dedicaremos el 12 % del esfuerzo parlamentario a temas meramente de funcionamiento. Señores, esto no puede ser. Sin embargo, no deja de ser un dato positivo que a los tres años de iniciarse las labores del estatuto aún no haya pasado Nada, así, en mayúsculas. Porque al primer estatuto, el de 1931, le pasó por encima una "sanjurjada" que lo dejó bien pulidito. Y esta costumbre se repitió en el "estatut de Sau" que sí, fue aprobado por el parlamento, pero que no se llegó a aplicar gracias al insigne teniente coronel Tejero, al que tanto deben los amantes del mundo freak. Por primera vez en la historia, esto es, desde que Abraham se largó de Ur de los Caldeos, a este lado del Mediterráneo se ha podido discutir ampliamente, con todas las cartas sobre la mesa (desde la independencia hasta el recorte de la autonomía) un estatuto que, por encima de todo lo demás, sirve para afirmar la línea autonomista de este nuestro estado. Claro, autonomista suena a poquita cosa. Pero vean ustedes cómo queda si cambiamos el adjetivo por este otro: "federalista". Efectivamente, por mucho que digan que en Madrid lo han recortado muchísimo y que no vale para nada, lo cierto es que reconoce la autonomía-federación como un La opción del referendum nunca me ha parecido la más apropiada para dilucidar un enfrentamiento. El simplismo con el que se contreta: "sí" o "no" está enfrentado al hecho en sí del debate, esencia de la convivencia no violenta entre individuos (lo que se viene a entender, mayormente, por democracia). No obstante, reconozco su necesidad en momentos determinados por razones prácticas. En el caso del estatut, que los catalanets votaremos el próximo día 18, lo considero necesario aunque inútil a la vez. Necesario tanto como lo es el parlamento, que no sirve más que para la escenificación de lo previamente acontecido en los pasillos. Como decía aquel, uno convoca votaciones para ganarlas, lo contrario es tontería. Inútil porque no se nos ofrece más alternativa que lo que hay. Es como si te dan a escoger entre un cochazo del año 79, y otro más modesto pero de reciente construcción, con su aire acondicionado, sus airbags, abs, elevalunas eléctrico y todas las mandangas. ¿Eso es escoger? Cuando yo decido renovar alguna posesión, voy al mercado y veo lo que hay, y escojo a mi gusto y posibilidades. Pero claro, si pusiéramos a todo el personal a decidir qué queremos, no acabaríamos ni en tres años, ni en treinta. Es por eso que las cosas se hacen de esta manera. Los políticos catalanes han hecho una propuesta, la han debatido con los propietarios del monopolio de la violencia privada, y de ahí ha salido una morcilla que es la que nos va a tocar comer -o eso o el anterior producto charcutero, que aún está por ver. En este sentido, el papel de la población en el referendum es el de dar el "enterado". Como se trata de una cosa bastante importante (el marco legal general del territorio), lo Este domingo, por enésima vez, asistiremos impotentes a una actuación ilegal en la jornada de votación del estatut. No deja de sorprender que, en un país donde pueden encarcelarte por hacer una conferencia a favor de la independencia de Euscalherría, nadie mueva un dedo ante una acción de flagrante inconstitucionalidad como es la propaganda durante la jornada electoral. Y no es algo circunstancial o minoritario, como los insultos y huevazos entre independentistas catalanes y derechas rancias, no. La situación que denuncio se va realizar en la práctica totalidad de los pueblos del principado, y no una, sino dos veces en el mismo día, sin olvidar la jornada de reflexión, violada de la misma forma por esta organización antidemocrática que ni leyes ni presidentes han conseguido liquidar de nuestra sociedad. Porque el domingo día 18 es un día de elecciones, y como tal Nadie, absolutamente Nadie, puede hacer propaganda política de ningún tipo. Si un servidor se pone ese día en la plaza de su pueblo a gritar, pongamos por ejemplo ¡Queremos la jornada de 35 horas! es cuestión de minutos que un agente, alertado por algún interventor o de motu propio, se me acerque para informarme de que incurro en un delito, y que o me callo o me callan. Esta es, a mi parecer, una ley buena, bien pensada, que facilita el buen desarrollo de las elecciones por rebajar la tensión de los días previos, tras una campaña electoral en la que todo el mundo carga las tintas en pos del último voto por decidir. Es por eso que considero primordial su defensa y debido cumplimiento por parte tanto de la ciudadanía (que no debe realizar tales actos) como de las fuerzas del orden público, que deben evitar que estos actos se realicen. En este sentido, me gustaría pensar que el próximo doming Me decía un amigo recién llegado de la capital de las Españas que en los bares del lugar se habla más de Cataluña que en la Rambla de Canaletas. Este referendum -que en mi humilde opinión tiene poca importancia- está galvanizando todo un estado. Es increíble lo que se puede hacer con ganas y unos medios bien cogidos por ahí. En fin, que debido a esta tensión y a que se acerca la jornada de reflexión, he decidido dedicar este cuarto artículo sobre el referendum a lo que en la prensa se califica de "variedades": aquellos elementos que, aunque estén relacionados con el evento, no tienen nada que ver ni con los intereses en juego ni con la política, sino que son el contexto amable o curioso que lo envuelve confiriéndole una nota de color. Dedicaré este artículo a hablar de Ciutadans per Catalunya. La cosa comienza cuando el menda tiene por profesor a una de las caras visibles de estos ciudadanos por el cambio (de marchas? de ropa interior? de chaqueta?). Este individuo quedó caracterizado, para mí, por dos cosas: por decir cosas muy ocurrentes, reparando en datos que para la mayoría pasan inadvertidos; y por repetir frases y ocurrencias que ya había vendido como espontáneas en los cursos anteriores. De estos dos elementos deduje, y sigo viendo como válida esta deducción, que este caballero es ante todo un showman. Arcadi es un hombre al que gusta de gustar, ser admirado por los demás, recibir miradas de amor y de envidia. ¿El motivo? eso es secundario. Arcadi es un periodista, más aún, un comunicador cuyo fin es ocupar el mayor número de páginas en los diarios, las nobles a ser posible. Al contrario que otros personajes, don Arcadi no persigue ese fin c Acabado el gran coñazo que ha sido el nuevo estatut, me desprendo de algunas reflexiones que llevo colgando por alguna parte. Primero, contra todo lo que puedan decir los medios de la (quién me iba a decir que utilizaría este concepto) "brunete mediática", el estatut ha sido aprobado por una mayoría/minoría suficiente; más aún si tenemos en cuenta que, con el voto por correo, lo más probable es que se supere el 50 % de participación, esto es, el mínimo que pide la UE para validar un referendum de independencia (no autonómico ni tonterías, Independencia). Desde otra perspectiva, el millón ochocientos mil votos que ha logrado el "Sí", servirían para aprobar el estatuto aún en el caso de que el índice de participación hubiese sido del 70 % del electorado. Vean ustedes: Si en lugar de los dos millones y medio de personas que han ido a votar, lo hubiesen hecho tres millones ochocientas mil personas (aprox. un 70 % del censo con derecho a voto) el sí tendría igualmente la victoria garantizada. Según lo anterior, la baja participación es bastante relativa. Un referendum no es una votación de representantes, en que puedes obtener más o menos representatividad. Aquí es a la estadounidense (ese país con tanta indiferencia electoral): el que gana se lo lleva todo. Así, no es de extrañar que muchos votantes del no, convencidos del fracaso de su opción (en parte gracias al "somatent mediàtic", no se hayan molestado en votar, lo cual no quiere decir que el nuevo estatut no les interese. Para los que no gusten de este argumento, sepan que desde la mayoría absoluta de 1982, la práctica totalidad de elecciones han sacado como vencedor a partidos que, a nivel absoluto, ni siquiera alc En el periodo clásico, las polis griegas tenían la tradición de enviar al exilio a sus dirigentes una vez concluído el mandato. La razón, muy de sentido común, es que en el ejercicio de lo público era inevitable importunar, cuando no perjudicar, a una parte de la sociedad. Por ello, por respeto a estos perjudicados, después de unos años en la poltrona los ciudadanos invitaban al ex·gobernante a darse un garbeo por las provincias. Los modernos medios de comunicación han hecho innecesario este paso: si no sales por la tele, no existes. Así, los antiguos cargos pueden pasearse tranquilamente, a sabiendas que ninguna cámara les perseguirá ahora que no son nadie. Suerte tienen de ello pues de lo contrario, en la era de la globalización, deberían exiliarse al desierto de Gobi para esquivar eficazmente a esta españolidad que inunda la piel de toro y se dispersa cada verano por todos los rincones del mundo. Precisamente el tema de que quiero hablar comenzó en una de estas dispersiones, mejor dicho un ostracismo voluntario. Seguramente, fue paseando por el foro de Roma cuando Maragall recordó las lecciones de los griegos clásicos, y decidió desaparecer de la Barcelona Olímpica. Lo que tenía que ser una prejubilación cinco estrellas (ojalá yo pueda hacer lo mismo cuando cumpla los 50) fue alterándose con el paso del tiempo. Rodeado de las estatuas de Augusto, el foro de Trajano y el Panteón de Agripa, es de suponer que a Maragall acabase por quedarle pequeña la alcaldía de Barcelona como referente para las futuras generaciones. Maragall volvió, venció a CiU (con Pujol no pudo), se inventó un estatut, y ahora decide dejarlo todo. ¿Por qué? Una vez más, los galos le han ganado la partida a España. Ni una sóla vez se ha podido ganar a Francia en competición oficial, y la cifra es aún más abultada si añadimos las derrotas militares: Tres siglos sin ganar a los vecinos comienza a ser un problema serio. Sin embargo, y como dijo el generalísimo, no hay mal que por bien no venga, y esta derrota nos ha ahorrado a los habitantes de esta tierra de conejos un sinfin de dolores de cabeza. Para comenzar, una semana más de "grandeur" mezclada con horchata, hasta los cuartos de final. Pero sobretodo, lo que siempre agradeceremos a Zidane y al "negrodemierda" Henry, es haber acabado con el "Opá" y la madre que lo parió. Se acabó esta odiosa canción, se acabaron los politonos "mundial", "oé, oé" y gilipolleces por el estilo. En beneficio de todos, y visto que en cuestión de Champions vamos servidos, no estaría de más convertir estas derrotas mundialistas en una tradición, una especie de festividad. No es broma no, y como ejemplo les diré que en Catalunya el día festivo del 11 de septiembre (el más carismático de todos) es para celebrar una derrota. ¡Y no vea usted lo contentos que estamos todos ese día! Sería muy bonito ver a la afición celebrando los goles contrarios, a la vez que lamentaban los aciertos de la propia zafa. Se podría decorar como un acto de humildad, como un reconocimiento de la Alianza de Civilizaciones a los países menos desarrollados, que gracias a la generosidad española podrían darse a conocer en el mundo al mismo nivel de las grandes potencias. De esta forma, mañana Raúl sería recibido como un héroe en Barajas, y no como un trasto viejo y molesto, que maldita la hora Una cartita que he encontrado colgada por ahí: ¡Me muero de ganas de ser igual que los demás españoles! Tengo nacionalidad española (y soy español); vivo en Cataluña y quiero ser solidario con el resto de los españoles (y viceversa). NO QUIERO ser diferente, pero sí quiero ser y tener los mismos derechos y las mismas condiciones de vida que todos ellos. Por eso quiero: Que mi IPC, último del 4,1 sea el de la media de toda España, o sea, el 3,8 (Cada año es superior en Cataluña y me aleja del resto de los españoles). Que una vivienda en Barcelona valga lo mismo que otra en cualquier punto de Extremadura. El costo de una en Barcelona me permitiría comprar tres en Extremadura, vivir en una y alquilar las otras dos y así conseguiría incrementar mis ingresos. Que el agua, que yo pago a 18 euros el metro cúbico, valga igual que la de una urbanización próxima a Valencia, que cuesta 0,2 eur/m3 Que el billete ordinario del Bus de Zaragoza con costo de 0'75 euros, sea lo que me cuesta a mí, que ahora pago 1,15 euros (o al revés). Que el impuesto de Transmisiones Patrimoniales del País Vasco, que ahora está exento, sea igual para mis hijos cuando hereden (si es que lo logran), que en Cataluña tiene una escala semejante a la del IRPF. Que la ITV, que en Melilla cuesta 19 euros, sea la que yo pague en vez de los 44,65 euros que yo desembolso Que de las seis salidas que tiene por ejemplo la ciudad de Madrid, sean de pago al menos cinco, como ocurre en Barcelona, y no gratuitas como en la capital de España. |